Categoría: Escritos

  • Y,

    me suicido entre palabras. Cuchillo en mis almas, divididas, desgarradas. Corazones desgastados. Las flores están ensangrentadas, la otra noche fui a verlas. Dolor se desprendía de ellas. El cielo, estrellado, me acompañaba en la soledad y me llamaba por mi nombre, revelando mi identidad. Será verdad, ésta es la mía.

    Déjame volar, quiero volver a llorar.

    Déjame cantar, quiero volver a llorar.

    Déjame saltar, ya no quiero más suicidio, ni almas rotas, ni pastillas divididas. Ya no quiero más dolor, malhumor, malas rachas. Ya no quiero corazones estancados en la profundidad de las rocas.

    Quiero, bailar, chillar, interpretar, escribir, desistir, resistir, conjugar, amar. Brillar hacia dentro, no quiero hacerlo hacia el exterior, pues no me interesa. Todo es incerteza, poca credibilidad.

  • Prólogo de Otoño Nevado

    Querían teñirse, no anhelarse, amarse.

    Querían destruirse, odiarse; hundirse. Besarse, quererse carnalmente, hasta llegar a la fuerza mental.

    Era amor, y desamor. Luchar, morir, y a veces ganar.

    Si se hubiesen querido antes, no sería tan tarde; para reempezar, para cortar el sentimiento que ya andó su curso -ardiendo, rompiendo con todo-, el sufrimiento.

    Si se hubiesen querido antes, ya no habrían vivido.

     

    Éste es el prólogo de Otoño Nevado, segunda parte de Café Frío. Pasaros por mi Wattpad donde mi usuario es «perezita».

  • ya no florecen las flores

    Rasgo las pieles de los que me queman, hoy el cielo vacío está, como mi alma, y dejo latir mi corazón al compás de las copas de lo árboles, que no se mueven. Intactas. No tienen hojas, se han vuelto amargas, como mis palabras que no sacian de mis marcas. Cicatrices encarceladas. Ya no nado, ni me sumerjo en la profundidad de la tierra, pues de ella ya no florecen las flores. Al contrario, se marchitan, ninguna se transforma en mariquita.

  • Universo

    Sólo quiero estirarme en el pasto verde, esta noche desoladora que desgarra mi alma, a tu lado y que me cojas la mano. Te necesito, quiero que sacies todas mis penas con, simplemente, besarme. ¿Habrá alguien en este mundo que me quiera? Pero de verdad, no como en las películas que todo es una maldita mentira, que se cree la mayoría de gente.

  • Quería,

    quería que le brotaran de sus ojos océanos, los más inmensos. Quería que navegaran por el rostro entero, rápidamente, tocando cada fibra sensible de su ser. Quería que saltaran como cascadas, cansadas ya de aquella explosión que había en ella. Quería que gritaran, cantaran, hablaran y bailaran. Quería que la llenaran. Quería que la liberaran, pero un bucle de suciedad incrustada en su pecho se lo impidió, y ella, quería. Y no podía. Maldito cielo, maldito infierno; hechiceros de un universo, encadenado por sentirse enamorado. Pero ella, quería llorar de felicidad, una vez más.

  • quisiera

    Quisiera poesía para ser alegría,

    mísera

    Quisiera un buen día para alargar la pena,

    mía eres, queridísima amada,

    cicatriz destrozada

    Hundida en el juego de la actriz desvestida,

    sin alma en vida

    Quisiera regresar, llorar de maldad,

    de incredulidad

    Inocencia pura que se arregla,

    falsas sonrisas; de nostalgia pura

    Quisiera llenar mi corazón de paz,

    una conformidad de risa;

    estallada sin prisa

    Quisiera pausarme, reanudarme,

    volverme y, verte

    Quisiera quererte o dejarte ir,

    ser cuerpo en ti

    Quisiera morir, para revivir,

    marchitarme como una flor

    en un mar de melancolía

    Y quisiera tanto, que me naufrago,

    en la deriva

    Porque escribo en declive,

    palabras fugadas

    Y, cristal de llantos

    Sueños enternecidos,

    te quiero tanto, mi yo pasado

    Que quisiera por haberme querido,

    que te quisieras otra vez

    Con la certeza, amiga mía,

    tal vez

  • otra vez

    Te añoro en lo más profundo de mi ser. No quiero escribir pensando en ti y, aún así, tengo unas cuantas hojas con intención de llenarlas todas. Y no es que me falten palabras, tampoco que me sobren; tengo que encontrar las exactas, para que describan, calcadamente, mi horror más despreciado…, el olor a amor, porque detrás desprende el pudor del dolor.

