A veces…

A veces no sé ni qué escribo. Otras, me leo un libro. Qué pesadez y cuanta sutileza en las palabras. Cuanta delicadeza.
Créeme,
siénteme,
miénteme.
Cuando me digas que me amas y me estés queriendo.

¿Cómo empecé en el mundo de la escritura?

Para mí escribir es sanar el alma, comprenderme y vivir entre palabras.

Mis inicios

Me inicié en este mundo escribiendo diarios personales donde expresaba todo aquello que pasaba por mi cabeza. Por aquella época tenía nueve años y es interesante cuando los hojeo porque se puede ver la evolución que hice y que sigo haciendo. Porque en la escritura siempre hay evolución y transformación -del alma-.

Mi trayectoria

Luego pasé a Instagram, una cuenta que ya no tengo, donde escribía historias. En cada fotografía colgada (post) subía un capítulo y así hasta que se me quedó pequeño y descubrí Wattpad, una plataforma, por aquel entonces gratuita, donde se podían subir manuscritos. Estuve unos cuantos años hasta que me planteé hacerme un blog -este que tengo actualmente- para publicar breves escritos que, a lo largo de los años, ha ido evolucionando y cogiendo forma. Seguidamente se me instaló a la cabeza la idea de autopublicar y así poder monetizar mi pasatiempo. Entonces empecé a publicar en Amazon. Tengo publicados un total de cinco eBooks.

Actualmente siento que si hubiese tenido la experiencia que tengo ahora, hubiese hecho las cosas de otra forma, con otra visión. Aunque es cierto que gracias a todo lo que he aprendido llevo una mochila llena de vivencias dentro de este mundo. Y me gusta.

Herramientas y tips para escribir

Si te gusta escribir, tienes historias escritas pero no te has atrevido a publicar, a continuación te dejo una serie de consejos para empezar a rodar.

En primer lugar, empieza en Instagram o créate un blog y/o página web. WordPress es un buen sitio, porque son los dos en uno (blog y página web), es gratuito y tiene muchas herramientas fáciles de comprender y útiles. Luego, investiga y muévete por este mundo. Es decir, navega. No te quedes ahí parado. Compara y avalua, sé crítico y llega a conclusiones. Y bueno, acuérdate de apuntarte aquello que crees interesante y ves importante.

Es bueno empezar publicando breves textos, historias, cuentos o lo que se te ocurra que quieras escribir, para que vayas cogiendo confianza y ampliando tu red. Me refiero a que no te autopubliques si aún nadie te conoce o no tienes unos seguidores fieles. Porque está bien tener muchos pero lo importante es que sean fieles. Sino, ¿Qué sentido tiene?

Lo otro ya vendrá solo.

En segundo lugar, después de haberte introducido en este arte, sigue escribiendo y leyendo. Mucho. En cualquier momento y constantemente. Así es como uno avanza, progresa y se desarrolla. Como uno cambia. Porque, sé sincero, a lo largo de la vida cambiamos ya sea para bien o para mal. Sería un acierto si siempre mejorásemos, pero también sería una mentira.

En tercer lugar, arriesga. Vas a ganar siempre: del error se aprende y del logro también. Porque muchas veces, por no decir todas, te equivocarás. Y no sólo en este ámbito sino en otros sectores de tu vida. Acepta el error, rectifícalo y mejora. Así es como uno avanza, como ya dije antes.

Tips

  1. Créate un blog o cuenta de Instagram.
  2. Lee y escribe, y reescribe y borra y vuelve a releer.
  3. Investiga, compara y saca conclusiones.
  4. Arriésgate, en todo. Si quieres hacer algo, hazlo. Si quieres cambiar algo, cámbialo. Si queres probar algo, purébalo.
  5. Acepta los errores.
  6. Sigue escribiendo.
  7. Pide que te critiquen constructivamente (para poder mejorar). Es decir, que te lean ya sean familiares o amigos. Y sino les obligas.
  8. No te rindas. Descansa si lo necesitas, pero no te rindas. Insiste y persiste. Los resultados no son inmediatos.

Me gustaría

Me gustaría regalaros algo, en letras. Que al llegar a aquel objetivo daros, y mucho. Pero la vida no funciona así, salvo la mía. Mi mundo -creativo- va y viene. Llora y ríe. Y la lluvia abunda más que la alegría. Por eso es mejor dejarse fluir, no ir a los tiempos que marca la vida y vivir sin reglas. Dejarse sentir, en estos casos, es la mejor opción.

A bocajarro

No sé si soltártelo todo a bocajarro,
así, sacando la escopeta
y disparando la bala en un punto muerto
-tu corazón-
que parece estar duro como una roca.
Que ni rascando,
que ni tocando,
que ni besando.
No hay manera,
y yo me rindo.
Dejo aquí mi taco de billetes,
me saco las zapatillas,
me desnudo al completo
y abro mis alas para empezar a volar.

Cicatrices

Estoy llena de cicatrices incurables, porque son tan profundas que no se ven, y escuecen. -Duelen-.
“Cuanto drama, princesa. Sube la cabeza que se te cae la corona”, leí por ahí.
Las bellas damas no existen y no es que camine cabizbaja porque sí.
Se creen que el dolor es creado por amor al arte y, aunque a veces pasa, otras no.
Muchas escritoras escriben porque sienten, tanto, que ya murieron tiempo atrás. Están ofuscadas, entristecidas.
Tanto, que olvidan que la vida es bonita.

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Escritores

Expresamos;
Sofocados y saltando por el precipicio,
para matarnos en un suicidio de sentimientos;
que se acumulan,
que abruman,
que avergüenzan.
Expresamos;
para no morirnos nunca.
Es un antídoto,
la medicina,
-la droga-
al delirio.
A aquello que nos hace levitar
y, luego, frenar
en seco.

Superfície

Veo que no entendéis, que no comprendéis. Que no vais más allá. Que os quedáis estancados. Las palabras, al fin y al cabo, no dicen nada concreto. Carecen de significado y gracias a la falta de este abunda la escritura mal escrita. Pero si por un momento, todos, nos paramos a leer con significado y preguntándonos, llegaremos. Alcanzaremos a comprender, a dudar y a tener criterio. Aquel que pocos tienen.
Porque las frases son abundantes de todo aquello inexistente.
Entre letras, pestañas y sentidos acabamos entendiendo y llegando a conclusiones increíbles.

Aquello

Aquello de que, en un momento del día, quería escribir. Me apetecía. Desistí, me eché para atrás. El tiempo se comió mi inspiración, quitándome -arrancándome- los dedos. Los dedos mágicos,
los dedos invisibles,
los dedos ocultos.
Aquellos que no se ven.
Que ya no vibran, ni cantan ni bailan.
Y esos, desde mi sombra, son una parte mía.