Breve historia

Que envidiosa es la gente. Tú, por ejemplo. -Ann

¿Por qué?

¿Por qué lloraste el otro día?
¿Qué fue?
¿Rabia?, Fiera acumulada.
O dolor, o temor.
Puro desamor. Triste querer y no poder. Y hacer errores, serlos.
Que la vida, -la vida- está llena de miseria. Y créeme: podrás.
Con esto y todo lo demás.

Gracias, pero no

Estoy mal, no hace falta que preguntes pero gracias. Por tu amabilidad, por tu cordialidad, por tu interés. Ha sido muy descortés y desolador. No me preguntas nunca y, justo esos días, te pica la curiosidad.

Mira niña -o mujer- la vida no funciona así, bueno, no debería. Porque son tres copas de vino con tus colegas o un JM con tus seres más queridos. Que sí, que la vida es un “emborrachémonos”, una resaca de medio día y una muerte de mierda, inesperada. Como todos los sucesos que van y vienen consecutivamente. Créeme cuando digo que no quiero, que no me apetece o que, simplemente, no.
Y llueve,
llueve
y llueve.
A cántaros y cantando.
Que duele;
más a mar que a río. Es decir, hacia dentro y en bucle. A tornados y a remolinos sin fin.

Envidia -sana-

Miénteme a la cara,
nena,
y déjame caer.
Mírame,
me levantaré
y correré
y volaré.
Arrasaré,
y aunque sea por el suelo…
Arrasaré.
Triunfaré
mientras tu carita de niña buena
se convierte en pura rabia.
-Envidia-.
Y créeme,
te dolerá.

Escribiendo en bucle

Siento que es un bucle, repetir el círculo que parece que no tiene fin.
Capítulo dos, y otra vez. Borré y escribí, de hecho, reescribí. Y, las palabras, resquebrajándome, me rompieron el corazón. Una y otra, y otra, y otra vez.
Siempre hablo del suicidio, ya estoy cansada. Hartada de comer tantos malos augurios, de ser y sentir tanto,
tanto.
Quiero, no sé, vivir sana ¿Quizás? Pero es que -es que- sino no habría textos, ni palabras formándose. Copulando en una canción llena de intención, y grietas.
Que vuelan,
arrasando el suelo.
-Arrastrándose-.
Momentos de querer salir a la superfície y sentirlo.
(Lo siento por no vivir y sentir tanto).
Que me tocan, los sucesos, y me hacen crujir, rugir.

¿Te quiero?

Pues ya no sé si te quiero, y eso es peligroso. Mucho.
Puede matar almas,
y lo peor,
te puede fastidiar a ti;
que tu corazón duro como una piedra se te rompa minuto a minuto,
trozo a trozo.
Y te va a joder,
-te va a joder-.

Mal humor

No sé cómo expresarlo con palabras. A veces tengo rabia metida en mi cuerpo y se consume de golpe. Y es tan ardiente que hago arder a las personas. Y jodo, y me jode. Es jodido. Saco todas las llamas al exterior y soy más demonio que ángel. Y acabo echando a perder mi persona y a los demás y, los otros, sacan la ira en contra de otros.
Está bien estar mal.
No debería preocuparme.
Porque son momentos que acabarán. Son instantes cortos. Y me duele hacer daño, me duelo a mí misma.
Pero soy humana, tengo distintos humores. A veces buenos y a veces malos.
Que si río,
que si lloro,
que si grito,
que si respiro,
que si mato
o que si quiero.
Hay tantos; ni gris ni negro.
A todo pulmón, a todo color asfixiado, sin tinta.

Brujo

Que los prejuicios son muy malos, y la mala hostia que tengo yo te mata a muerte. Que sé que quieres romperme, a pedazos. Y a regañadientes intentas hundirme. Que sepas que soy fuerte, que me he cansado y estoy harta de las sandeces. Así que agárrate bien los huevos y echa pa’ lante. Arranca. Jódete; soy humana y las rompeolas me acaban resquebrajado, quebrando el corazón en pedazos pequeños, pero, oye, no hay cojones de que me mires a los ojos fijamente y me digas: Te quiero. Que yo lo sé, y nadie más. Y no hay mejor momento para hacerlo que de frente. Pues te diré que no, que estoy satisfecha y que adiós. Que lo pases bien allá donde vayas que yo no estaré.