¿Otra maldita vez los pendientes? ¿Pero cuáles? Si estamos en verano. ¿No? Se me estropean las palabras, se desubican los acentos. Es lunes, y vaya… Sí que duele y arranca y provoca varios paros cardíacos. Necesito salirme de esta maldita, y mísera, rutina, que se alarga, se ensancha y no hay manera de acomodar ni tampoco de colocar. Me quiero quedar, si para usted, fuese posible… ¿El qué? El beso, joder, el beso tan inesperado. Me encantaría no adueñarme, ni tampoco ahuecarme, el milagro. Va tan lejano, y sólo es un único y solitario sueño que jamás se va a cumplir. El cielo es tan azul hoy, y mis ojeras tan asquerosamente negras. Es aquel insomnio por aquel latido tan enfermo. Somos huecos: me quiero perder. No sé.
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Espero un café espresso
No sé a qué espero exactamente… ¿A que se caiga el tiempo? ¿A que se desubique el tempo? ¿O a que se incendie mi propio espejo? ¿Espero a que se deshagan los muertos? ¿Y si te hablo del muermo de mi pasado? El caso es que no hay caso. ¿O qué? Que qué de qué. De nada. Las luces, o mejor plasmado, las luciérnagas se estarán bien quietas. Espero, vaya. No hay otra. ¿O sí? Bonita, breve, escasa y escueta coincidencia. Si me concedieras esta danza, quizás otro ser sería yo. Es decir, que mi ser interior… ¿Se pintaría de otro color? Es que, perdóname, o no, voy cansada: la gota que colmó el vaso sigue resbalando, y ahora, solo queda aquel escopetazo. ¿Saldrá o decidirá encerrarse? El día pasará, la suerte trascenderá. Se paseará, también. Necesito un poco de Ron, que dejes de hablar y empieces a actuar. Sácate la verdad a pieles. Que te duela, que te escueza la sinceridad, y que a la realidad se le atragante la pena, que baila muy sola, como la luna, como la luciérnaga de antes. Ambas centellean por su miserable, e increíble, presencia. Sujétame esta, la mala, digo, que para buena ya estoy yo. ¿Qué dirá la otra mitad de mi corazón? ¿Estará conmigo la razón? Me voy.

¿Qué es “ser escritora”?
¿Qué significado contiene? ¿El qué exactamente? ¿Su palabra en sí, su etimología o el acto del verbo? No lo sé, lo desconozco, aunque, si hay que encajar la expresión en algún cajón, lo dejaría cerrado para siempre, en el más allá. El caso es que, después de deshacerme varias veces y de morirme unas cuantas más, solo queda partirse en dos, o dividirse para a posteriori disociarse.
Últimamente me quedo bloqueada, con la mente llena de nubes blancas. ¿Seré la “tabula rasa”? ¿Me estoy personificando en aquella? O, sencillamente, soy una más en este miserable mundo. Si hay que darle un contexto a este breve…, bueno, no alcanza a ser un texto, sencillamente son dos palabras unidas pero bastante rotas. Si hay que precisar…, la segunda se ahoga por ser ella misma, porque quiere abarcar tanto…
Es que resulta que, y perdóname por el pretexto, se me ha escapado la próxima expresión y también la futura estación. Huyen de mí, ambas, como quien no quiere la cosa y va y resulta que a ras del suelo o del infierno se siente más acomodado. Vaya diccionario mental, y tan paranormal. Solo venía a… ¿A qué? Pues a describirte, Anna, porque eso eres, ¿No? Mejor cállate ya, mi querídisma conciencia.
Entonces…, se me van acumulando las paranoias mentales y, después, acaban colisionando, estallando en varios chispazos inusuales de felicidad. No es que se hayan solapado, es que no podían más que han acabado matándose en vida. Así que si tengo que definir qué es ser escritora, pues para mí, es esto mismo: escribir y describirse y borrar y volver a empezar y, además, ir suicidándose con aquellas y las otras y las demás a rebosar de heridas perdidas. ¿O era al revés?
