Gracias, pero no

Estoy mal, no hace falta que preguntes pero gracias. Por tu amabilidad, por tu cordialidad, por tu interés. Ha sido muy descortés y desolador. No me preguntas nunca y, justo esos días, te pica la curiosidad.

Mira niña -o mujer- la vida no funciona así, bueno, no debería. Porque son tres copas de vino con tus colegas o un JM con tus seres más queridos. Que sí, que la vida es un “emborrachémonos”, una resaca de medio día y una muerte de mierda, inesperada. Como todos los sucesos que van y vienen consecutivamente. Créeme cuando digo que no quiero, que no me apetece o que, simplemente, no.
Y llueve,
llueve
y llueve.
A cántaros y cantando.
Que duele;
más a mar que a río. Es decir, hacia dentro y en bucle. A tornados y a remolinos sin fin.

Me gustaría

Me gustaría regalaros algo, en letras. Que al llegar a aquel objetivo daros, y mucho. Pero la vida no funciona así, salvo la mía. Mi mundo -creativo- va y viene. Llora y ríe. Y la lluvia abunda más que la alegría. Por eso es mejor dejarse fluir, no ir a los tiempos que marca la vida y vivir sin reglas. Dejarse sentir, en estos casos, es la mejor opción.

Escribiendo en bucle

Siento que es un bucle, repetir el círculo que parece que no tiene fin.
Capítulo dos, y otra vez. Borré y escribí, de hecho, reescribí. Y, las palabras, resquebrajándome, me rompieron el corazón. Una y otra, y otra, y otra vez.
Siempre hablo del suicidio, ya estoy cansada. Hartada de comer tantos malos augurios, de ser y sentir tanto,
tanto.
Quiero, no sé, vivir sana ¿Quizás? Pero es que -es que- sino no habría textos, ni palabras formándose. Copulando en una canción llena de intención, y grietas.
Que vuelan,
arrasando el suelo.
-Arrastrándose-.
Momentos de querer salir a la superfície y sentirlo.
(Lo siento por no vivir y sentir tanto).
Que me tocan, los sucesos, y me hacen crujir, rugir.

A bocajarro

No sé si soltártelo todo a bocajarro,
así, sacando la escopeta
y disparando la bala en un punto muerto
-tu corazón-
que parece estar duro como una roca.
Que ni rascando,
que ni tocando,
que ni besando.
No hay manera,
y yo me rindo.
Dejo aquí mi taco de billetes,
me saco las zapatillas,
me desnudo al completo
y abro mis alas para empezar a volar.

Cicatrices

Estoy llena de cicatrices incurables, porque son tan profundas que no se ven, y escuecen. -Duelen-.
“Cuanto drama, princesa. Sube la cabeza que se te cae la corona”, leí por ahí.
Las bellas damas no existen y no es que camine cabizbaja porque sí.
Se creen que el dolor es creado por amor al arte y, aunque a veces pasa, otras no.
Muchas escritoras escriben porque sienten, tanto, que ya murieron tiempo atrás. Están ofuscadas, entristecidas.
Tanto, que olvidan que la vida es bonita.

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Superfície

Veo que no entendéis, que no comprendéis. Que no vais más allá. Que os quedáis estancados. Las palabras, al fin y al cabo, no dicen nada concreto. Carecen de significado y gracias a la falta de este abunda la escritura mal escrita. Pero si por un momento, todos, nos paramos a leer con significado y preguntándonos, llegaremos. Alcanzaremos a comprender, a dudar y a tener criterio. Aquel que pocos tienen.
Porque las frases son abundantes de todo aquello inexistente.
Entre letras, pestañas y sentidos acabamos entendiendo y llegando a conclusiones increíbles.