Y, todo lo otro,
son extractos
no exactos.
Versos inacabados,
plurales,
singulares,
desiguales.
Caigo a raudales,
del precipicio del amor
que me he creado.
Mi propia muralla,
mi única batalla.
Crearé,
caeré.
Creí,
dormí.
Te vi.
¿Y tú a mí?
Y, todo lo otro,
son extractos
no exactos.
Versos inacabados,
plurales,
singulares,
desiguales.
Caigo a raudales,
del precipicio del amor
que me he creado.
Mi propia muralla,
mi única batalla.
Crearé,
caeré.
Creí,
dormí.
Te vi.
¿Y tú a mí?
Arráncame el miedo,
quítamelo,
derrítelo,
haz que se esfume para siempre.
Que tengo miedo del miedo.
Y frío el corazón, un caparazón.
Una risa estallada sin prisa,
tu sonrisa enternecida.
Me fui a Marte a amarte,
y me quedé allí,
enganchada en el alambre.
Arráncame el deseo,
devuélvemelo,
demuéstramelo,
haz que se quede para siempre.
Que tengo el deseo enterrado,
sólo hay que dejar que salga cuando,
mi corazón, no sea un caparazón.
Diciembre es el mes más helado, y lunes el día más amargo.
Ahí,
será nuestro encuentro, cuando nos besaremos bajo un millón de estrellas, bellas,
subjetivas,
enternecidas.
Se morirán de envidia.
Te declararé mi rebeldía,
contradiciéndome todo el día.
Vida mía,
ven y quédate.
Y que, si quieres,
nos vamos cuando salga el astro solar, un amanecer nuclear.
Allí será nuestra despedida;
un nosotros contra la vida.
¿Qué piensas?
Lo sé, sht, cállate.
Que me derrites con tus cántaros de pájaro enamorado.
Que si vas a quedarte, quédate. Y si te vas, vete. Pero no te quedes ahí, en medio de la puerta, desordenándome los sentimientos, creando caos, confusión e ilusión o desilusión. Que si vas a quererme que sea real y no una fantasía ilusa. Que no soy un juego, soy fuego eterno, y te quemaré las entrañas como decidas romperme el corazón. Porque soy frágil y tengo un defecto: amar hasta las profundidades oceánicas hasta ahogarme, ahorcarme, en ellas. Que yo no quiero que seas mi príncipe, sólo te pido que seas humano. Sí, humano. Que hay pocos en este mundo.

Domingos de poesía,
fría.
Rosa, no tan marchita,
decide florecer;
el ramo entero decide renacer.
Poder decaer, saber caer de cabeza.
Tírate, tírame; empújame al vacío.
Alambre quebrantado, corazón alocado, descolocado, alcoholizado.
Volveré, regresaré y no marcharé.
Moriré pero seré ser.
Viviré, de hecho, estoy en ello, en el rumbo.
Derrumbo las murallas,
de las letras, estrellas, que no salen de mis labios. Silencios estallados, llenos de pensamientos.
Vuelvo a quererme, vuelvo a perderme.
Te declaro la rebeldía contra el amor.
¿Que cómo se inicia?
Versando los versos más tristes, vacíos, intactos y desolados.
Vaciándonos de amores no correspondidos, llegando hasta el éxtasis. Del querer para perder.
Rompiendo la regla;
querer ¿para qué?
Para sentirte vivo, querido.
Eso no es amar, es volar. No lo llames amor, llámalo viento.
Es nuestra forma, nuestra norma.
Rebélate, joder.
No lo estás haciendo, me estás siguiendo y, aquí, me estás imitando, amando.
¿Ves?
No se puede querer a la inversa, pero nosotros lo haremos. ¿A que sí?
Nos miraremos sin besarnos y no declararemos amor, dictaremos dolor.
¿Quieres que te ame o no?
¿Quieres que te lo demuestre?
Entonces,
déjame ser desastre
porque, de otra forma, no sé amar.
Déjame rebelarme,
déjame quererme antes y,
después, te querré a ti aunque anteriormente ya te haya querido.
Déjame ser caos,
déjame ser arte.
Déjame llorar en medio de un océano invadido de cristales deshechos.
Déjame ser.
Déjame rebelarme, tengo que hacerlo para demostrarle al mundo que yo -la que odiaba sin querer, rompiendo, rompiéndose- ahora, justamente, puede amar. Porque saber, ¿quién sabe?
Quiero rebelarme, sólo, déjame rebelarme.
Luciérnagas estáticas en el cielo, oscuro, lleno, mientras nosotros andamos hacia el parque del Taulí. Recuerdos borrosos, crudos que, contigo, pierden toda la amargura. Hablamos, más tú que yo. Tenemos conexión pero todo lo arruinas cuando me dices que no estás enamorado, que sólo es baja autoestima. Que el amor es algo superficial, pero ese algo va más allá si los dos estamos juntos. Porque rompemos mundo, creamos, creemos. Quebrantamos la regla del amor, la romperemos. Lo sé, lo siento.