Verbena de brindis

Por una verbena distinta,
por una noche de brindis,
de que brillen tus ojos
(al mirarme)
y sonreírte porque los dos sabemos lo que hay en nuestro interior,
un sentimiento lleno de amor.
Un nuevo color,
las estrellas estallando en el cielo
-como las mariposas en mi estómago-
y los besos que sean a todo sabor.

París

Quiero, París, verte con otra mirada,
observarte,
deletrearte
con la lengua y a placeres.
Los momentos, espontáneos,
son los mejores.
Y las risas a tu lado también.
Porque no hay mejor que ser humana,
caótica
y sonreírle al viaje que me espera;
un futuro lleno de rosas florecidas,
compartidas
y aún por vivir,
será algo
-aquello-
mágico.

Gritos silenciosos

Este es un mensaje de auxilio.
Un aullido,
un grito,
un estallar hacia dentro.
Un silencio,
más de uno.
Varios.
Esto,
es una nota
para mí
y para quien sienta que ya no puede más.
Porque sí, porque no.
Porque queridos lectores,
vosotros que me leéis,
o no.

Me parto, y desciendo

¿Cómo describir la escena?
¿Cómo definir, en palabras, como se parte por la mitad?
Cuando se abre el telón de cualquier teatro;
mi corazón y,
con él,
mi caparazón.
Vuelo sin razón,
me estrello
por el sendero del cielo.
Ya no hay quien
-alguien-
que pueda sostenerme.
(Ni yo misma).

Cojo de alma

¿Que no me ves?
(No me ves).
Lo rota que estoy,
lo mal que voy
-por el sendero de la vida-.
¿Sabes qué pasa amor mío?
Que estás cojo de alma,
por ella (el pedazo) y no por mí.
Porque, bueno, sigue ahí
en tu pecho
y yo ya no.
-Ya no-.