Categoría: Escritos

  • Septiembre

    Camino descalza por la casa mientras pienso qué escribirte, y cojo dos hojas en blanco para herirme. Dejo soltar balazos, me disparaste, fue un disparate, me estrellaste.

    Eres un sastre, desorientándome las palabras, sanándolas con tus versos enteros, completos. No sé como podré compensarte, tal vez besarte. Me ausento, ya no me veo. Respiro tu aliento, muero. Y sonrío, porque tú sonríes, porque se me escapa sin querer, tú eres el culpable al hacer mis sueños renacer.

    Me he enamorado de tu ser, que en cada amanecer vuelvo a caer. Eres puro veneno, no el que envenena, sino el que enferma hasta sanar mi alma. Déjate amar, déjame que te ame, ámame.

    No me des alas, si después vas a cortármelas, lo siento, no quiero sufrir más.

    Llantos sordos, sinceros en todos los inviernos, muertos, como anhelos nunca conseguidos. Te necesito aquí a mi lado, para poder revivir. No me odies, ahora que estoy empezando a sentir, dentro de mí, que estás aquí, aunque sea solo ausencia.

    Perdóname, no quiero fingir más, voy a luchar, no sé cómo, no sé nada de amar. Y es que el miedo oscurece mi persona interna, entiéndeme.

    Te he soñado tantas veces, perdóname otra vez. Y es que no se puede elegir, excepto el huir. Una cobarde fui, pero ¿qué? ¿Me dejarías otra oportunidad?

    Me gustaría leer tus versos, que me los cantes a besos.

     

    16 de septiembre

  • Y bésame,

    en la comisura de mis tiernos labios ¿tal vez?

    Te escribiré poesía, sellándola por todo tu cuerpo, gélido; que sé que antes no tuviste el suficiente sentido como para amar, y aunque no lo necesites, lo querrás.

    Y yo te haré la locura, deshaciéndote de la cordura; desvistiéndote.

    Tiernos besos, segura estoy, quiérete, quiéreme.

    Necesito que me leas, que estés presente mientras mis lágrimas rueden por mis mejillas heladas. Durante mis tiempos más inciertos, aquellos que fueron ambiguos y, ahora, vuelven sin abrigo. Anhélame, deséame. Y, que seas quien seas, yo te querré sólo si tú antes me has querido, y aún con aquel dolor incrustado -vertido en tu corazón- sigues queriéndome.

    Porque estoy escribiendo en una de éstas noches, créeme cuando digo que no puedo dormir. Aprovecho el tiempo, ansias de ti. Si estuvieras aquí… me harías tan feliz. Porque quiero borrar, eliminarte de mis pensamientos. ¿Y crees tú que, tal vez, esto sea posible? Respóndete, que sabrás bien si afirmar o negar.

    Yo lo negaré todo cuando me descubras, cuando vengas y me digas «Oye, yo te leí». Por aquellos instantes demasiado tarde será, porque yo ya no estaré aquí.

     

    29 de agosto, 2016

  • mi necesidad, era (e)s tú

    A veces creo verte, pero no estoy segura de ello. Hoy te he visto, o tal vez haya sido un sueño. Pero estoy segura, demasiado. Hasta he escuchado como pronunciaban tu nombre, y tu apodo también.

    Creo que, de lo enamorada que estoy de ti -aunque diga que te odio y quiera autoconvencerme de ello, que es imposible- te veo, o te sueño, o tal vez sean las dos cosas.

    Siempre estoy imaginándome mil historias junto a ti, que sé que no pasarán, porque aquello imaginable acaba siendo una ensoñación, tan profunda que parece verdad sólo por el hecho de creértelo.

    No puedo, ya no. No sé si es por ti o por otro, sólo siento que necesito alguien a mi lado, que me cuide. Y que me quiera. Y sé que no existe, porque todo es demasiado surrealista. Y a «todo» me refiero al amor.

    Por instantes, lloro, amargas lágrimas. Por otros, se me atragantan en mi garganta. Porque pienso demasiado, tal vez ese sea mi problema. No puedo evitarlo, mucho menos negar… ¿Y todos aquellos recuerdos donde éramos felices? Sé que no eramos nada, simplemente compañeros de clase, hasta amigos. Pero, mejor eso ¿no? Lo que valía era que sonreíamos conjuntamente y, yo, por aquellos tiempos, era la chica más feliz.

  • INSTINTS REVELATS

    El que no entenc és per què m’haig de despertar a les 4:52 per un malson. Ara no puc adormir-me, m’ha atrapat la por, tant profundament, de tornar a somiar el mateix, que m’ha estripat el cor.