El hecho aquí es que todas se van cayendo y se cuelgan de la comisura de mis labios o, bueno, ella, la del reflejo del espejo, se queda más colgada. ¿Por qué hablo en tercera persona? Porque en eso también consiste conrear letras: crear un jardín que va desde el interior hasta que a una le pete el corazón. ¿O no?
En resumidas cuentas, como si se pudiera acotar la expresión en una sola oración, ser escritora va mucho más allá de colocar palabras secuencialmente y, a la vez, no, porque realmente es hacer esto. ¿Pero y verdaderamente? Pues, en verdad, estas mismas contienen algo de sentido, de sentimiento y un largo etcétera de sensaciones amargas, agrias y enturbiadas.

La semilla florecida
Entonces, me releo y, sin querer, caigo en mi propio hueco. Capítulo diecinueve de la novela en la que me voy desangrando a cicatriz y corazón abiertos. ¿De dónde nace la ilusión? Me cuestiono como si la respuesta sanara al saber la respuesta, ya editada varias veces. El hecho es que todo está deshecho. Me encantaría encontrarme y poder colocarme todas las piezas, pero todavía estoy desmontada. Es domingo, aún no ha culminado, y vaya cómo arranca mi alma ahogada en este vaivén de no saber, de desconocer. Aunque, ven, ven, y quédate, y no otra vez, sino porque sí y para siempre. Sé, soy consciente, que va a doler, que chocaremos y nos romperemos, sí, como las olas coléricas en aquel océano tan cercano, por entender todos mis sueños, y milagros. ¿Pero qué más da ya? Si todo se ha ido al mísero infierno, por haberse roto entre los otros. Porque nosotros… ¿Qué carajos somos? Quédate un rato más, que luego ya resolveremos las dudas y también uniremos las incertezas y conjugaremos las palabras con las acciones si quizás nos mirásemos, si, quizás…, otro pájaro cantaría. Y estaríamos menos muertos y más contentos, pero no estás aquí conmigo y, aunque sé ser un poco feliz e ir a la mía, te voy echando de menos en este gerundio sempiterno porque voy, te quiero, y sin querer, me quedo.

“Tabula rasa”, que arrasa
Necesito pensar, me digo, y me saboteo. Concluyo que estoy loca y algo sola. ¿Y aún rota? Siento que no soy tan extraña de mi misma, que reflejo y espejo se unifican un poco, aunque aquel verbo parpadee inútilmente. Es que claro…, si uno se dedica, no sé cómo, a hacerlo de forma intermitente, pues duele. Vaya si lo hace, y escuece, pero hay veces que personaje y protagonista se aceleran en una misma carrera, aunque lenta, muy lenta. La escopeta, queriendo, ya va suelta. Incéndiame esta, pero quédate, aquí, en ese, mi vaivén. Resulta que en este, mi latido, todo, aquel quehacer tan enturbiado, no sé, se ordena un poco más fácil. Entonces, esta vez, sin querer, se me iluminan las luciérnagas. Chispean. ¿Será de una alegría interna o por una tristeza enferma? Quédate, esta vez, en nuestro espacio estelar, y hazme estallar porque sí. Me quiero quedar.

La soledad, de vez en cuando
Se me va a enfriar el café, bueno, de hecho, ya se enfrió. ¿Pero qué más da? La vida, la mía, no va tan congelada, quizás. Seguramente será porque tú aquí estás. Entonces, con ese no sé qué tan tuyo… pues, nada, que me sacaste de mi trance a rebosar de una tristeza muy rara, que cada vez se ausenta más, porque tú estás. Y te quiero, te quiero aquí, aún más. Qué milagro. ¿Será tan breve como todos los otros? ¿Y… Dónde está aquel verbo? ¿Dónde se esconde el Te quiero? Se oculta, pues tiene miedo como la loca, como la escritora, la narradora… Como la protagonista, ¿No? ¿Será solo una telenovela? ¿O el personaje secundario de cualquier revista? Quiero decir, la frase más absurda, la prevista, la que se pierde de vista. ¿O qué? Que sí, que vaya vaivén. ¿Si me llora el ojo derecho es por aquel inédito sentimiento? ¿Pero si me llora el izquierdo, qué entonces? A veces me lloran ambos y, sin querer, me explota el pecho. Significará que luego florecerá… o que se apaciguará el dolor tan interno, y extremo. Maldita fe, que no me quiere acompañar. Necesito, otra vez llorar y amargarme en mi queridísima soledad, pues hay instantes que voy, me vuelco y, queriendo, los vivo tanto que me los restriego, y por todo mi cuerpo. O voy fría o me lleno de huecos entristecidos hasta congelarme, como el café de esta misma tarde.

