No sé ni para qué sigo intentando, eso de ir arrasándote y acabar arrastrándome. «Ahí no es», me mata la consciencia. «Déjalo ir, no estáis destinados», me remata el corazón, y la razón. Voy saliendo del caparazón, la cáscara se quebrantó. Lo siento, por las molestias causadas. Espera, cierro la puerta, y todas las ventanas también, por si entra el moscarrón: tú, que me agrietas poniéndome ojeras, agregándoles amargura, alejando la ternura, restándole sensatez, y cordura. Quiero locura, bebérmela, emborracharme con las estrellas, ser una de ellas. Amargada voy, amargada soy. Quítame, o quítate, el pestillo, el interior, donde late el dolor que va sin color, en una tonalidad grisácea: nos hacemos añicos. Ahora estamos hechos de pedacitos pequeños de nuestros pasados, de un nosotros rasgado, y muy arrugado, que ya ni arreglo tiene. Contiene ambos recuerdos, las sombras del espejismo, la ilusión aquella, rota. Al borde de la dulzura, de la cuerda floja, danza, bailando el vals del amor más triste: el acto, a rebosar de fe, de ir desenamorándose, de ir desencajando, de que aquello que nos unía y nos hacía al unísono, ahora suena como una guitarra sin afinar, como una partitura sin acordes, como una canción sin su melodía. Tan melódicamente me paseo por un atardecer vívido, anaranjado y enrojecido. Significa que la flor, la rosa está amanecida, y querida. El punto final resultó ser otro fin que culmina en el inicio de la semilla, del florecimiento.
Autor: perezitablog
El amor impropio de mí
Ir queriéndose a una misma al vaivén del run run del mar. Caerse, y que de corazonada a corazonada salte eso que bombardea dentro de ti tan fuerte, con tanta furia y de un sabor más dulce que amargo. Es la fiera que quiere salir a la profundidad e introducirse en otro amar, para luego enfurecerse de un amor bonito y leal. Es la madrugada de San Juan y con mi falda de flores, de colores verdosos, rosados y azucarados, voy estando bien. Armarse de valor, de uno entristecido y, en el chocar del enamoramiento, la ola nace, la que quiere saborearse, oler a sal y a arena y a cal y a alegría, que trasciende: ha dejado de ser hueco convirtiéndose, y convirtiéndome, incluso a mí, en otro latir. Aunque el cielo esté nublado, siempre va saliendo el sol, o la luna ennegrecida que brilla siendo la soledad absoluta. Ya quiero ser la loba o la bruja o la penúltima vida de la felina hambrienta, porque estoy preparada para lo que venga, y aquellos segundos que se marchan, que machacan o se arrastran… quieren dejarse existir, vivir.
El ambiente está abstracto, de un sentir bastante cálido, de un ver encanelado, enternecido. Un cuadro, ni gris ni pálido, tampoco lleno de anhelos ni a rebosar de deseos. Está vacío de todos los sacrificios ya hechos, que culminaron, quedándose estrellados en el pasado. Las caricias, los besos y los amantes siguen locos, y la música, que resuena en mis pupilas, solo se dedica a arroparme mientras voy queriendo al son del viento, tocando el suelo y a ras del cielo, en esta playa a las cinco de la mañana, que parece ser, por fin, un invierno estival. Y tanto que derrapo por mis raíces de donde se deshacen o rehacen las cicatrices. ¿De heridas? Pocas, la mayoría ya curadas, u odiadas o alocadas. El caso es que voy a terminar para volver a empezar.«Esperando al diluvio», de Dolores Redondo: un thriller que mezcla realidad, suspense y emociones
¿Hasta dónde puede llegar una obsesión por atrapar a un asesino?
Dolores Redondo vuelve a demostrar su habilidad para construir historias donde el suspense convive con la profundidad psicológica de sus personajes. En Esperando al diluvio, la autora se inspira en un caso real que permaneció sin resolver durante años para crear una novela absorbente en la que la investigación policial, el miedo y las emociones se entrelazan constantemente.
En esta reseña comparto mi opinión sobre una historia que consigue mantener la tensión hasta la última página y que va mucho más allá de un simple thriller.
Ficha del libro
- Título: Esperando al diluvio
- Autora: Dolores Redondo
- Publicación: 2022
- Género: Thriller, novela negra
- Editorial: Ediciones Destino
- Número de páginas: 576
Sinopsis (sin spoilers)
La novela parte de un hecho real: la existencia de John Biblia, el nombre con el que fue conocido un asesino en serie que actuó en Escocia durante los años sesenta y cuyo caso permaneció sin resolverse durante décadas.
