Basura acumulada

Todo lo otro son destrozos, basura.
(Mierda), que sale del corazón tan roto, desangrado y hueco.
Duele, nene, duele.

Se está yendo

Me voy a explayar en esa pequeña nota virtual. Porque la única que la releerá más de cien veces seré yo mimsa y con todo mi arte colgando de la percha.
Pienso, estoy pensando, que hay amores.
Y siento, estoy sintiendo, que el nuestro pierde la chipsa, la llama. Que pierde, por cada día que pasa, un granito de amor.
¿Si me pierdes vas a llorar? ¿Harás algo? Digo, ¿Dejarás de amarme de un día para otro? -De un segundo a otro-.
Esto, lo nuestro, es más de lo que siento y, hay veces, que me duele quererte. Porque el amor que tengo por ti rebasa el vaso, sobrepasa el límite.
¿Serías capaz de hacer locuras por mí?
Estoy así, con la flor encogida, marchitada.
Se está… Yendo.

Corazón roto

No sé, a veces tengo dudas;
si me quieres o no.
Porque nuestros recuerdos me remontan al pasado,
a aquel concierto que tocó mi alma.
No sé la tuya,
pero a mi me vibró
-me latió-
el ritmo cardíaco a mil por hora.
Y en la calle no, no lloré de milagro.
Aunque en casa…
en la madrugada
acabé explotando,
llorando.
Dolor, amor.
Fue una herida que se ha quedado abierta y no cicatriza.
Y duele,
porque,
no se cierra.
-No se cierra-.

Quiero ser caos

Pues yo quiero ser caos, otra vez.
Meterme en un lío, o dos o tres -muy míos- y salir herida. O tuerta. Llena de muecas y cicatrizando el dolor, y el humor muerto.
Que ya no quiero ser coherente, no.
Quiero lo fugaz, lo amargamente dulce y, feliz. Que me mato, sí, me maté. Y no tirándome por un precipicio sino caminando sin rumbo a pasos limpios. Premeditados y calculados.
No me vaciles. Quiero más. Volar y estamparme. Arrasar el suelo; caerme.
Y caerme.
Una
y otra,
y otra
vez.
Porque quiero, porque ya no puedo seguir siendo lógica, eso me está volviendo loca. No quiero la sensatez, la calidez de un día normal y corriente. De una monotonía tan -tan- monótona.
Me estoy volviendo sensatamente muy lógica.

Ansiedad

Sé lo que se viene, la detecté tres años atrás y, bueno, ahora la llevo dentro y duele. Como cuando te arrancan el aire y te quedas sin respiración no un segundo, sino un minuto. Como cuando te presionan el pecho con preocupaciones sin sentido que van pasando por tu cabeza constantemente. Y donde está tu corazón se empieza a vaciar toda la sangre. Ahí, a pedazos, comienza el hueco. -El vacío-. Ansiedad, bienvenida. Te abro las puertas a mi vida. Te quiero, a ver si así te vas. Y se va, pero poco a poco va aprisionándote los pulmones. Las rosas que salían de ellos ahora son piedras grandes y pesadas. Que pesan, y pesan.
Pensar y sentir. La tristeza llega apoderándose de todo tu ser y, luego, el llanto que es como que quiere salir y no puede. Se queda estancado en la garganta. Y es cuando comienza el caos emocional. Uno que no tiene marcha atrás. Que aunque lo eches, regresa. Porque sí, por amor al arte todo esto te supera. Intentas respirar, -intentas-. No puedes. No, no puedes. Querer quieres. Y tiemblas de temor. Y sigue, sigue, sigue asfixiándote. Sea el tiempo que sea lo estás sintiendo con todo tu ser: alma, mente y cuerpo.
No te mueres porque ya lo estás, y del milagro -susto- sale tu mirada angustiada que se pasea por las calles con la alerta activada. Que ya no vive calmada. Que la sensibilidad arranca y no para, no para.
Todo pasa, sí, y vuelve (a pasar) arrasando.