Categoría: Escritos

  • Quiero que me quieras

    Quiero que me quieras puta, alocada y guerrera.

    Quiero que me quieras por lo que fui, lo que soy y lo que seré.

    Quiero que me quieras ya sea con mi amargura o mi alegría. Con mi día a día.

    Quiero que me quieras sin ningún motivo y con todos a la vez.

    Quiero que me quieras siendo ave o mosquita muerta.

    Quiero que me quieras libre.

  • Recuerdos

    Recuerdo la primera vez que te vi cuando pensé: «¿De qué palo va este tío?» Y también cuando tu cara me hacía reír a carcajada libre.

    Recuerdo cuando nos veíamos y me dabas dos besos, uno en cada mejilla, con mucha ternura y amor.

    Recuerdo cuando me encarabas para hablarme y observarme. Cuando me sacabas temas de conversación y me hacías sonreír.

    Y también cuando empezamos a quedar porque mi «lio de invierno» comenzó a ignorarme. Aquella vez que fuimos a la biblioteca a estudiar y estuvimos más hablando, riendo y jugando que otra cosa.

    Recuerdo cuando te di mi libro escrito por mí. También cuando me acompañabas por las noches a casa.

    Recuerdo aquel 15 de Diciembre cuando quedamos tres veces consecutivas: mañana, tarde y noche. Y tu declaración de amor, mi incertidumbre y mi decisión de la cual no me arrepiento para nada.

    Nuestro primer beso, que te lo robé yo y lo planificaste tú. Porque tú te morías por uno, y yo también. Porque nos moríamos los dos por besarnos sin parar.

    Recuerdo mi primera lágrima contigo y como te dije: «No es nada, ya está, ya está». Estábamos en el coche de tu padre.

    Recuerdo nuestra primera vez que hasta que no te di el consentimiento no seguiste. Y cuando te dije «Sí» entonces continuaste.

    Recuerdo cuando me decías: «Ven que voy a partirte la boca a besos».

    Recuerdo que me dijiste: «Me gusta hablar contigo». En aquel momento se me enterneció el corazón.

    Recuerdo cuando me brindaste amor sin que yo te lo pidiera y me quisiste sin yo quererte hasta que te quise y llegar a querernos sin querer.

  • Contigo

    Contigo soy paz, amor y guerra.

    Paseamos por la ciudad mientras tú llevabas un cucurucho de patatas fritas en la mano y yo tu mirada en el alma.

    Te quise en todos los instantes pasados, y presentes. Te tuve ensimismado en mi mente. Porque eras y eres mi fuente de energía.

    Seguimos caminando sin parar de hablar hasta llegar a un parque. Nos sentamos en el césped donde delante había un lago, un bar y muchas luces encendidas. No era excesivamente bonito, porque para eso ya estabas tú. Pero tenía un encanto porque a tu lado, todo era magia.

    Y estuve hablando un rato largo yo, mientras mi mirada se perdía en un punto borroso lejano y en tu rostro. Luego hablaste tú. Sacamos muchos temas de conversación.

    Fue una noche agradable. Y es que me agarraste y me besaste. También me miraste. Y yo te miré y te observé, y me enternecí. Porque te tuve entre mis brazos pudiéndote acariciar y besar. Pudiendo ser contigo.

    Tuvimos paz en nuestros sentimientos, nos dimos guerra con los diálogos y mucho amor con los besos.

  • Noche de madrugada

    Salí con mis amigas de noche para ir a cantar a un Karaoke.

    Canté un poco, sonreí pero no reí. Fruncí el ceño porque mi cabeza dolía y no por el alcohol ingerido sino por la música tan alta. Un chico me observó, pero ligó con mi amiga. Me dio igual, no estaba dolida sino enamorada. Y no de cualquiera que estuviera allí.

    Entonces sonó una de las canciones que cantamos a veces cuando vamos en tu coche: «Tu jardín con enanitos», de Melendi. Sonreí y luego me puse melancólica. «Sácame de aquí», pensé. Y se me pasó pensando en ti. Siendo contigo sin estar juntos.

    Me puse a reflexionar… No quería que fueras mi pilar más importante en mi vida sino unos de mis pilares porque si un día no llegases a estar me derrumbaría. ¿Y que sería de nosotros? De ti, de mí. No sabía cómo hacerlo, quizás porque los otros pilares de mi vida se estaban destruyendo por eso tú eras el más valioso. Y no en oro sino en tiempo.

    Luego desistí. Intenté disfrutar de lo que quedaba de noche. Estaba cansada y mi objetivo en aquellos momentos era observar a las personas: cómo se movían, qué hacían y hacia donde iban. Me desvanecí y cuando regresé, viví.

  • Probabilidades

    Estábamos sentados en un banco que en un futuro sería nuestro banco pero que de momento era «un» banco.

    Estuvimos hablando, más él que yo. Reflexioné sin llegar a ninguna conclusión pero con dudas en mi mente. Entre todas: «¿De qué palo iba ese chico?»

  • Fisura amarga

    Y me sumerjo en una nueva historia para vivirla, para contarla.

    «Ojalá estuvieras aquí», pienso. Y es que hace muchos instantes que ya no estás. Me has roto entera, de pies hasta alma.

    Te odio tanto porque una vez te quise con todo mi ser. Y lo sabía que pasaría, que esto terminaría. Pero, ¿Por qué a mí? ¿Por qué siempre tengo que ser la de la mala suerte en eso del amor?

    El desamor me concede demasiados bailes, y yo, que los bailo como una bailarina profesional. ¿Y para qué? Para romperme los huesos de tanto sufrimiento. Se desintegraron.

  • Pensamientos

    Estábamos su familia, él y yo juntos en el coche volviendo hacia nuestra ciudad de una cena con muchas risas. Contemplaba la noche desde la ventana; luces, cielo, oscuridad brillante y retrospección de mis sentimientos. Cristalización de ojos y un «¿me recuesto en su hombro?» No podía más del cansancio que sentía y lo hice: me acomodé un poco. Enamorada estaba; una loca hechizada era. «¿Cómo le puedo querer tanto?» Me cuestioné. «Su culpa», volví a pensar.

  • Fotografías

    Y me puse a observar nuestras fotografías donde tú eres el protagonista. Quien destaca, la alegría de mi vida.

    Un momento,

    una luz

    y un beso.

    Te quiero,

    gracias por dejarme entrar en tu mundo.

  • Libertad

    Quizás esta sea mi oportunidad, mi libertad.
    Volver a volar.
    Convertirme en mariposa y surfear en el cielo.

    Ser rama y a la vez hoja, moverme al compás de las copas de los árboles.

    Ser, siempre estar aunque a veces esté siendo nube flotante.

    Porque ya no sé ser racional, sino pasional.