Categoría: Escritos

  • Ya nadie cree nada

    Y, antes de salir, te vi. Y sonreí porque estabas mirando las ventanas de mi bloque.

    ¿Qué pretendías? ¿Encontrarme?

    A mí nadie me va a encontrar, pues estoy más perdida que la luna en pleno día.

    Que si pretendes buscarme, suerte porque no lo lograrás. Jamás.

    Y si un día lo consigues, si consigues descifrar mi alma, mi mirada, ahí, justo, detendrás tu tregua hacia mí.

    Y es que he sido rota varias veces.

    Por personas,

    por momentos,

    por recuerdos.

    Ojalá no te detengas en medio de la batalla.

    Ojalá luches hasta quedarte seco completamente.

    Sé, con el pedazo que queda de mi alma, que será difícil. Soy complicada. Y cada vez más. Voy a peor. Lo han hecho ellos, y no es por culpar, es simplemente mi verdad. Mi jodida verdad.

  • Raudal

    Porque, sin querer, rozarás tus dedos, pasándolos por encima y notarás las puntas afiladas de mi alma. Son cristales puntiagudos, demasiados. Y se van dividiendo en partes cada vez más pequeñas hasta diluirse en mis pupilas. De ellas nace la lluvia, cayendo a raudales, destruyendo todo a su paso. Destruyéndome.

    Sí, nunca lo consigo.

    Me derrumbo.

  • Estamos

    Te quiero como juego,

    te quiero para sexo,

    te quiero para ratos.

    Y no te enamores de mí,

    que luego jodido estarás.

    Estamos jugando con el fuego,

    y que sepas que quema demasiado.

    Estamos teniendo sexo,

    que acabará en deseo.

    Estamos queriéndonos a ratos,

    sólo para jugar con el sexo y matarnos del deseo.

  • Placer

    Fue placer durante un instante,

    luego dolor.

    El fuego quemaba nuestros corazones,

    te lo vi en la mirada.

    Achicabas los ojos mientras me observabas, y yo a ti.

    Fue placer sólo un instante.

  • Quiéreme

    Quiero que me quieras,

    y no me desees.

    Una vez me desearon,

    y me desgarraron el alma.

    Me sentí objeto,

    me sentí barro,

    me sentí lluvia

    y cristal roto en pedazos.

    Quiero una noche amanecida a tu lado,

    y que al mirarme a los ojos me transmitas amor, mucho.

    Quiéreme un poco.

    Y es que no hay ni uno que piense con la cabeza.

    ¿Tú sí?

    ¿Acaso te importo?

    Yo creo que muy poco,

    pero ojalá sea el suficiente como para que me cuides, me mimes y me ames.

    Ya sé que son pocos días, que nada perdura y que todo se va a la mierda rápidamente.

    Pero, quiéreme.

  • A vosotros

    Que sois mi motor, los que me sentís a quilómetros de distancia. Los que me leéis, así, porque percibís las palabras. Que captáis mis mensajes, todos con distintas perspectivas y eso es lo más hermoso del mundo. Los que gastáis vuestro tiempo en escribirme y sacarme un sonrisa, así, porque sí.

    Y es que sois alma enternecida, sois corazón lleno de amor. Vosotros, a quienes quiero, y no por ser más y mejor, sino que os quiero para pasearnos cualquier día por las calles en alguna ciudad y ponernos a charlar, de poesía, de letras. Tomar unas cuantas cervezas. Conocernos. Conquistarnos con las frases y llegarnos al alma y decirnos: «Joder, nos sentimos». En el acto de leernos mutuamemte, claro. Y comprendernos y entender que somos de semejante familia, con distinta sangre, pero con la misma sangre. Aquella que recorre por nuestras venas cuando escribimos.

    Agria,

    eterna,

    distraída,

    feliz

    o depresiva.

    Y más.

    A vosotros, que estáis.

    A vosotros, mis lectores.

  • Rebelándome

    Mira, lo siento pero yo no estoy hecha para este mundo de mierda. No entro en una sociedad de borregos, no soy de ella. Porque me salgo de las reglas, las rompo. Y me pierdo entre mis pieles, mis cicatrices y mi corazón rasgado. Porque he llegado al punto de querer ser pájaro, salir de la jaula y volar. Y conseguirlo. Ir de lugar en lugar, estrellarme si es necesario pero con los pies alzados del suelo. No me interesa madurar, mucho menos ganar, ser rica o tener poder sobre algo.

