Etiqueta: esperanza

  • “Tabula rasa”, que arrasa

    “Tabula rasa”, que arrasa

    Necesito pensar, me digo, y me saboteo. Concluyo que estoy loca y algo sola. ¿Y aún rota? Siento que no soy tan extraña de mi misma, que reflejo y espejo se unifican un poco, aunque aquel verbo parpadee inútilmente. Es que claro…, si uno se dedica, no sé cómo, a hacerlo de forma intermitente, pues duele. Vaya si lo hace, y escuece, pero hay veces que personaje y protagonista se aceleran en una misma carrera, aunque lenta, muy lenta. La escopeta, queriendo, ya va suelta. Incéndiame esta, pero quédate, aquí, en ese, mi vaivén. Resulta que en este, mi latido, todo, aquel quehacer tan enturbiado, no sé, se ordena un poco más fácil. Entonces, esta vez, sin querer, se me iluminan las luciérnagas. Chispean. ¿Será de una alegría interna o por una tristeza enferma? Quédate, esta vez, en nuestro espacio estelar, y hazme estallar porque sí. Me quiero quedar.

  • La perdiz feliz

    La perdiz feliz

    Arráncame los pétalos secos, y también los disecados, los más amargos. Arráncamelos todos. Después, colócame las pestañas, haz que de mis costillas florezcan aquellas semillas plantadas hace ya varias décadas. La soledad de vez en cuando aún me duele porque baila al son de mi corazón no tan roto. Solo dime, y deletréame esta. ¿Pero qué está sucediendo? ¿Se me están solapando las palabras? Y, tal vez, los llantos. De lágrimas ni me hables. Quiero bailar sin tanta conciencia. Quiero que se tire por la borda, ¿Sabes? Aún así, me encantaría acertar la posible verdad, que se convierta en una pizca, a poder ser, de realidad, pero de mi realidad. Me quiero ir a volar. Y que se me abran mis alas, y dejar de lado mi arrogancia. Me encantaría, si fuese posible que no se me vayan las ideas, que no se marchiten a una velocidad llena de eternidad. El problema, el pequeño inciso, es que ya se han marchado de mi maldita mente, que sin querer, se aprecia un poco demente. Por ti, será. ¿Quizás? Me quiero quedar. ¿Pero en qué lugar? Parece ser que la habitación está menos oscura. Hay una luz. ¿Iluminará mi camino hacia el final feliz? Quiero ser una perdiz.

  • ¿Son margaritas ya florecidas?

    ¿Son margaritas ya florecidas?

    Necesito espacio vital, porque parece que mi corazón va a estallar. Es tan mortal ese desamor que emana de mi ser interior. Me quiero, me quiero desubicar, y voy y me pierdo sin más, como si fuese posible, como si fuese real. Lo surrealista aquí es que la vida, o la muerte, se me carcome las heridas en un in crescendo brutal. ¿Pero no estaban ya cicatrizados los huecos? ¿Qué huecos, Anna? Deja de enumerarlos, y de ir denominándolos. Quizás, quizás así desaparezcan, se esfumen, partiendo por aquella cuerda floja que afloja. Ahora, desde mi piel más sincera, de debajo de mis pestañas nace aquella lágrima interna. ¿Me explico? La que apesta y aprieta. Luego, cierto, surgirán las florecillas. ¿Serán margaritas? Mis costillas asfixian, aunque, bueno, podemos vernos, echarnos unas copas para, después, brindarle a la vida. ¿O era brindarte a ti, mi vida? O, sencillamente, consistía en echarme hacia delante: en quitar el freno y plasmar el verbo sempiterno, el del que te estoy queriendo en estos tiempos, en varios de mis tempos y, probablemente, en más de la mitad de mis cuentos, porque vaya, mi existencia se asemeja a un tipo de alegría eterna. No, no le pongas las comillas. Sí, suéltate, desmelénate. ¿Por qué no? Sácate, de debajo del alma, los dos otros puntos restantes. Añádelos al que, a priori, era un punto final. Sí, agrégale al solitario, que se sienta acompañado, que, bueno, el epílogo ya llegará.

