¿Cómo estáis? Espero que bien…
Sólo os vengo a informar que, ahora que ya es Febrero, he publicado una nueva historia en Wattpad, llamada «Alcoholizada de alma». Mi usuario es Perezita.
¡Pasaros! ¡No perdéis nada!
Gracias, sois amor.
¿Cómo estáis? Espero que bien…
Sólo os vengo a informar que, ahora que ya es Febrero, he publicado una nueva historia en Wattpad, llamada «Alcoholizada de alma». Mi usuario es Perezita.
¡Pasaros! ¡No perdéis nada!
Gracias, sois amor.
Regálame una estrella florecida y triplicada por mil pétalos aun sin florecer. Que sean eternos, que tarden en crecer porque sí. Por nosotros. Brindemos por nuestro pasado y celebremos el presente. El futuro ya se verá.
Y quiéreme más hoy que ayer y ven, ven aquí, a mi alma. Porque la cuidaste y lo sigues haciendo. Regándola y haciéndola crecer. Ahora es fuerte y eterna, pero eso gracias a mí. Con mis heridas llenas de cicatrices se ha fortalecido. Todo por mi yo interno, y por desarrollarse hacia adentro. Eso es lo más hermoso del mundo.
Y me encanta, y me enamora.
La vida es bonita.
No tengo ni tiempo para escribir, aun así rompo las horas, detengo los minutos y ralentizo los segundos. Porque no hay placer más bonito que sentirlo, y tenerte en mí. Lo sé, se me están escapando las palabras y, las letras, que juegan juguetonas sin parar. Se mezclan y vuelven a cantarte la poesía más bonita del mundo; la que escribo con mis manos para ti. Sin sufrir se vive y sufriendo es vivir. Siempre en gerundio, en un presente en tiempo activo.
Te quiero, siempre presente aquí, en mi corazón.
Y sí, otra vez ha sucedido, vuelves a estar en mi alma más purificada; mis textos.
El sol abrumaba mi piel, necesitaba oscuridad para poder ver el camino de la luz. La luna brillaba en un cielo estrellado y, aun así, seguía siendo la reina del cielo nocturno. ¿Y ellos quiénes eran para juzgarla? Me sentía relativamente malhumorada.
Se sentó en la silla de su escritorio, cruzó las piernas y empezó a balancearse hacia delante y hacia atrás. Como iba con tejanos, el cruce le tocaba el clítoris y le daba más placer. Entonces se imaginó cómo le tocaba él, desde los pies hasta la cabeza y con ternura y delicadeza. Con mucho deseo y amor. En unos instantes cortos explotó.
Y me asusta el hecho de que se me oscurezca el alma a causa de la gente. Porque ellos no saben, ni mucho menos entienden, lo que es estar y ser con él.
Salí a la calle. Era un día frío pero soleado. Anduve con un rumbo definido y con la incertidumbre acechándome constantemente. Y es que la certeza no estaba de mi parte aquella tarde, aun así, me sumergí leyendo mientras me apoyaba en una columna gris. Y esperé, un buen rato. Ya estaba acostumbrada, iba bien preparada. Así que cuando llegó, caminamos hasta llegar al Centro. Acabamos en una hamburguesería donde allí nos entretuvimos un buen rato hablando. Todo empezó porque le solté un bombazo. Inusual en mí ya que, a pesar de aquello, sonreí. Se lo conté tranquilamente, sin darle mucha importancia y viendo la cara positiva del acontecimiento en general. Luego, nos sentamos y, allí, conversamos. Comenzamos con el tema del sexo; por un lado, repulsividad hacia este, por otro, adoración. Llegué a la conclusión de que si eres libre copulando con el otro ser, puede ser muy positivo. En definitiva, que atrae sensaciones y emociones buenas. Poco a poco nos fuimos adentrando en otros temas y, el más, superficial y surrealista fue hablar de mi pasado. Más concretamente mi absurda ilusión por un chico. Y es que aquella mujer, tenía la capacidad de querer destruir a otro ser, pero no el poder. Así que me quedé bien tranquila. Y, a la vuelta a mi casa, cuando nos despedimos, me quedé reflexionando. Porque justo cuando estábamos yendo hacia el restaurante, ella me soltó unas cuantas dudas a mí, respecto a mi relación amorosa. Pensativa estaba de regreso, anduviendo por las calles oscuras, iluminadas por las farolas y ensombrecidas por mis inquietudes. No, no tenía la necesidad de salir de mi relación porque me sentía bien conmigo misma y con él. Tampoco me aterraba la idea de que me pudiera decepcionar, de que mi amor fuera un fracaso. Ni mucho menos me asustaba el hecho de que la relación que estaba teniendo quedara en pasado y fuera un intento fallido. Me sentí demasiado bien, pues la persona que estaba en mi vida me llenaba; de lealtad, de felicidad, de paz y de amor. Quizás nuestra relación des del exterior podía parecer común y a la vez rara, pero des del interior, era y es la gloria.
Mis huesos se congelaron mientras la lluvia resbalaba por mi rostro. Observé el invierno, un paisaje frío y húmedo a la vez. Las hojas ya no vestían los árboles y los pájaros volaron otros aires, otros cielos. Me sentí bien conmigo misma, porque justo por aquellos instantes mi cerebro, mi corazón y mi cuerpo no estaban desencajados. Pensaba en él a cada momento, y más aquel, en el que íbamos a vernos. Un encuentro que no me esperaba, pues me observó desde la distancia. Y yo que me sumergí en un mundo ajeno buceando entre la música que sonaba de mis auriculares.
Un «Aun te quiero»,
un suspiro de vuelta.
Un adiós,
y un porqué.
Un «Nunca lo quise»
y un «Ahora lo quiero a vos»
con todo mi ser a su alma y a su cuerpo.
Otro «Yo también te quiero, amor».
Y se fueron a volar por el Universo,
siendo estrellas andantes,
haciéndose brillar mutuamente.
Abro el ordenador y qué me encuentro. Un rostro, un cuerpo y un alma muerta.
Una imagen aun en la papelera de reciclaje. Entonces desenfoco mi mirada y observo mi escritorio. Esbozos, cuadros y la fotografía.