El lobo

Observo el cielo nublado y luego siento. Me recreo en mi sentimiento, en mi corazón. Me percato de algo: que está hecho trizas. Y tanto que vivo anestesiada en un mar de tristeza incurable. Necesito salir a flote. Permitirme sobrevivir. Déjadme en mis cicatrices, caos y delirios, que así soy feliz. Luego aparece el monstruo -el lobo- y me asusto conviertiéndome en diminuta. Empequeñeciéndome.

Escribiendo en bucle

Siento que es un bucle, repetir el círculo que parece que no tiene fin.
Capítulo dos, y otra vez. Borré y escribí, de hecho, reescribí. Y, las palabras, resquebrajándome, me rompieron el corazón. Una y otra, y otra, y otra vez.
Siempre hablo del suicidio, ya estoy cansada. Hartada de comer tantos malos augurios, de ser y sentir tanto,
tanto.
Quiero, no sé, vivir sana ¿Quizás? Pero es que -es que- sino no habría textos, ni palabras formándose. Copulando en una canción llena de intención, y grietas.
Que vuelan,
arrasando el suelo.
-Arrastrándose-.
Momentos de querer salir a la superfície y sentirlo.
(Lo siento por no vivir y sentir tanto).
Que me tocan, los sucesos, y me hacen crujir, rugir.

¿Te quiero?

Pues ya no sé si te quiero, y eso es peligroso. Mucho.
Puede matar almas,
y lo peor,
te puede fastidiar a ti;
que tu corazón duro como una piedra se te rompa minuto a minuto,
trozo a trozo.
Y te va a joder,
-te va a joder-.

2o día confinada, en Navidades

Cuando he salido a la calle me he ahogado en sentido figurado. Y que lo entienda quien pueda y quiera.
Sencillo no ha sido,
pero el dolor abundaba
y la fragancia
-el olor-
a miedo se entreveía por las calles de la ciudad.
No ha sido más de media hora, pero ha sido suficiente
para morir en el acto y sin gente;
mucho delincuente
-persona irresponsable-.
Como yo,
como todos.
Sólo quiero vivir unos días más y, si no es posible,
vida mía,
déjame sobrevivir.