    Ésta vez me estoy queriendo, y poco a poco me encuentro. Pero sigo teniendo miedo del destino que se interpuso entre tú y yo. Porque el universo fue el que hizo que nuestras almas se estrellaran. Y nosotros, que tenemos pies, tenemos que acercarnos, recortando la distancia de este hilo deshilachado.

    No entiendo porqué esta noche tan poética estoy, desordenando las palabras, no haciendo frases sino rimas mal sonantes.

    Y miro por la ventana, y suerte si algo veo, porque detrás invisible todo es, excepto si observo la panorámica desde mi prisma abatido de sueños. Ilusiones, deseos. ¿Qué más quiero? ¿De verdad te necesito? ¿O sólo es un espejismo sin sufijo?

    Mi verano se acaba -y le doy propiedad, moldeándolo, porque es en el que más me he amado- y tú no estás presente. No lo has estado. Y no me deprimo, ya no hay llanto. Solamente mi sonrisa rota, mis ojos averiados. No quiero hablar de mi alma, tampoco de mi ser interno. ¿Pero qué estoy diciendo? Si es lo que escribo a cada tiempo, por cada viento, gritado y soplado; para que se alejara por el mismo recorrido que recorrió.

    Y quiero bailar, pero ya no sé, porque mi corazón ya no late a las pulsaciones de tu canción.

    Sé que no estoy, que inexistentemente soy. Pero no te necesito, y aunque contigo feliz era -todo gracias a ti- vuelvo a decaer, desvaneciéndome en la profundidad del ayer. ¿No ves mis ojos rojos? ¿No ves mi sonrisa falsa, como llora a carcajadas? ¿No escuchas mi corazón? Ya no late. ¿No observas mi cuerpo, inerte?

    Que ya no vivo, querido. He perdido.

     

    30 de agosto, 2016

    00:31 h

  • balazos estallando

    Balazo clavado en un pedazito de mi corazón quebrantado, y aunque simplemente se haya incrustado en uno de ellos, ha venido envenenado, contagiando a todos los restantes. Y ahora me he enamorado, dejando mi cuerpo muy ilusionado. Mis venas se deslizan como las olas, que chocan contra la roca, intentando acariciarla, querer convertirla en un tejido lleno de delicadeza, borrando el dolor, sellando una canción eterna de amor. Afinando las notas, para cuando suenen, que la voz escuchada sea dulce y no áspera.

    Ámalo, otra opción no hay ¿o sí?

    Lo que no comprendo es porqué me pongo a escribir los últimos días de verano, y no los primeros. Será que he llegado a mis finales cosechas, y he podido concluir aquellos temas. ¿Sabes de los cuáles te hablo? De todas las dudas que me surgieron sólo la primera vez de verte. Aún te recuerdo, y también aquel momento. Qué rápido pasan los días, fugados en el tiempo. Y nosotros -tú y yo- perdiéndolos.

    Que estoy en la ilusión, buena estación, y que no quiero detenerla porque sé que la caída será de prisa, tanto, que el golpe me romperá otra vez. Pero yo pregunto ¿una vez que ya se es roto, se puede volver a romper? Lo tengo tan inculcado que digo un SÍ a ciencia cierta. La mía claro, la que sin querer estudio cada vez que me pongo a escribirte cartas, sabiendo que nunca llegarán al remitente.

     

    30 de agosto, 2016

    01:02 h

  • Amor

    Por amor al arte,

    te deseo mis mil y una mentiras

    que nunca fueron dichas.

    Bailarás sobre mis fichas

    como un loco enamorado

    sin saber, ni querer, ser despreciado.

    Y lucharás, pero ya no estarás,

    déjame decirte que eres un juego,

    echado hacia atrás.