Borrar(se)

Borrar y escribir. Y un té. Dolor de estómago, sentir y no ser persona. Caminar sin detenerse a observar el paisaje. Ser más cuadro -arte-, y un desastre. Mi sastre (yo) ya no me cose las heridas porque se quedan abiertas. Sufrir el latido del corazón (abierto). No hay forma de que se tranquilice. En bucle la ansiedad. Hay veces que se pausa pero ese segundo es tan corto que no sirve. Que ya no se respira paz.

Café y amor

Café, y escribir. Vivir en un sueño que se va convirtiendo en realidad y que no deja de ser algo increíble. Porque a tu lado, amor, vuelo. Cuando entrelazas tus dedos con los míos. Cuando me abrazas y siento tu corazón palpitar. A cada instante, cada detalle cuenta. Es tu sonrisa, tu forma de caminar, cómo me miras, te acercas, me agarras la carita y me besas. Es un “Te amo” por cada segundo que pasa. Es quererte des del amanecer hasta ¿Cuándo? Ojalá sea eterno. Que aunque sea efímero sea firme, loco y lleno de cariño. Caminar por las calles de la ciudad. Que tú eres de allí y yo de aquí pero, ¿Y qué? Se puede porque se quiere. Porque nos queremos.

Amor tóxico

Ese tipo de amor es tóxico, insano, doloroso y destructivo. No sé, no entiendo, como sigues ahí, enganchada a él. Te comprendo, yo también estuve en esa situación. Y dolió porque fue una ilusión óptica: cuando la puerta se cerró me estampé contra ella. La desilusión llegó y, con ella, la incomprensión y los porqués. Pero él ya no estaba, ya no. Así que, decidí cerrar mi corazón, encerrarme.

Sanar

Había una vez,
una niña que se convirtió en mujer.
Llena de cicatrices, de dolores y desamores.
Entonces, un día, apareció él para cambiar su pensamiento, su forma de sentir y ver el mundo.
Hermoso.
Ya no era autodestrucción;
sino comprensión,
empatía,
valentía
y amor mutuo.
Sanar, simplemente, sanar.

Hacia el interior

Empecé limpiando el suelo de mi habitación para luego ordenarla. Porque para sanar el corazón se necesita ir del exterior hacia el interior. De fuera hacia dentro. Saqué ropa, la di; a mi madre, a mi hermana o a la ropa humana. Me desprendí de ella para siempre. Para no volver a verla ni a ponermela. Fue un acto de valentía, de querer reconstruirme. Un proceso hermoso.
Es como las personas, las que ya no te aportan, las quitas de tu vida. Y así funciona, así gira el mundo.

Corazones bailando

Una tarde bonita, con el día ya caído y nuestros corazones bailando. Después de hablar con tu abuela desde la lejanía donde nos unía una pantalla, sentí que todo desencajaba para encajar. Y luego del paseo agarrados de la mano, riendo y besándonos, se me enterneció el corazón cuando me dijiste no sé qué con la coletilla “cuando nos casemos tú y yo”. Te respondí con un “¿Qué?” Hace días atrás y meses y años que ya me lo planteé. Que ojalá que sí. Que ese “qué” es más un obvio que otra cosa. Ese “qué” es un Te Amo. Porque el “Sí, quiero” te lo dije latiendo des del primer día que te vi. Soy ilusa y soñadora. Y siento -tanto- que salgo volando. Estoy en el cielo.

Mar en sequía

Cuando quieres llorar pero no puedes -o no debes-. Porque el lugar, el tiempo y las personas que te rodean no te van a arropar. No van a empatizar, a sentir tu sentimiento, tu llanto (interno).
Entonces, el cielo, las paredes de aquel edificio o, simplemente, el latir de tu corazón comienza el concierto. Se inicia en aquel arte tan desolador.
Porque es un mar -de lágrimas- seco, sin agua ni sal. Que duele, que mata (mata).
Es como ser la muerte andante.

Cielo

¿Qué sientes?
Cuando tus labios tocan los míos,
cuando quieres atacarme
y haces que vibre entera,
que vuele.
Joder, nene,
toco el cielo.
¿Y tú?
-¿Y tú?-
¿Qué pasa por tu cabeza?
Déjame soñar,
darte amor
y amarte.
Porque, quizás,
en un mañana ya nada.
(La nada),
como mirar el vacío y afirmarse:
era él el indicado.
-Era él-.