No sé a qué espero exactamente… ¿A que se caiga el tiempo? ¿A que se desubique el tempo? ¿O a que se incendie mi propio espejo? ¿Espero a que se deshagan los muertos? ¿Y si te hablo del muermo de mi pasado? El caso es que no hay caso. ¿O qué? Que qué de qué. De nada. Las luces, o mejor plasmado, las luciérnagas se estarán bien quietas. Espero, vaya. No hay otra. ¿O sí? Bonita, breve, escasa y escueta coincidencia. Si me concedieras esta danza, quizás otro ser sería yo. Es decir, que mi ser interior… ¿Se pintaría de otro color? Es que, perdóname, o no, voy cansada: la gota que colmó el vaso sigue resbalando, y ahora, solo queda aquel escopetazo. ¿Saldrá o decidirá encerrarse? El día pasará, la suerte trascenderá. Se paseará, también. Necesito un poco de Ron, que dejes de hablar y empieces a actuar. Sácate la verdad a pieles. Que te duela, que te escueza la sinceridad, y que a la realidad se le atragante la pena, que baila muy sola, como la luna, como la luciérnaga de antes. Ambas centellean por su miserable, e increíble, presencia. Sujétame esta, la mala, digo, que para buena ya estoy yo. ¿Qué dirá la otra mitad de mi corazón? ¿Estará conmigo la razón? Me voy.
Espero un café espresso

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