Etapas

Porque me iría a otra ciudad a vivir(me) y a sanar la esperanza. No sé. Uno lejano de mi vida natal. De donde vengo, de donde siempre no he sido. La vida son etapas, lo sé. Pero cada vez que termino una, empieza otra mala racha. Y ya cansa.

Llorar en palabras

Escribo para sanar,
para rememorar.
Para llorar en palabras
y regocijarme en ellas.
Pero, se ríen de mí;
de mis colores,
-estados de ánimo-.
Estallan ante mí
(explotan).
Y acaban haciéndome daño,
muriendo en el intento.
(Lo siento…)

El lobo

Observo el cielo nublado y luego siento. Me recreo en mi sentimiento, en mi corazón. Me percato de algo: que está hecho trizas. Y tanto que vivo anestesiada en un mar de tristeza incurable. Necesito salir a flote. Permitirme sobrevivir. Déjadme en mis cicatrices, caos y delirios, que así soy feliz. Luego aparece el monstruo -el lobo- y me asusto conviertiéndome en diminuta. Empequeñeciéndome.

Timidez

Pues sí, que habrá y hay mucha gente a la que le es fácil esto, este mundo. Pero hay otras personas que no. Que no se adaptan o, que la vida les desencaja constantmente.
Se derraman en sufrimiento porque son desarmadas moralmente. Y la culpa no la tienen esas personas por ser así, sino como está formada esta sociedad que no tiene ninguna cabida.

Y luego tienen que ir a terapia para trabajar la autoestima y las habilidades (sociales). Pero es que estamos en constante movimiento, y nada pasa y todo cambia. Y es absurdo armarte de valor en este bucle sin salida. Porque el problema no son ellos, sino los demás. El problema real radica fuera. Allá.

Y duele y llena de frustración. Y luego, las personas -ajenas- las miran con curiosidad concluyendo que son raras. Pero es que la rareza no es mala ni buena pero apesta. Almenos hasta donde yo sé.

Es que nos han educado para vivir en sociedad, para caer bien, para ser buenos en algo. Luego, de tanto no sacamos nada provechoso. Todo es en vano.
Vamos tirando como podemos ¿O como quieren que tiremos? Es decir, ¿Caminamos como burros sin cabeza o somos los burros personificados?

Sinceramente, me repela el mundo y no me resbala nada. Antes estaba asustada y ahora voy forjándome, construyéndome pieza por pieza siendo cada día una mejoría. Qué absurdo ¿No?

Y yo digo que quien no se destruye no se construye.

Cuadro invernal

Me sentía nerviosa, demasiado. Mi corazón acelerado y mi cuerpo temblando aunque mi apariencia parecía calmada. Y caminaba con la música agalopando mis oídos. Sentía, y quería dejar de hacerlo pero no podía. Así que seguí mi rumbo. Las palpitaciones aumentaban y mi cerebro se bloqueaba. “Qué miedo, qué miedo” pensaba mientras buscaba el número en la pared. Y al entrar, al subir y al sentarme me entró una serenidad y una paz anormal. Llegó tarde, me sentí mal. Leí unas cuantas páginas para despejarme. Y luego me sentía peor de lo mal que ya estaba. Me rechazó, aquella señora de pelo rubio, asustada e insegura, me sacó de allí con palabras. Que eran balas disparadas a mi interior provocando un colapso a todo color. Me convertí en una mujer en blanco y negro al salir de allá. Y bajando y bajando y, bueno, hundiéndome en la decepción encontrándome con la tristeza, me quedé pasmada. El tiempo, por un instante, se detuvo.
“Ya tengo otra historia que contar”, pienso ahora, después de escribir el texto.
Pero es que la vida me abruma con su frío, con su forma helada de abrazarte y quebrantarte. Y duele, joder si duele.

Vacío

Quiero esperar al amanecer y dormir durante el atardecer. No tengo sueño, porque pienso, porque siento. Tiemblo ante un mundo injusto y lleno de crueldad. Y así va que me hundo en una miseria hermosa, y muy humana. Temerosa de todo esto me voy ocultando entre las risas -sombras- de las personas. Sólo hay gente. Muchedumbre. Los pasos hacia la gloria se esfumaron, desaparecieron. E intento -uno absurdo y sin sentido- abrir mis alas y volar. No puedo. Soy un pájaro a punto de despertar del ensueño que luego se acaba matando. Cayendo. Voy con la vida entre mis manos porque, como dije, voy acelerando para acabar derrapando. Y entre ellos avanzo adentrándome en un caos sin salida. Sollozo, a sorbos lentos. Se me atraganta el corazón en la garganta. Y se queda ahí intentando bajar, queriendo con todas sus fuerzas volver a su lugar. Pero ahí está hasta que, bueno, salta. Y tan alto que sale por mi boca y yo me quedo vacía. Hueca.

Mi soledad

Mira, no sé.
Lo que viene y va,
y se fue.
-Se fue-.
No hay nada más bonito
que ver como la primavera florece
o como se deshace el otoño;
como caen sus hojas,
llenas de dolor,
y resentimiento.
Porque la vida te llega
y no para.
No se detiene ni un segundo.
Y te dicen que aproveches.
¿A qué?, Me cuestiono yo.
Porque ya no hay paz
sólo soledad.
Mirálas, ya no están.
Se han ido…
Y hablando del irse,
ya no hay marcha atrás.

Ansiedad

Sé lo que se viene, la detecté tres años atrás y, bueno, ahora la llevo dentro y duele. Como cuando te arrancan el aire y te quedas sin respiración no un segundo, sino un minuto. Como cuando te presionan el pecho con preocupaciones sin sentido que van pasando por tu cabeza constantemente. Y donde está tu corazón se empieza a vaciar toda la sangre. Ahí, a pedazos, comienza el hueco. -El vacío-. Ansiedad, bienvenida. Te abro las puertas a mi vida. Te quiero, a ver si así te vas. Y se va, pero poco a poco va aprisionándote los pulmones. Las rosas que salían de ellos ahora son piedras grandes y pesadas. Que pesan, y pesan.
Pensar y sentir. La tristeza llega apoderándose de todo tu ser y, luego, el llanto que es como que quiere salir y no puede. Se queda estancado en la garganta. Y es cuando comienza el caos emocional. Uno que no tiene marcha atrás. Que aunque lo eches, regresa. Porque sí, por amor al arte todo esto te supera. Intentas respirar, -intentas-. No puedes. No, no puedes. Querer quieres. Y tiemblas de temor. Y sigue, sigue, sigue asfixiándote. Sea el tiempo que sea lo estás sintiendo con todo tu ser: alma, mente y cuerpo.
No te mueres porque ya lo estás, y del milagro -susto- sale tu mirada angustiada que se pasea por las calles con la alerta activada. Que ya no vive calmada. Que la sensibilidad arranca y no para, no para.
Todo pasa, sí, y vuelve (a pasar) arrasando.