    Aprofito, per escriure, per llegir. Disfruto del meu oci, tinc temps lliure durant el dia, però en aquest instant, on només hi ha pau i tranquil·litat per tot el meu voltant -ja que el meu interior és ple d’inestabilitat- és un regal.

    M’ho haig d’agafar com un fet completament positiu. Anhelava amb totes les meves ganes, tenir un moment per a mi, i és aquest. I l’agafo, perquè és una oportunitat gairebé important. Per a mi, ho és.

    Sé que per a molts, és una bogeria. Dins d’aquests «molts», està la gent que va a dormir i no es desperta fins el matí. Dorm en un son profund i plàcid. Doncs ho sento, veritablement, però jo no.

    En certa manera, és com si l’univers em preparés pel futur, on se suposa -perquè tothom ho suposa- que hi haurà una dura lluita, contra mi mateixa. Però valdrà la pena, d’això no en dubto pas.

    Sento que el meu cor m’ho revela per instints, desitjant-to cada vegada amb més intensitat.

  • evasió, invasió

    No vull, m’indigno a escriure d’aquest sentiment tant absurd però, tot i així, és impossible. Perquè un cop estic davant d’una pantalla en blanc amb el cursor saltant i els meus dits sobre el teclat, amb la meva raó que fuig pel més diminut racó; ja és impossible evitar el que les paraules t’explicaran a cada pas.

    Tampoc sé descriure’l, no ho faig des del sentit comú, sinó des del sentiment, del fons del meu cor. Realment, no ho sé, perquè compost no està, llavors, d’on surt tot aquest garbuix tant indecís i poc compacte?

    Sigui el que sigui, vull marxar.

  • corazón impuro

    Ahora, justo ahora. Dejo de sufrir, por los demás, por mí. Dejo de sentir ni siquiera una pizca de amor hacia ti, no quiero sentirla porque cuando lo hago me siento perdida, hundiéndome de camino hacia la deriva. Y empiezo a ausentarme, y dejo de quererme y amarme, de ser yo.

    ¿Qué es el amor? ¿Nunca sentiste dolor?

    Dejo de sentir impotencia, dejo de querer luchar por ti, porque cada vez que lo intento, desisto, no resisto, y pierdo. No quiero perderte y, por mala suerte, soy yo la que se pierde.

    Sé que no te importo, sé que sabes de mi existencia y que aun así te doy igual. Porque no soy nada, sólo persona, aunque poco a poco voy dejando de serlo. Me convierto en alma, en un hada con las alas rotas.

    Caí del cielo, siendo corazón puro y, ahora, me levanto saliendo del infierno, con corazón duro, ensangrentado y quemado.

  • Te sueño, lo siento, pero creo que te quiero

    Te sueño, quiera o no, te sueño.

    Hoy te he soñado otra vez;

    Y, no sé por qué motivo, te pedía la moto. Quería conducirla, tal vez. Pero no podía porque no sabía. Y tú estabas allí presente, siempre lo estás. Aunque en la realidad jamás.

    No puedo decir nada, porque no lo sé. No sé qué siento, ni qué quiero pero, quizás, te echo de menos.

    Y es que entre nosotros somos inexistentes, porque éste, el vinculo que de alguna manera debería -debe- vincularnos, no existe.

    Y no es la primera vez, y creo que ya son más de tres. Y de todo ello sólo recuerdo aquel beso.

  • Atardecer

    Te veo en los atardeceres, vislumbrándote en la negrura de mis noches más veraniegas, mientras, sin querer, te pienso en cada amanecer. Porque eres aquello que no quiero, lo que más odio.

    Un espejismo de mi retrato, píntame a cada rato. Te necesito, curioso es, porque nunca te he tenido en mis brazos; eres aquel ser más anhelado, el adorado por todos los otros, excepto por mí. Porque yo, te odio.

    Nada de lo que te escribo tiene sentido, ni tampoco va dedicado hacia ti, aunque tal vez sí.

    Pero ti no eres tú, porque el que eres tú, por mí odiado estás siendo. Por decirlo de algún modo, tú no eres tú. Y, yo no soy yo. Porque ni tú ni yo, ni yo ni tú.

  • pero que yo, ya paso

    No entiendes el concepto, te pierdes como si estuvieras en un mar abierto. ¿Y qué utilidad tiene tu cerebro? Si es de mente cerrada, con las neuronas desencajadas. Piensas lo que no es y crees lo que no debes. Pero que yo ya paso, de tu actitud nefasta que no vale ni media farsa. Ni eres, porque para ser hay que estar, y tú ni estás. No tienes ni los pies fuera, porque te encanta lo cotidiano. Que yo lo veo, y que no pasa nada, pero que yo, ya paso.