Categoría: Escritos

  • Era dolor

    Tenía los ojos oscuros,

    y la piel muy blanca.

    Era hielo de corazón,

    y vocabulario mal hablado.

    Era herida,

    cicatriz,

    recuerdo

    y pasado.

  • Inmortalidad

    Ya no tengo alas, están cicatrizadas, desintegradas, desabrochadas de mi ser.

    Enterradas.

    Ya no puedo volar, no hay océano en mi alma. Sequedad en mis huesos.

    No hay horizonte en mi cielo, ni estrellas en mis ojos.

    Un grito que se queda atragantado en mi esófago, un salto fallido.

    Un intento,

    un Te quiero atascado.

    Un volando que desciende.

    Me quedan las manos y un par de pasos, los temblores y miedo.

    Porque estoy perdiendo, agarrándome al acantilado del precipicio.

    Me estoy suicidando en vida sin llegar a ser muerte. Soy inmortal.

  • Quieto

    ahí donde estás.

    Gírate y vete,

    regresa a tu hogar.

    Ya no te quiero aquí,

    vete.

    De mi vida,

    de mi cuerpo,

    de mi mente.

    Y no vuelvas jamás.

  • Flor machacada

    Mis letras no se apagarán,

    resurgirán entre las cenizas

    y se incendiará un infierno

    -el de mi interior-.

    Cuerpo,

    huesos,

    corazón,

    alma,

    estrellas

    y flor machacada

    pero no marchitada.

  • Delirio

    Ojalá -estoy delirando-,

    ojalá no seas como los otros.

    No quiero la distinción,

    quiero la imperfección

    y la esencia.

    Un motor, tu corazón,

    que te acerque a mí sin querer.

    Y me busque queriendo,

    y me encuentre.

    Y me quiera,

    y que me lo repita una y otra vez.

    Porque no me han querido nada,

    y no me lo podré creer.

    Será irreal.

    Demasiado surrealista.

  • ¡Nueva historia!

    Buenos días;

    Sé que no estamos a lunes pero yo os informo igualmente porque puedo y quiero.

    «Rompiéndose a pedazos» en Wattpad: https://my.w.tt/g4HiLe1WvR

    Siento que es una historia que os gustará porque son pequeñas historias cortas y rápidas de leer.

    Así que, ¿a qué esperáis?

  • Inerte

    Me ves pero no escuchas como chocan los cristales de mi corazón cuando me muevo; en un andar, en un baile, en un gritar o en un hablar.

    Rota soy, rota voy.

    Me observas pero no contemplas, no aprecias, como se mueven mis huesos, el ruido que hacen, como repiquetean contra el suelo. Se han caído en un vuelo, en un intento de abrir las alas.

    Rotas son, rotas van.

    Estoy débil, soy frágil.

    Un soplo, un silbido en un silencio que se hace eterno. Y susurro, nadie me escucha. Sólo me ven, algunos observan pero no sienten mi alma perforada. No la pueden localizar, normal, ya no está.

    Paulatinamente me voy deshaciendo de lo que sentía tiempo atrás, pues ya no estás. Y me deshago por completo del sentimiento de sentir.

    Estoy inerte.

  • Enamorarme

    Lo siento, compañero, no puedo sacarte de mi mente. Te vi, y te clavaste de repente, como quien no se da cuenta de que está empezando a sentir algo. Aquello indescriptible, indescifrable.

    No sé cómo eres, ni te conozco.

    Sólo podría describir tu físico, es lo único que no desconozco. Aun así, no lo haré pues saldrías mal herido y yo también. Porque todo saldría del revés.

    Debes saber que cuando me enamoro, no soy consciente de ello, y cuando estoy en pleno auje, me encapricho hasta obsesionarme y arrancar la cordura de mí misma, volviéndome loca. Además, soy una pecadora, no por infiel, sino por ser perdedora en todos los sentidos y ámbitos de la vida, concretamente el amor. Porque soy reina del dolor y del desamor.

  • Jueves

    Era un día lluvioso, húmedo y fresco, aunque no demasiado. El suelo estaba mojado -un puzzle de charcos- las hojas de los árboles se movían al compás del aire que iba y venía, sutilmente, y se entre veían rendijas en el cielo, medio gris, medio azul celeste.

    Salí y me dirigí hacia la estación, preguntándome a cada paso qué sería de él. Hasta que le vi, de espaldas, y lo reconocí.

    En aquel momento sólo podía pensar si me perseguiría, si seguiría mis huellas y si las alcanzaría. Si sentiría latir su corazón al compás del mío, si sería comprendida y si había una pequeña posibilidad de que me leíera, y no el cuerpo sino el alma.

    Fruncí el ceño y bajé la cabeza enfocando mis ojos en el suelo hecho de cemento, supe, por un instante eterno, que sería imposible. Ya nadie podría volver a ser conmigo. Había perdido la capacidad de querer, de ser vida con alguien. De sentir.

    Seguí mi rumbo, aparentemente despreocupada, internamente acongojada. ¿Qué sería de mí? Me pregunté una y otra vez. No lo sabía. Lo único que sabía era que mi corazón se había cerrado con un candado donde la llave no se hallaba en ninguna parte.

    ¿Sería alguien capaz de volvérmelo a abrir?