Convencido de que el asesino ha abandonado el Reino Unido, el inspector Noah Scott Sherrington decide seguir su rastro hasta Bilbao, aun sabiendo que su delicado estado de salud puede poner en peligro tanto la investigación como su propia vida.
A partir de ese momento, Dolores Redondo construye una historia donde el suspense se combina con la exploración psicológica de los personajes y con una cuidada recreación del Bilbao de los años ochenta.
Mi opinión
Lo que más me ha gustado de Esperando al diluvio es que no se limita a contar una investigación policial.
Aunque el misterio ocupa un lugar central, Dolores Redondo dedica gran parte de la novela a desarrollar el mundo interior de sus personajes. Noah Scott Sherrington no es simplemente un detective que persigue a un asesino: es un hombre marcado por sus propias limitaciones, sus intuiciones y el peso de una investigación que acaba convirtiéndose en una auténtica obsesión.
También me ha parecido muy acertada la forma en que la autora alterna distintos puntos de vista. Gracias a ello, el lector no solo comprende mejor al detective, sino también la mente del asesino y las personas que se cruzan en su camino. Esa multiplicidad de perspectivas aporta profundidad a la historia y mantiene el interés durante toda la novela.
El ritmo está muy bien dosificado. Hay momentos de gran tensión, otros más pausados y reflexivos, y un desenlace que consigue sorprender sin perder la coherencia con todo lo construido anteriormente.
Los grandes temas de la novela
La obsesión
La búsqueda de John Biblia se convierte en mucho más que una investigación. Para Noah Scott Sherrington representa una necesidad personal que condiciona todas sus decisiones.
El bien y el mal
La novela plantea constantemente el enfrentamiento entre la justicia y la violencia, mostrando cómo las decisiones individuales pueden marcar el destino de muchas personas.
La intuición
Uno de los aspectos más interesantes del personaje principal es la importancia que concede a las corazonadas. La intuición acompaña continuamente a la investigación y juega un papel decisivo en el desarrollo de la historia.
Las emociones humanas
Más allá del suspense, Dolores Redondo explora sentimientos como el miedo, el dolor, el amor o la culpa, consiguiendo que los personajes resulten profundamente humanos.
Sobre Dolores Redondo
Dolores Redondo es una escritora española reconocida internacionalmente por sus novelas de suspense y misterio. Alcanzó una enorme popularidad con la Trilogía del Baztán, donde combina la investigación policial con elementos psicológicos y culturales.
En Esperando al diluvio vuelve a demostrar su capacidad para crear personajes complejos, ambientaciones muy cuidadas y tramas que mantienen la tensión hasta el final.
¿Recomendaría este libro?
Sí, especialmente a quienes disfrutan del thriller psicológico y de las novelas negras donde los personajes tienen tanto peso como la propia investigación.
No se trata únicamente de descubrir la identidad de un asesino. La novela invita también a reflexionar sobre la obsesión, la fragilidad humana y las consecuencias que determinadas decisiones pueden tener en la vida de las personas.
Mi valoración
Esperando al diluvio combina una investigación absorbente con personajes llenos de matices y una ambientación impecable. Dolores Redondo consigue construir un thriller que mantiene el suspense hasta el desenlace sin renunciar a la profundidad emocional.
¿Merece la pena leer Esperando al diluvio?
Si te gustan las novelas negras con una fuerte carga psicológica y las historias inspiradas en hechos reales, Esperando al diluvio es una lectura muy recomendable.
Dolores Redondo consigue ir más allá del suspense para construir una novela donde la obsesión, la intuición y las emociones humanas tienen tanto protagonismo como la propia investigación. Es una obra que mantiene la tensión constante y deja una huella duradera una vez terminada.
Mi frase favorita
«Hay finales que no solo sorprenden: también obligan al lector a permanecer un tiempo en silencio.»
Fue precisamente esa sensación la que me dejó esta novela. Un desenlace intenso, inesperado y profundamente emocional que permanece contigo mucho después de cerrar el libro.
