Breve historia

Sostenme el corazón que se me cae derritiéndose. -Ann

Cosiéndome las heridas

Fui,
yo,
aquel sastre que se cosió la herida.
Que le dolió más cuando se cerró
que cuando estaba abierta.
Porque nunca llegó a cicatrizar.
Seguía sangrando,
llorando.
Y, arrasando el suelo,
(la herida)
sufrió más que amó.
El peso del corazón,
del amor,
fue un calvario.

Complicaciones

Soy complicada, lo sé.
Y se me complica la vida, también lo sé.
Pero la vida son dos segundos,
tres cigarros
y cuatro estaciones
que en todas ellas pasa el amor.
Para irse
y no regresar.
Porque las casualidades son momentáneas,
efímeras.
Si te encuentras con una de ellas,
hazme un llama cuelga que,
quizás,
y sólo quizás,
nos besamos mientras pasa el tren
porque de antemano lo hemos alcanzado
antes de que se vaya por el andén.

¿Te puedo escribir algo?

Amor, no estoy bien, lo digo por si dudas de mi capacidad por estar bien. Bueno, te lo digo a ti porque las otras personas de mi alrededor no me ayudan y no quiero que me ayudes sólo es información. Tendré que salir yo sola de esta montaña rusa que estos días desciende y no se detiene. Estoy triste. No sé si entrando en una depresión. No lo descarto. Y no quiero darte esta responsabilidad: que dependas emocionalmente de mi -dolor-. Necesito algo: respirar. Además de un poco de paz mental, un abrazo y, bueno, exteriorizar lo que me pasa. Escúchame o léeme, depende del momento, de mi necesidad. Sí, sólo necesito bailar con las emociones, dejarme fluir y ser -caos-. Y aunque tú digas que “soy un caos hermoso”, es doloroso. Decirte el porqué sería ir demasiado lejos y yo tan allá -en la lejanía- no llego. No porque no quiera sino porque no puedo. Me duele la vida, creo. Será eso. ¿Tal vez?
Ojalá te quedes aquí, en el suelo, conmigo. O en el cielo. Me da igual. Ojalá lo hagas, eso, de quererme así -tan rota, tan loca-.
No me gusta estar rodeada de gente y lo que más necesito es estar conmigo misma, sentirme y escribir(me). Supongo, para sanar de todo -aquello-. El pasado me hunde y lo más probable es que muchas personas no lo entiendan. Es que necesito mis tiempos, mis espacios y tengo límites. Y sí sí, no debo vivir en mi pasado, ni pensar en el futuro. Yo no te estoy hablando de hace uno, dos, tres o cuatro años (aunque lo llevo arrastrando). Te hablo del ayer o de hace un minuto atrás o incluso unos segundos recientes. Es ese algo que me lleva hacia la deriva. Será la vida misma o esto. No sé. Y, lo siento -tan intensamente- que me quedo a media frase callándome todo lo que pude decir con palabras a viva voz, o a un simple susurro y no dije.
-No dije-.
Gracias amor, gracias;
por quererme
y poder seguir adelante con todo este cuadro (de arte) emocional; yo.

Corazones

Tengo cinco sobres y medio aquí guardados (en mi corazón). Y me duelen porque no los has leído, porque siento y no lo puedo transmitir (a ti). Porque son para cuando ya no estés, para cuando te hayas ido.

Escribiéndonos

Y por salud mental voy a dejar de escribirte,
de escribirme.
De ser naufragio entre tanto mar,
de agarrar de frente el dolor
y comérselo con pudor.
De ser tanto en tan poco tiempo,
en milésimas de segundos.
Porque me está matando.
Siempre he sido caos,
pero ahora soy más lío
que hilo.
Y es cierto que habrá días, incluso noches,
donde seré escrita,
donde me deletrearás con tu lengua,
hasta con tu mirada.
Pero he llegado al límite de sentir,
¿Eso es posible?
Pues sí,
porque he pasado de amar a sufrir.
Y, duele.

Corazón roto

No sé, a veces tengo dudas;
si me quieres o no.
Porque nuestros recuerdos me remontan al pasado,
a aquel concierto que tocó mi alma.
No sé la tuya,
pero a mi me vibró
-me latió-
el ritmo cardíaco a mil por hora.
Y en la calle no, no lloré de milagro.
Aunque en casa…
en la madrugada
acabé explotando,
llorando.
Dolor, amor.
Fue una herida que se ha quedado abierta y no cicatriza.
Y duele,
porque,
no se cierra.
-No se cierra-.