    No soy ya marioneta, tampoco títere. Soy dueña de mí misma. Rompo la norma, porque sí. Porque yo quiero. Sólo quiero vivir, vivir entre letras, perderme en palabras y reencontrarme en frases. Introducirme en el caos, en mi jodido desastre, y experimentar un orgasmo de poesía. Y es que de ahí sale mi alegría, mezclada entre penas.

  • Sorry

    Y lo siento si tengo el corazón cerrado, si soy de alma gélida.

    Lo siento si no siento tanto como antes, si no lo expreso. Si me encierro en mí misma.

    Pero es que vivo con cristales en los ojos, con temblores en mi cuerpo y miedo en mi alma.

  • Suicidio

    Estoy aquí, suicidándome en vida. Arrasando por la cuerda floja, cayendo de cabeza por el precipicio.

    No sé si estoy siendo yo, si realmente es lo que quiero.

    Muero.

    Necesito un nuevo principio. Tirarme por el acantilado y salir a volar.

    Quiero despegar, pero siempre que lo intento, me estrello, una y otra vez sin parar.

    Tengo las alas rotas, ahora están arrancadas, desgarradas. ¿Volverán a reconstruirse? Después de romperme tanto, después de autodestruirme.

    Corazón quebrantado soy, como una vagabunda andando por las calles de la sin razón. Estoy desfasada, apartada del mundo terrenal. Estoy en pleno mundo mortal.

  • Renacer

    Paulatinamente mi corazón vuelve. Está lejos, regresa des del Norte de Antártida, congelado pero ya cicatrizado. Y poco a poco se introduce en mi ser desde un suspiro por la boca, uno largo y pesado. Va bajando, podrido y marchitado, hasta colocarse en su lugar. No bombardea, está inerte. Aun así lo intenta, un latido cada cien quilómetros pensados. Pero entonces hay un milagro, su beso, que me alcanza por sorpresa haciendo florecerle una flor, muy pequeña pero con un sentir profundo.

    Ya no estoy muerta, he renacido otra vez.

  • Vuelo interno

    Lo estoy intentando, eso, de no ser tan rota de corazón. Y creo que lo conseguiré; ser fuego de alma.

    Quiero salir a la calle y flotar como la luna, por un recuerdo bonito, por tu sonrisa o por habernos besado. Lo estoy haciendo ¿eso se llama volar? Yo vuelo interiormente, y cuando te miro se me para el tiempo. ¿Es muy temprano para decir que me estoy enamorando? ¿Y por qué no? Otra vez, caer en la telaraña del amor. Las entrañas de mi dolor se van yendo y, yo, comienzo a explorar tu universo lleno de caos, como el mío. Y soy feliz, por un instante infinito, lo soy.

    Gracias por hacerme sonreír.

  • Siendo Estrella Polar

    Qué manía con eso de decir «a ver cuando follas» a alguien virgen. La verdad es que hay que sentirlo y para sentirlo, hay que vivirlo.

    Ellos no entienden lo que es besarse bajo la luna en una noche otoñal. No entienden lo que es sonreírse como bobos al mirarse, ni tampoco que las mariposas empiecen a florecer en un estómago que, anteriormente, estaba podrido. Que no entendéis lo que es mirarle y sentirse volar. Ni besarle, ni que me bese y sentirse estrella polar.

  • El chico de la chupa negra

    Sus ojos hicieron florecer mi alma porque me miraban tiernamente, con una sonrisa que bailaba al compás de nuestros corazones latir. Nacieron las cenizas de mi fuego marchitado, surgió el avivamiento de la llama. Porque él me miraba, me miraba. Y no sé cómo sucedió; dejé el vaso lleno de bebida en un muro porque me dijo de ir a pasear por las calles de aquella ciudad. Noche mágica, porque me besó. El chico de ojos verdes y chupa negra, me besó. Y volé, interiormente. Y mis alas empezaron a sanar. Y fue un beso delicado, lleno de pasión y amor. Amor, aquello que nunca me habían dado durante un tiempo que pareció eterno. Y seguimos andando hasta alejarnos de nuestros amigos llegando a la profundidad de la oscuridad. Luego, cambiamos de dirección, volviendo por donde habíamos bailado, agarrados de la mano. Y continuamos. Y nos volvimos a besar en medio de la calle La Rasa. Y fue espectacular. Cuando regresamos con nuestros amigos, habían desaparecido pues se movieron de sitio.