  • El amor, que habla de cara

    El amor, que habla de cara

    Estoy feliz, algo tan inusual en mí, que noto, y veo, cuando me giro, mi alrededor sonreír y, a mí, vivir. Sí, realmente voy, quiero decir, me siento fluir. La flor marchita que era, pues eso, que se desvanece su negrura espesa. ¿Será para siempre? ¿Será por el resto de mi vida? ¿Ya se está yendo, la que tenía aquí dentro: la pequeña, y tan amada, tristeza? La aprecio tanto, la adoro, que sin querer, la tengo aquí, en mí. Solo me queda dejar de sufrir porque sí, de resurgir desde mi florecido, y tan querido, jardín. Sóplale los sueños, que se queden entre nuestros entrecejos, que los azulejos brillen a lo lejos. Que nos sigamos, así, enamorándonos en la distancia, desde la nuestra elegancia, la que nos caracteriza, y con un corazón, que no esté como adorno, sino que sea un sentido único y mutuo. Nos estamos queriendo sin cobardía porque nos vamos admirando, latiendo, así, a pecho abierto, y qué miedo, y qué miedo que se achica a la vez que van pasando nuestros días, ya menos miserables, más valientes, ambos, quizás, de estar presentes a viva voz, vamos al son de los dos, a todo pulmón, en dirección a toda luz. Y, esta vez, voy tarde, pero con la mirada ensanchada y la sonrisa, de oreja a oreja, en el alma.

  • Estallando paz

    Estallando paz

    Estamos a martes, quiero decir, somos martes: nos lo pintamos, cocinamos y, luego, pues nos lo comemos. Vamos, todos, ahuecados. ¿O la palabra correcta era ‘adueñados’? ¿Pero de qué o de quién? Tantos textos de los cuales abundan sus fachadas grisáceas y largas… se me van cayendo todas las pestañas. Acurrúcamelas, y estas y las otras, y baja las persianas: que se encierre, y encienda, el sol en nuestras almas. ¿Y ahora por qué escribo sobre comedias y dramas? ¿Qué tipo de miseria abunda en ella? Desdibújame entera, quítame la desesperanza que a veces viene, se queda y avanza, pero, oye, no, no te vayas. El día, bueno, parece muy largo aún así yendo errada, porque en un cerrar y abrir los ojos, pues culmina, sí, en la cumbre de la colina. Acércame esta, y aquella…, convénceme. ¿No? Así, con acciones y besos por toda mi cara mientras se sonroja porque se los has plantado. Entonces…, entenderé varias cosas, sustancias reales: que me admiras, me cuidas y me mimas. Que por eso haces asomar la alegría a la comisura de mis labios. Porque me estás queriendo y como si fuese todo un breve milagro, yo también lo hago, yo también, y sin querer porque te quiero y me quires, lo hago. Porque lo irreal, lo mágico, ha estallado. ¿Eres tú ese brujo tan mago? Serás el que hará la magia, con esa paciencia que te caracteriza, porque, bueno, vamos construyendo, entre el vienes, el voy y el estamos fluyendo. Qué brutal. ¿Verdad? Qué brutal fe, que se sostiene sola, como la luna en aquel cielo de ayer tan azul, porque ya se quiere, porque aún estando y siendo solitaria, en este ahora se encuentra acompañada y vaya, qué perfecta e intensa y magnífica y surrealista burbuja escurridiza: va asustadiza, pero bien enamoradiza, la pillina. Hasta las trancas, sí, de su corazón extraño que parecía ahogado, algo muy arrugado, y sagrado, pero que se ha ensanchado por tener un paz increíblemente inusual dentro, y todo por él.

  • Pide el deseo

    Pide el deseo

    Vaya por Dios, me he convertido en la «tabula rasa» que no arrasa, pero tan blanca. Apúrate que se marcha la angustia, bueno, después de tanta metáfora, al final, la verdad mata a conjunto con la pura, y no tan dura, realidad. ¿Petará el bombazo? ¿Se estrellará el balazo? Cuídame, acurrúcame con tu corazón, que el mío pierde de vez en cuando la razón… Si te narro cómo va la esperanza… se ensancha, se ilumina mi mirada y aquella sonrisa anteriormente amarga, se ha adueñado de la alegría, tan coqueta, tan…, mía. Qué pícara, qué pilla. Como le cuela, le pega, esa picardía. Ahora, justo en ese instante, estoy a rebosar de fe, quizás un poco agridulce, pero, nada como observarte y quedarme palpitando en tu mirada que va al son de mis cosquillas. Sí, son las mariposillas nerviosillas llenas de sabidurías. Desconocen el cómo, el trayecto, tan inédito, oculto y, además un poco oscuro, ¿Sabes? Sígueme, que ya me solté el pelo debajo de la lluvia, que lloró todas las penas por mí. He dejado atrás, en aquel pasado, la tristeza. Súbete a ese rizo, que es muy diablillo: ¿Nos vamos a bailar al unísono? Me he cansado de estirar mi corazón. ¿Me explico? Mejor te lo describo, es sencillo, pero espera, deja de parpadear que, esto, lo nuestro, está vivo.