Los mejores libros sobre escritura creativa
Introducción
La escritura creativa se aprende escribiendo, pero también leyendo, analizando y observando cómo otros autores construyen sus historias.
Un buen libro sobre escritura puede ayudarte a desbloquear una idea, comprender mejor la narrativa o simplemente encontrar nuevas formas de enfrentarte a una página en blanco.
Por eso he preparado esta selección de libros sobre escritura creativa para diferentes necesidades y niveles.
¿Qué puedes aprender con un libro de escritura creativa?
Dependiendo del título, puedes encontrar recursos para trabajar:
- Creatividad;
- Personajes;
- Diálogos;
- Estructura;
- Estilo;
- Descripción;
- Planificación;
- Bloqueo del escritor.
No todos los libros sirven para todo el mundo.
Por eso, más que buscar “el mejor libro de escritura creativa”, creo que merece la pena preguntarse:
¿Qué quiero mejorar?
Para empezar: Mientras escribo, de Stephen King
Si estás empezando a escribir, este puede ser uno de los primeros libros que recomendaría.
Combina experiencias personales con reflexiones sobre el oficio de escribir.
Ver en Amazon
Para trabajar la estructura: El viaje del escritor
Christopher Vogler explica el viaje del héroe y sus diferentes etapas.
Puede ser especialmente interesante para quienes tienen una historia pero no saben cómo estructurarla.
Ver en Amazon
Para desarrollar la creatividad
Este tipo de obras pueden ser muy útiles cuando buscas:
- Ideas nuevas;
- Ejercicios;
- Prompts;
- Superar bloqueos;
- Escribir con más frecuencia.
Para aprender narrativa
Manuales centrados en:
- Estructura;
- Personajes;
- Puntos de vista;
- Narrador;
- Diálogos.
Son especialmente interesantes cuando ya has empezado a escribir y quieres comprender mejor por qué determinadas historias funcionan.
Recomiendo escritores como Virginia Woolf, Carlos Ruiz Zafón, Enrique Vila-Matas, Paul Auster, Jane Austen, Juan José Millás, entre otros.
Conclusión
No necesitas leer veinte libros sobre escritura para convertirte en lector, solo empaparte de literatura y desarrollar tu capacidad crítica y de análisis.
Elige uno que responda a la pregunta que tienes ahora mismo y pon en práctica lo que aprendas.
Después, cuando tu escritura evolucione, probablemente aparecerán nuevas preguntas.
Y también nuevos libros.