    Nos confesamos las realidades más oscuras y aun así, no detuvimos nuestra truega.

    Fue una noche distinta, fue una noche donde la luna nos envidió, pues brillamos más nosotros que ella.

  • Noche amanecida

    Entré en aquel cuchitril, ni recuerdo si te saludé o pasé de largo. Lo que sí sentí es como me miraste, como te miré -con aquella mirada dura, de chica con el corazón roto-. Como nos miramos. Te me acercabas a momentos y yo temblaba, siendo hueso de corazón, cristal de alma. Y venías, y te ibas. Y yo me paseaba y a veces desaparecía, pero presente te tenía. Hubo un instante en que me vine arriba -euforia esparcida por mis venas- y bailé. Y tú me observabas atentamente. Te sonreí, me eché a reír. Me seguiste el juego, y yo a ti. Pequeños instantes en que intentaste mover tu cuerpo con el mío, al mismo compás. Me detuve. Aquello no estaba en mis planes. Me desconcertaste. Hasta que salimos a la calle. Allí saqué de mi bolsillo una piruleta roja que la comencé a comer justo cuando me la quitaste. Qué audaz, todo tú un disfraz -personaje-. Quien me dijo frases cliché, entre todas, «Tú y yo juntos, mi princesa». ¿Cómo te atreviste? Irracional maleducado, fuiste muy inadecuado. Y seguiste. Y me cogías de las manos y la cintura, me mirabas e imitabas mi dureza, mi franqueza. Y es que aquella noche volé justo cuando me besaste en un bus donde nos saltamos las normas, colándonos. Me agarraste desprevenida, no sin antes haberme dicho que querías irte a algún lugar conmigo. Y luego el beso, reinando por toda la noche. Quizás, en un tal vez lejano lo haremos. Aun no. Demasiado pronto. Porque hay noches perfectas y, otras no tanto, pero aquella fue espectacular. Un mar de dudas, ¿qué será de ti? ¿Y de mí? ¿Habrá más, o no?
    Y luego de mis pensamientos borrosos, me llevaste a un portal y me besaste como un descarado. Amargado que no pudo saciar su sed. Fracasaste como hombre, triunfaste como lobo. Que sepas que no me he enamorado de ti, y que no lo pienso hacer jamás, porque sé y siento que aquello tuvo principio y fin en el mismo lugar.

  • Por un nosotros platónico

    Por aquella primera mirada,

    dura y fría.

    Por mi bordería.

    Por aquellas sensaciones sentidas,

    por las fantasías ilusas.

    Por él, por mí.

    Por su poco arte con la poesía,

    por sus palabras llenas de hechicería.

    Por los paseos dados en la última noche de Octubre,

    por sus dedos rozando los míos.

    Por su primer beso conmigo en un bus,

    aquel donde nos colamos, siendo malos.

    Por su rollo de verano,

    por mi aventura con él, rompiendo la regla del amor.

    Por la húmedad de nuestros corazones, y la oscuridad.

    Por su borrachera y locura,

    por su desfachatez y poca cordura.

    Por ser un mentecato,

    por tirarme de cabeza por el acantilado y aterrizar de pie.

    Por ser yo misma,

    por sentirme

    y por despegar a volar.

  • Perdida

    El viento encolerizado mueve mis entrañas, haciéndolas desvanecer. Matándolas.

    No son, están inertes. Como las margaritas que se escapan del astro solar y van hacia la oscuridad.

    Como yo. Me alejo de todo ser divino.

    No quiero luz, quiero sombra;

    y encontrarme entre mis pliegues de pieles, mis cicatrices y mis rasguños. Mis agujeros llenos de pena y tristeza.

    Quiero encontrarme, otra vez. Y perderme entre el aire, meterme y volar con sus corrientes. Subir a la cima y pegarme un tiro en el corazón, dejarlo ahuecado y matar mi pensamiento de una caída por el acantilado.

  • Tristeza

    Nostalgia agria recorre por mis venas. Es como aquel vino de color violeta tan amargo repiqueteando, encolerizado, contra mi corazón melancólico, alcoholizado y desgarrado. Porque la locura de mi alma sale a la noche endulzada y encantada. Ya no hay amor, se desvaneció. Desapareció. Sólo reina el dolor, el pudor y el color negro, medio estrellado, iluminado por algunas luciérnagas, la mayoría apagadas.

