Categoría: Escritos

  • Amor salado

    Ser mar por dentro,

    oleadas de sensaciones

    y volar hacia adentro.

    Sonreír, y a veces estrellarse contra las rocas;

    acariciarlas con las palmas de las manos.

    Dejarse caer y flotar por el océano.

    Ya no hay límites, ni fronteras.

    Sólo existe y persiste el amor, el que nunca te fallará.

  • Por ser tú,

    porque me lees entre pestañas y me descífras entre miradas. Siempre siendo hijo de lo natural, de lo real. De la pureza del bien y no del mal. Porque me cantas entre olas cuestionándome cada certeza mía. La tristeza se fue al igual que los pájaros en invierno, y la fe está regresando. Sólo tengo miedo al quebrantamiento. Y me pregunto si esta vez aguantaré, si lo soportaré. Pero como sentí tiempo atrás, debes estallar como un volcán para sacar la furia y el dolor fuera. Para sentirte libre, para sentir que vuelas.

  • Aquellos días

    Aun sigo en mediados de Diciembre.

  • Miedo aterrador

    Volví a sentir ese sabor amargo subiendo por mi garganta. Mis pies aceleraban en ascendiente y mi cabeza no dejaba de girarse. Pasé por el lado de cuatro o cinco chicos que hablaban con dos chicas. Estaba asustada y tenía miedo. El corazón me subió hasta el cuello justo cuando al cabo de unos segundos miré hacia atrás y vi que me seguían. Miedo. No me detuve. Seguí, mis pies arrasaban. Iban de rápido como motos profesionales. No podía detenerme, estaba aterrada. ¿Y si me violaban? ¿Y si me mataban?

    Una vez ya en casa, sana y salva me autopregunté: ¿Y si me hubiesen alcanzado? ¿Qué hubiese hecho? ¿Cómo hubiese reaccionado? ¿Qué les diría a mis padres? ¿Sobreviviría? Prefiero no saberlo nunca.

    Porque mamá, ¿Cómo te quedarías si una noche llego a casa vacía y medio muerta? Desgarrada de alma. Porque, papá ¿Qué me dirías? ¿Me abrazarías diciéndome que ya pasó o me echarías la bronca como haces siempre? Por todas las cosas mal hechas que hago.

  • Rota

    ¿Acaso sabes lo que es que te rompan un pedazo de tu alma? ¿Y más de diez? Pues mi corazón bombardea cojo, ya no es el de antes. El dolor pesa y pesa aun más cuando se juntan dos cicatrices, seis heridas y cuatro realidades malas. Un pasado oscuro y unos seres queridos que ya no están porque de corazón no dan amor. Que te digan la verdad a la cara y una bofetada gratuita, porque sí. ¿Acaso sabes lo que es que te deshagan el puzzle, lo rompan y ya no vuelva a encajar? Tener un mal día, y serlo. Con mala fe, la que se descojona delante de ti mientras va escalando lo imposible. Y ahora cae, estampándose contra el suelo. Esa eres tú. Jodido ¿Eh? Pues así está mi cuadro inmortal, el que observas y no hay manera de descifrar. Que me han quitado el billete de vuelta, ya no puedo regresar. Me he quedado estancada en el mismo lugar, dándome vueltas y desvaneciéndome de tanto llorar, pues el charco me ha absorbido y ahora soy parte de él.

  • Ascendiendo

    A veces la vida no te entiende, ni tú a ti, ni a los demás. Y eres un zero a la izquierda, la oveja negra o un caos desastroso. Aun así sigues siendo una rosa marchitada con los pétalos decaídos y una esperanza casi terminada. Sigues, pero no hacia delante sino en círculos. Tu vida parece un circo, ¿O lo es? Monos y tigres. Acróbatas y gatos. Y un payaso, tú misma. Que no hay manera de seguir, que estás estancada y estampada. Aun así, ves luz y no al final del túnel sino al levantarte cada mañana y mirar por la ventana. ¿Si el sol se levanta por qué tú no? Así que sigues, un paso más y llegas a tu meta que queda lejana y que hay que ir subiéndola escalón a escalón sin detenerse. Porque cada vez eres más libre, como un pájaro en primavera surfeando en el cielo, sonriendo y siendo paz, llegando al límite.

  • Lágrimas

    Estrellas chispeantes en sus ojos.

  • Veranos sin fin

    Se echó en la cama y comenzó a imaginarse en su cabecita loca, llena de caos y desastre como caminaban por un prado lleno de rosas, agarrados de la mano y sonriendo al mismo compás. Hacía un sol resplandeciente porque era verano. Y una brisa caliente rozaba sus rostros. Iban sin zapatos haciéndose cosquillas en los pies y en el corazón. Se miraban de vez en cuando. Ella a veces fijaba su mirada en el suelo mientras se mordía el labio inferior. Luego de caminar hacia un lugar indefinido, se acomodaron en el pasto, uno al lado del otro. Se quedó observando el cielo, los dibujos que hacían las nubes. Él la observaba con una felicidad y orgullo llenándole el pecho entero. «Qué suerte tengo de tenerla», pensó. Y cuando ella le miró, él aprovechó y la besó. Después, le acarició los dedos con los suyos y agarrándole la mano la levantó cuidadosamente del suelo. Le guiñó un ojo y la sorprendió con una rosa. No era un día especial, sino su primera vez juntos en un prado maravilloso. Mágicos eran, desprendiendo amor por los poros de su piel. Siguieron su rumbo sin detenerse y así hasta llegar al lecho juntos.

  • Perspicacia

    Justo ahora estoy recordando tu carita de chico inocente mirándome cariñosamente.
    Estábamos en casa de un amigo y luego de haber cenado, ido a buscar los juegos de mesa y ponernos sentados en el suelo, comenzamos la partida. Fue larga pero amena. Luego de dos horas en partida, con los huesos doloridos y un cansancio que amanecía, tú ibas ganando. Me indigné, no por el hecho de que estaba perdiendo, sino por la jugada maestra que hiciste y por dejarme boquiabierta al ver que no podía hacer mi tirada como yo quería. Y tú lo viste, mis ojos incendiaban puro cabreo. Ganaste, y no fue la suerte sino la maña. Luego de despedirnos de nuestros compañeros y salir a la calle, me llevaste a una esquina y allí me intentaste besar. Aparté mis labios pero los tuyos, tan deseosos, se estamparon contra los míos. Mi mal humor disminuyó paulatinamente. Entonces te lo dije claramente: «No ganaste por suerte sino por estrategia».
    Y esa es una de las cualidades que me gusta de ti: el ingenio.