Categoría: Escritos

  • La lluvia decae,

    pero tú eres arte,

    porque las flores

    florecen de ti.

    Te fuiste a Marte,

    y, cuando regresaste,

    te amaste.

    Ahora, eres un sastre,

    de las palabras descosidas;

    idas y venidas.

    Derrumbamientos mentales,

    tsunamis hechos de cristales,

    como tu alma,

    que es una flor ensangrentada,

    marchita y deshilachada,

    pero que florece cuando abunda el agua,

    o, se ahoga de tanto sentimiento;

    puro y lúcido, ópaco y hueco.

    Tierra y eco.

    Para mi amigo incondicional,

    de Ann.

  • Jay.

    Buenos días;

    por aquí os dejo el prólogo de una historia que estoy creando, que ahora está estancada pero que espero que resucite otra vez. Tal vez, depende de como vaya la cosa, la podréis leer en un futuro no muy lejano.., 2019, 2020… Vete a saber..

    DESGARRADOR

    Prólogo

    Escuchó como unas gotas, indefinidas, abstractas, chocaron contra el alféizar durante unos segundos. Se levantó y, acercándose a la ventana lentamente, la abrió. Entonces las vio. Gotas de sangre, caídas desde arriba, esparcidas por todo el capialzado llegando hacia el suelo, derramándose por los tochos grises oscuros llenos de graffiti. Arte.

    Y es que después de haber estado ingresada en un manicomio durante cinco años, la dejaron en libertad porque su cerebro mal amueblado, se fue arreglando y, justo después de aquellos años, tan inciertos por los doctores, dejó de tener los engranajes mal encajados. Cuando salió al exterior el mundo estaba derrumbado, deshecho y, al regresar a su hábitat, este estaba descolorido, roto, ahuecado, oscurecido, vacío. Era un bloque de pisos, huecos, sin la estructura definida, pintada de colores y formas abstractas con sprays de esos que usan los jóvenes de hoy en día. El esqueleto estaba desnutrido. Y, ella, Rouse, vivía en aquel bloque, sola, sin nadie que la acompañara, justo cuando un día la vida le dio un giro quedándose patas arriba. Es decir, que vio las gotas, de sangre, y las siguió, entreteniéndose, metiéndose en un caos, el que jamás se hubiese imaginado.

    Salió a la calle, descalza y con un vestido roto, gastado y ensuciado por el tiempo, el mismo que llevó el primer día que fue ingresada al psiquiátrico. Una vez en el exterior siguió el rostro de la sangre.

    En las calles no había nadie y el sol abrasaba su cuerpo fuertemente. Simplemente las huellas dactilares marcadas en la arena, que las siguió con la mirada hasta detenerla en un punto en la lejanía, donde se acababan y empezaba un río de sangre, la marca de como un cuerpo, muerto o casi, fue arrastrado. Después, huesos, débiles, delgados, rotos. Y, basura. Montañas de residuos, centenares. Allí vivía ella, al lado de un vertedero. Se adentró en él. Y como ya era habitual, lo encontró. El cadáver.

    Los truenos empezaron a retumbar por toda la ciudad y las gotas de la lluvia comenzaron a borrar el rostro de la sangre, dejándola menos espesa, más líquida. Creando una mezcla extraña, repugnante. Un viento agrio se levantó, disecando la sangre que no se había diluido.

    Se acercó al cadáver. Era su hija, pequeña, la sexta, la última.
    Había alguien allá fuera que las mató a todas, sin dignidad ni compasión. Sin dilación, con la excepción en mano, agarrando el corazón en alto, desangrado, bombardeando, siendo el rey.

  • Estrellas

    No quiero dudar, ya no más.

    ¿Cómo sé si me quiere?

    ¿Cómo se siente al quererle?

    ¿Cómo siento si lo quiero?

    ¿Cómo se siente al no quererlo?

    ¿Por qué tantas dudas?

    ¿Por qué tan lento todo?

    ¿Por qué tan complicado?

    ¿Por qué no llega mi oportunidad?

    ¿O es que las estoy perdiendo todas?

    Sólo quiero volar y no estrellarme, pero se ve que no puede ser, que las estrellas vuelan por mi cabeza.

  • Sólo

    Y quiero a un amor correspondido,

    que me sea respondido con un «estoy» y un «voy» -hacia ti-.

    Quiero que sea algo real, y no superficial.

    Quiero escribirle a alguien que me quiera y no estar pudriéndome por un amor que ¡ya ves tú! Ni siquiera me responde.

    Sólo quiero a alguien que me quiera y quererlo yo también.

  • Infierno

    Ábreme las puertas de tu infierno,

    quiero caer en él.

    Y es que hay muchas formas de ser,

    y por eso, contigo quiero ser.

    Y aunque no estés o te vayas,

    en un mañana no muy lejano,

    seré, sin ti.

    Porque podré, lograré, dejarte de sentir.

    Eso es lo que quiero; lo conseguiré.

    Dejaré de llorarte y lamentarme por un amor que ni siquiera tiene alas o, quizás,

    demasiadas. Se alzan al vuelo muy rápido y, después, acaban estrellándose.

    Como siempre.

    Siempre.

  • Un poco

    Dame un poco de amor con hielo,

    ron y hierro.

    Dame, amor, un poco de amor.

    Sólo un poco.

  • Rosa rosa

    La rosa rosa, roza;

    nace en mi interior,

    ilusa y ñoña.

    Crece por dentro,

    sin espinas,

    idealizada

    e idolatrada.

    Estoy enamorada,

    de él,

    que es como esa rosa rosa que roza.

  • Monstruación

    Me floreces por dentro,

    derramando rosas ensangrentadas,

    que con las espinas desgarras.

    Matas.

    Estás en mi interior, y matas.

    Como mil agujas desgarrándome.

    ¿No puedes comportarte?

    ¡Por el amor de Dios!

    Sé consciente de que, matas.

    Sé comprensible,

    ¡compórtate odiosa pecora!

  • Te amo

    Bésame las entrañas. ¿Pero acaso sabes lo que son? No tienes ni la mínima idea. Bueno, quizá, en eso, me equivoque. Escribe, rasga el papel hasta llegar a las secuelas, oscurecidas por las ramas, por la luz del sol que no las alcanza. Y, cuando lo hayas hecho, escríbeme un poema. De hecho, iba a contarte algo pero se me ha olvidado porque cuando te tengo delante, o entre mis pensamientos, desaparecen mis palabras o se me atascan o atragantan. Soy torpe.

    Ahora, quiero bailar. Volverme loca, poco cuerda. ¿Y si te hago un streptease y luego me versas? O besas. Las dos cosas. Yo te haré uno con cada letra salida de mi interior.

    Te quiero; un día de estos te lo diré, con sonrisas para joderte un poco. Aunque la que se jode soy yo, porque no, ¡no puedo más! Te necesito ya. Aquí. Ahora. Conmigo. Y siempre te lo digo con sonrisas. ¿No me ves? Pues mírame. Ya lo haces, lo sé.

    Sólo me desahogo, porque te quiero, otra vez. Y otra, y otra.

    Y, lo sé, que soy una contradicción personificada, como dijiste. Y me encantó porque la clavaste. Siempre lo haces y yo, como una idiota, me pierdo en ti. Estoy sumisa a tu mirada, soy de tu sonrisa. Tienes el alma enternecida. Te amo.