    La sangre estalla, creando infinidad de coágulos. Está danzando, bailando al compás de los cristales rotos que brotan de mis ojos. Chocan contra el suelo, y se rompen cada vez más, en diminutas partes. Particulas de desamor volando por el espacio.

  • Era dolor

    Tenía los ojos oscuros,

    y la piel muy blanca.

    Era hielo de corazón,

    y vocabulario mal hablado.

    Era herida,

    cicatriz,

    recuerdo

    y pasado.

  • Inmortalidad

    Ya no tengo alas, están cicatrizadas, desintegradas, desabrochadas de mi ser.

    Enterradas.

    Ya no puedo volar, no hay océano en mi alma. Sequedad en mis huesos.

    No hay horizonte en mi cielo, ni estrellas en mis ojos.

    Un grito que se queda atragantado en mi esófago, un salto fallido.

    Un intento,

    un Te quiero atascado.

    Un volando que desciende.

    Me quedan las manos y un par de pasos, los temblores y miedo.

    Porque estoy perdiendo, agarrándome al acantilado del precipicio.

    Me estoy suicidando en vida sin llegar a ser muerte. Soy inmortal.

  • Quieto

    ahí donde estás.

    Gírate y vete,

    regresa a tu hogar.

    Ya no te quiero aquí,

    vete.

    De mi vida,

    de mi cuerpo,

    de mi mente.

    Y no vuelvas jamás.

  • Flor machacada

    Mis letras no se apagarán,

    resurgirán entre las cenizas

    y se incendiará un infierno

    -el de mi interior-.

    Cuerpo,

    huesos,

    corazón,

    alma,

    estrellas

    y flor machacada

    pero no marchitada.

  • Delirio

    Ojalá -estoy delirando-,

    ojalá no seas como los otros.

    No quiero la distinción,

    quiero la imperfección

    y la esencia.

    Un motor, tu corazón,

    que te acerque a mí sin querer.

    Y me busque queriendo,

    y me encuentre.

    Y me quiera,

    y que me lo repita una y otra vez.

    Porque no me han querido nada,

    y no me lo podré creer.

    Será irreal.

    Demasiado surrealista.

  • ¡Nueva historia!

    Buenos días;

    Sé que no estamos a lunes pero yo os informo igualmente porque puedo y quiero.

    «Rompiéndose a pedazos» en Wattpad: https://my.w.tt/g4HiLe1WvR

    Siento que es una historia que os gustará porque son pequeñas historias cortas y rápidas de leer.

    Así que, ¿a qué esperáis?

  • Inerte

    Me ves pero no escuchas como chocan los cristales de mi corazón cuando me muevo; en un andar, en un baile, en un gritar o en un hablar.

    Rota soy, rota voy.

    Me observas pero no contemplas, no aprecias, como se mueven mis huesos, el ruido que hacen, como repiquetean contra el suelo. Se han caído en un vuelo, en un intento de abrir las alas.

    Rotas son, rotas van.

    Estoy débil, soy frágil.

    Un soplo, un silbido en un silencio que se hace eterno. Y susurro, nadie me escucha. Sólo me ven, algunos observan pero no sienten mi alma perforada. No la pueden localizar, normal, ya no está.

    Paulatinamente me voy deshaciendo de lo que sentía tiempo atrás, pues ya no estás. Y me deshago por completo del sentimiento de sentir.

    Estoy inerte.

  • Enamorarme

    Lo siento, compañero, no puedo sacarte de mi mente. Te vi, y te clavaste de repente, como quien no se da cuenta de que está empezando a sentir algo. Aquello indescriptible, indescifrable.

    No sé cómo eres, ni te conozco.

    Sólo podría describir tu físico, es lo único que no desconozco. Aun así, no lo haré pues saldrías mal herido y yo también. Porque todo saldría del revés.

    Debes saber que cuando me enamoro, no soy consciente de ello, y cuando estoy en pleno auje, me encapricho hasta obsesionarme y arrancar la cordura de mí misma, volviéndome loca. Además, soy una pecadora, no por infiel, sino por ser perdedora en todos los sentidos y ámbitos de la vida, concretamente el amor. Porque soy reina del dolor y del desamor.

  • Jueves

    Era un día lluvioso, húmedo y fresco, aunque no demasiado. El suelo estaba mojado -un puzzle de charcos- las hojas de los árboles se movían al compás del aire que iba y venía, sutilmente, y se entre veían rendijas en el cielo, medio gris, medio azul celeste.

