¿Qué?

¿Qué vas a entender de la vida?
Del acto de sobrevivir,
de ser un “zombie”,
de no dormir.
¿Qué vas a comprender?
¿Te vas a poner en mi piel?
Porque si empezamos a conversar,
¿De qué sirve hablar?
Si no hay empatia,
si no hay confianza,
si no hay amor.

317 km y dos salidas de emergencia, Loreto Sesma

Es un libro de poesía, más concretamente, aquel tipo de poesía que te arranca el alma o te hace reencontrarte en palabras; el desamor.

Dentro del libro 317 km y dos salidas de emergencia de Loreto Sesma hay poemas donde te identificas con ellos. Donde sientes, donde el corazón te vibra, te late más fuerte que nunca. Loreto provoca reencontrarte con la parte más dolorosa de uno mismo. Uno se identifica y también se soprendre de lo que un ser -humano- puede llegar a sentir.

Al principio me costó sentir, pero posteriormente, a medida que he ido leyendo, me he adentrado en profundidad en esa poesía tan rota. Se me fue resquebrajando el corazón pedazo a pedazo y a medida que se me iba rompiendo, fue floreciendo.

¿Para qué?

¿Para qué me quieres?,
es que,
no sé,
pero siento que no sientes tanto como yo.
Te quiero para amarte,
y tú sólo me deshaces
convirtiéndome en arte.
-Espejo roto-;
¿Lo ves?
Ya no se puede reconstruir,
pues yo tampoco.
Y así me quedo,
así me quedé.
Llena de grietas,
de porqués,
de dudas
y de cientos de suspiros inacabados,
ahogados en gritos silenciados.
Compréndelo,
joder,
no quiero más dolor.
-No quiero-.

Ahí, en mi pecho

No creo que estemos destinados a forjar un futuro juntos, más allá de cinco años. Siento que el destino nos separará, que dejaremos de ser, de estar.
He escuchado canciones y he visto películas donde las parejas que se sienten unidas, que traspasan el amor, que lo tienen ahí dentro, en el corazón, se les acaba rompiendo el hilo rojo. Por situaciones externas provocando crisis internas y creando una rotura, tan grande que asfixia y mata.
Duele.
A mí ya me fastidia;
pensarlo,
imaginarlo,
sentirlo
-roto-.
Aún no ha pasado y no sé si pasará, pero presiento y no quiero.
Te amo, y lo tengo ahí en mi pecho.
Las estrellas brillan más que nunca,
las flores florecen
y mis ojos se enternecen
de solo ser contigo.
Todo esto -el sentimiento- está guardado en mí.

Derrotados

Y dime, amor propio, ¿Qué es de nosotros? De nuestros huesos, rostro y manos húmedos. Llenos de sangre, de sudor y dolor. De perdedores que quieren levantarse pero les gusta tanto el suelo que acaban arrastrándose. Esa soy yo.
-Esa, soy yo-.
Y dime loca,
pero ya no quiero seguir.
Aquí mi derrota ha llegado y siento que la de todos, los otros, también.