El amor se escapó
Me he dejado la libreta roja, y cada rosa, allá fuera. Se están marchitando, y enfriando, porque se quieren tanto que los colores, y dolores, repiquetean. Suenan los huesos y los reflejos de los espejos, sombras que se van ocultando para luego ir estallando, se van, pero en el otro vaivén. He perdido el tren porque fui caminando del revés por el andén. Los gusanillos de mi estómago se mueven rápidamente, las mariposas se han suicidado después de tantos daños consecutivos. Será el miedo, pienso. O el sufrimiento, siento, atragantado en mitad de mi garganta. El sabor, amargo, y el ir queriéndose de una forma tan sustancial y agridulce, me va matando. Agarro mis raíces por debajo de las pieles: ya no sé. Aún así, me percato de varios hechos, entre ellos, que me quiero querer y, alzando tanto el vuelo, me quedo en el gerundio sempiterno. Dejó de llover, la sequía ahora abunda. Me quiero quedar, de verdad que me gustaría, y sin necesidad. ¿Pero en qué consiste quererse? ¿Y amar? ¿El amor mutuo existiría? Porque si hablo, si narro, aquel de mi pasado, jamás tuvo acto de presencia. Simplemente hizo bomba de humo, y vaya si explotó. A posteriori, tristemente se exclamó, personificándose entre los pliegues, y recovecos, de mi ser que tenía un impulso ahuecado que se transformó el agujero. Aquí me pierdo, en la inercia, entre la peripecia y la voltereta.
¿Qué significa escribir bien?
El otro día, alguien, no recuerdo quién me soltó un: «Escribes bien». Entonces me puse a pensar, a reflexionar sobre qué sentido tiene, o contiene, la siguiente cláusula, una frase que sentencia y se planta y se queda, instaurándose en tu ser para el resto de tus días. Escribir sí, pero «bien». ¿Quién lo define? ¿Quién no? ¿Qué te dice que sea así? ¿Cómo te lo confirman? Quizás es que soy bastante insegura. Me soplarán, gritándole a los cuatro vientos: «Creételo más, pues eres escritora.» Eso creo, ¿O no? Acaso comprendes para qué escribo? Por necesidad, la de soltar e ir sanando, curándome y florecer, pero hay tantos matices y es un proceso tan largo, porque dura hasta fallecer, ¿Sabes? Aunque yo me maté y a mí me mataron tantísimas veces, incluso de forma real y leal con metáforas pintadas a pinceladas, y esbozos malditos (y marchitos) en la hoja, que mi corazón seguirá vívido.
Así que, «escribir bien», para mí, el significado que contiene es que mientras te describas y te deshaucies y te marchites y regreses para caerte y, bueno, lo transmitas desde un sentimiento a rebosar de vulnerabilidad, culminarás sintiéndote mal, y lo describirás bien.Estrellándome
Quiero, quiero bailar contigo y ser estrella y estrellarme en tus labios. Bésame despacio, hazme creer en el amor por primera vez. Quiéreme, quiéreme. Roza con la yema de tus dedos los míos, mira mi sonrisa, ¿sientes cómo late? Con solo verte todo se hace grande, eres inmenso porque las nubes grisáceas desaparecen y la tristeza huye de mi cora’. Somos tan felices, créate conmigo, seamos la misma canción.
Querida, la otra yo
Queridísimo diario, ¿Me sale a cuenta esperar tantos días a alguien? Se rompen los años a añicos combinando con los daños. Le soplé tan intensamente a la esperanza, que se fue deshilachando hasta ahora: acaba de estornudar. La vida va de caerse, de derretirse y que el corazón se vaya, cosiéndose sin aguja. El mío hace ya hipotecas, aún ni empezadas, que se marchó. Estoy triste, ¿Tú no? Los planes cambian, con ello el rumbo. Después de cantar a los pájaros y contar los céntimos que tengo, y desencantarme, dejándome tirada, allá, enturbiada en la parte trasera de mi cabeza, me percato del otro hecho, que solo hay todo un techo y medio trecho: estuve desesperándome, despedazándome, ¿Sabes a quién echaba en falta? O de más… A mí, a mi ser interno, a mis florecillas marchitas, que son lágrimas de cristal arrasando los cielos, los suelos y los infiernos. Estamos enfermos: a veces queremos querernos o que nos vayan amando, apreciándonos. Al final, nos dejamos, y las caricias tan coléricas se transforman en algo monótono, moribundo y gris. Aunque de los cuadros translúcidos, despintados y coloreados de tonalidades ennegrecidas, saldrá la pincelada iluminada, la que se mata convirtiéndose en la estrella. Soy ella.