  • ¿Para cuándo el final?

    ¿Para cuándo el final?

    ¿Qué sucede? Que la vida pasa, no perdona y arrasa, aunque una no quiera ni tampoco le pertenezca esa guerra. La que me gustaría perder, sí, zanjar la batalla, soltar la armadura, instaurar el cartel de paz para, por fin, bailar en una solitaria libertad, pero abriendo las alas, empezando a volar. Me apetecía saltar, apostar por ese precipicio. Resulta que está maldito. ¿Ya viste mis ojeras? Están feas. Y, yo, que me voy con la mirada nublada y el alma enturbiada. Mis pestañas se caen como todos mis deseos. Tampoco te hablaré de anhelos…, es que se van, dejándome cada vez más alocada. Pero, yo, en ese vaivén… ya ni sé ni tampoco puedo, ¿O sí? El caso es que me quedo. Vaya, que si me quiero. Aunque ojalá todo brillase de otro tipo de color. Dicen, dicen, que siempre acaba saliendo el sol…, ¿Pero y si soy la luna? ¿Seré, quizás, la lunática? O la desconocida y, a la vez, la fanática. ¿Algún día dejaré atrás las metáforas? Amanecen las lágrimas, se van saliendo entre realidad y verdad. Será que voy jugando a evitarlas, quizás consiste en olvidarlas. ¿Cómo se arranca una misma la coraza? Está ya tan machacada. Quisiera, si fuera posible, ensancharme la esperanza, abrazarme a la fe. ¿Pero cuál? ¿Con qué final? Ahora, escribiendo con conocimiento de causa, quiero una casa, sentirme amada, ilusionada, enamorada, pero solo veo grises y nubes polvorientas y peldaños rotos y papeles arrugados, y a mí cayéndose por aquel ventanal tan descomunal que me grita a susurros que me tire, que así me ubicaré en otro espacio estelar menos mortal.

  • La infinita

    La infinita

    Necesito aclararme las ideas y, tanto, que resulta que todo está ya demasiado claro, ¿O no? En este anochecer la luna está ausente, aunque candente. Quiere, anhela, se aprecia las heridas. Parecía mentira, mi mente ennegrecida y, yo, muy viva. Ahora está enredada con la tuya. Sucede que la vida pasa, que las colillas se incendiaron, que el fuego arde. Tiempo atrás le temía a ese hechizo, pero es que la magia ha hecho de las suyas: ha estallado. ¿Sabes qué? Que me duelen los ojos de lo secos que van, que me siento cansada del qué dirán y, además, ese cansancio emocional no se va, sino que se aprecia cada vez más. Paulatinamente la fe que se descolgaba enturbiada, pues nada, que se está hinchando la octava maravilla mientras ella brilla, pícara, y se sonroja porque con orgullo nos mira.

  • Estamos brillando

    Estamos brillando

    Vaya miércoles tan triste, está decaído, así, descolorido. Aunque sin querer voy y me pinto cuando escucho mediante tu playlist lo mucho que me quisiste y me quieres. ¿Que dices que estás colgando en mis manos? Que te susurro, que soy yo la idiota que se cuelga por y también para ti. Que volarás, cantas. ¿De qué? ¿Cuándo saldremos, ambos, a bailar? Porque si te observo me quiero quedar, ya que tu mirada azucarada, de una mezcla de tonalidades otoñales, me grita felizmente anhelante, que aún me quiere. Y que se quiere estacionar, aquí, a mi lado. Aunque tengo una pequeñísima duda: ¿Cuándo es el «momento adecuado»? Porque yo voy y, si te apetece, me lanzo ya, ¿Sabes? Me uno, me ato a tu andar y, así, caminamos juntos. Incluso arrasamos, porque lo haremos. Ambos lo sabemos, si solo con vernos nos sonreímos contentos. Entre las ambigüedades, las ironías y, sobretodo, las corazonadas, ya nos podemos despedir con calma de este mundo terrenal. Porque nosotros estamos hechos de otro sabor, de un olor espectacular. Lo vamos a lograr, así que… Vayámonos a brillar a otro espacio estelar. Me quiero quedar.