    Salí y me dirigí hacia la estación, preguntándome a cada paso qué sería de él. Hasta que le vi, de espaldas, y lo reconocí.

    En aquel momento sólo podía pensar si me perseguiría, si seguiría mis huellas y si las alcanzaría. Si sentiría latir su corazón al compás del mío, si sería comprendida y si había una pequeña posibilidad de que me leíera, y no el cuerpo sino el alma.

    Fruncí el ceño y bajé la cabeza enfocando mis ojos en el suelo hecho de cemento, supe, por un instante eterno, que sería imposible. Ya nadie podría volver a ser conmigo. Había perdido la capacidad de querer, de ser vida con alguien. De sentir.

    Seguí mi rumbo, aparentemente despreocupada, internamente acongojada. ¿Qué sería de mí? Me pregunté una y otra vez. No lo sabía. Lo único que sabía era que mi corazón se había cerrado con un candado donde la llave no se hallaba en ninguna parte.

    ¿Sería alguien capaz de volvérmelo a abrir?

  • Enfadada

    Estoy asustada, y soy una melancólica. No tengo locura, y estoy borracha. Es como tener una mala racha; la mía empezará cuando esté sana completamente, sin ser de mente, demente.

    Porque a cada día que pasa, menos inspiración y más cordura. Quiero tener pocas luces, moverme por instintos y follarme cada risa.

    Soy ira, arranco las pieles -palabras- de mis cicatrices. Las saco con las garras.

    Enfadada.

  • Más

    Ese momento, justo cuando eres el color blanco. Cuando existes pero no estás, cuando el pensamiento se te va y las palabras danzan caóticas.

    Ya no eres, o mejor dicho, eres aun más;

    más persona,

    más vida,

    más alma,

    más instinto,

    más ser.

    Más.

  • Retrospección

    Soy de esas chicas que cuando se pone nerviosa, se muerde el labio inferior. Que le late el corazón a tres mil por cualquier pequeño acontecimiento, y el sudor le empieza a palpar la piel.

    Soy de las que se levanta dos horas antes para llegar a tiempo a los lugares, de las que camina como si tuviera prisa y mira el reloj sin mirar la hora.

    De las que se queda en pie mirando un infinito y se le nublan las pestañas.

    Soy de las que llora por todo, de las que calla o sonríe como una boba por la calle por una historia imaginada.

    Soy, de las que se apresura por todo y siempre lo hace a último momento.

    De las que escribe a escondidas, siempre metida en casa o en caulquier cafetería.

    Soy de las que perciben miradas y sienten almas.

  • Alguien

    A veces te veo, a veces no.

    Siempre estás, aunque nunca presente; en mi mente.

    Eres, yo ya no.

    Lo único que sé es que te gusta escribir, como a mí. Me gustaría leerte, los ojos. Descífrarte la mirada y cantar al mismo compás que tus labios. Aun no te he visto sonreír, pero seguro que es una sonrisa follable. Como todo tú.

    Follarte en letras,

    versarte prosa,

    leerte poesía.

    Tocarte,

    sentirte,

    mirarte y,

    besarte.

  • Ya no siento

    Intentos de escribir un texto bueno, mejor dicho, decente. Que tenga esencia, el ser. Que exista por sí mismo. Pero como ya no soy, es decir, que ya no siento, pues no me pierdo y no tecleo letras en estos tiempos. No puedo, porque no me nace escribir canciones de letras, y aun así, hago metáforas.

    No soy mariposa, soy gusano; aun aguanto, estoy madurando.

    De hecho, quiero escribir poesía, tirarme en una vía y renacer en otro día.

    Y, hay veces, en los que los textos largos no son los mejores, pero es que los míos son los peores.

  • ¿Viva o muerta?

    Estoy bloqueada, no me salen las palabras. Y no en el habla, sino en la escritura.

    Porque empieza la muerte, la mía. Justo cuando sale el sol, a mí se me nubla el corazón. Ser sin razón. Descuidarse y lamentarse.

    ¿Qué se es cuando no hay ser en tu interior?

    Seré persona,

    seré vida,

    seré amor u odio.

    Seré un objeto,

    o subjetiva.

    Seré una canción,

    una risa.

    Lo que no sé es si estoy viva o muerta.