“Tabula rasa”, que arrasa

Necesito pensar, me digo, y me saboteo. Concluyo que estoy loca y algo sola. ¿Y aún rota? Siento que no soy tan extraña de mi misma, que reflejo y espejo se unifican un poco, aunque aquel verbo parpadee inútilmente. Es que claro…, si uno se dedica, no sé cómo, a hacerlo de forma intermitente, pues duele. Vaya si lo hace, y escuece, pero hay veces que personaje y protagonista se aceleran en una misma carrera, aunque lenta, muy lenta. La escopeta, queriendo, ya va suelta. Incéndiame esta, pero quédate, aquí, en ese, mi vaivén. Resulta que en este, mi latido, todo, aquel quehacer tan enturbiado, no sé, se ordena un poco más fácil. Entonces, esta vez, sin querer, se me iluminan las luciérnagas. Chispean. ¿Será de una alegría interna o por una tristeza enferma? Quédate, esta vez, en nuestro espacio estelar, y hazme estallar porque sí. Me quiero quedar.

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