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El hechizo interno
Me he quedado en trance después de leer a Gustave Flaubert, me he quedado en trance. Quiero decir que…, después del acto suicida de Madame, del post-mortem. Después del entierro, de la desintegración del cuerpo. Después del horror brutal, después de… No sé, solo queda caer o ascender otra extraña vez, ¿O qué? Seré yo. ¿El qué? Sin querer, sorbo a sorbo, regreso a la realidad, entro en ella y, entonces, lo veo, casi roto, a mi bolígrafo azul. ¿Qué habrá acontecido en mi bolso de color beige? ¿Qué me acaece a mí? ¿Quiero saberlo? La tinta, pues, se derrama, se despilfarra toda solita. En definitiva…, se desgasta enterita. Y es tan desgarrador como, a la vez, enternecedor. Ilumíname esta, sí, el del ardor, el color bonito del amor, porque… ¿Es bonito o no? ¿Cómo lo definiría usted, querida? Bueno, es que, ¿La verdad? Me vuelco en aquella mujer, parecida a mí y la entiendo tanto que o retrocedo o me quedo y vuelvo a descender. Así que, nada, déjame. Haz que por fin se plante aquí la princesa herida, la tormenta austera y enturbiada. Parece que ya se ha caído la que iba a… y, como si nada sucediese se va deshaciendo el cielo de las nubes, ya menos grisáceas. El cielo es ago rojizo, porque va muy enamorado. La admira a ella, y vaya, cómo la mira. Aunque, la mujercita, coincide con aquel mismo sentimiento donde aletea el sujeto a conjunto con el preciso y justo verbo. Así que, ahora, sonríe porque ha florecido, la rosa, encontrándose menos rota. Si la escritora loca se pusiera a describir un poco más, a ahondar en aquel océano lleno de olas coléricas… ¿Algún día vivirán en una paz entera y eterna? Es que, disculpa el pretexto, se excusa la narradora, pero está cansada de alma. Quiere que la quieran bien, anhela encontrar, por fin, un amor bonito, sano, leal, fiel y muy real. ¿Pero dónde? Quizás, en vez de ahogarse en aquel bucle entristecido del libre albedrío… Quizás consiste en mirarse más el ombligo y profundizar en el hechizo interno que, de ahí, saldrá la magia menos amarga, y a rebosar de una felicidad amiga.

Los mejores diccionarios para escritores
Introducción
Las palabras son nuestra materia prima.
Por eso, tener un buen diccionario cercano puede ser una herramienta mucho más útil de lo que parece, especialmente cuando estamos escribiendo una novela, revisando un texto o buscando la palabra exacta para expresar una idea.
No se trata únicamente de comprobar una definición.
Un diccionario también puede ayudarnos a descubrir sinónimos, matices, usos y palabras que quizás no conocíamos.
En este artículo recopilo algunos de los mejores diccionarios para escritores, tanto para consultar el significado de una palabra como para ampliar nuestro vocabulario.
¿Qué debería tener un buen diccionario para escritores?
Depende de lo que busques.
Algunos aspectos que considero importantes son:
- Amplitud de vocabulario;
- Claridad de las definiciones;
- Ejemplos de uso;
- Sinónimos;
- Antónimos;
- Dudas lingüísticas;
- Facilidad de consulta.
Diccionario de la lengua española (DLE)
El Diccionario de la lengua española es una de las herramientas fundamentales para cualquier persona que escriba en español.
Además, su versión online permite realizar consultas rápidamente.
Para mí sería una herramienta imprescindible, aunque no necesariamente tengas que comprar una edición física.
Diccionario de sinónimos y antónimos
Cuando escribimos es muy habitual utilizar una palabra y pensar:
“Tiene que existir otra forma de decir esto.”
Aquí es donde un diccionario de sinónimos puede convertirse en nuestro mejor aliado.
Resulta especialmente útil durante la revisión de textos para evitar repeticiones y encontrar palabras con el matiz adecuado.
Diccionario panhispánico de dudas
Un diccionario de dudas puede resultar especialmente útil durante la corrección.
Ayuda a resolver cuestiones relacionadas con:
- Gramática;
- Ortografía;
- Pronunciación;
- Usos incorrectos;
- Dudas frecuentes
Diccionario de uso del español
Este tipo de diccionario va un paso más allá de ofrecer una definición.
Permite conocer cómo se utilizan realmente las palabras y sus diferentes matices.
Para un escritor, esa información puede ser especialmente valiosa.
¿Qué diccionarios tendría yo?
No creo que necesitas una estantería llena, con algunos online ya irías bien, pero para empezar tendría:
- Un buen diccionario general -> DLE
- Uno de sinónimos y antónimos -> WordReference
- Un diccionario de dudas -> Panhispánico
Conclusión
Un escritor trabaja con palabras todos los días.
Por eso, aprender a utilizarlas con precisión y adecuación puede mejorar enormemente nuestros textos.
No se trata de utilizar palabras complicadas, sino de encontrar la palabra exacta.
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