Es un monstruo,
descarado y ordinario.
Le gusta salpicar con sangre
-palabrotas- y sacar las garras.
Matar con armas,
amarrándose a las entrañas.
Es un monstruo,
descarado y ordinario.
Le gusta salpicar con sangre
-palabrotas- y sacar las garras.
Matar con armas,
amarrándose a las entrañas.
Se me atascan las palabras,
las tengo en la garganta.
Soy un poco idiota, tal vez,
por haberme enamorado de ti.
¿Por qué no te vienes?
Aquí, arriba.
Vuela conmigo.
Alza las copas, bebamos.
Un cielo estrellado,
invierno helado,
parpadeante en el tiempo.
Las flores ya nacen,
florecen en abundancia;
no todas salen pues hay de ellas que parten.
Hacia el sur,
hacia el norte.
Piérdete conmigo,
vente a la cima;
la montaña más alta,
aquella,
la más oscura.
Ya no busco entre la gente tus pasos,
busco tus labios.
Porque paseo entre barrios,
lamo el suelo con las puntas de los zapatos.
Entro y salgo del metro.
Dentro, observo unos, mojados por las puntas. Y es que la lluvia abunda. Pero el cielo deslumbra.
Hoy no me he levantado,
me he quedado,
rasgando el alma,
cosiendo el corazón.
Y, cuando por fin,
he puesto un pie
delante del otro,
me he caído.
Ha sido,
una caída fuerte.
Me ha costado comer,
por eso, las entrañas,
se han quedado vivas y no muertas.
Me he hecho tres orgasmos
leyéndome un libro regalado.
Y, después, no he sentido nada,
vida.
Azul y celeste,
amarilla y naranja,
negra y estrellada;
me matas cada mañana.
Aliento,
un orgasmo lento,
después, rápido.
Bésame,
muérdeme.
Que sé que eres un duende,
escondido entre las des.
Des de desesperación.
Una canción sofocada en tu alma,
cansada, agotada, ¿verdad?
Sólo abre los ojos y sal a volar,
corre,
córrete,
y vive.
¿Por qué han puesto relojes?
Deteniendo el tiempo en cada bala perdida.
Cálame hasta los huesos, sesos enternecidos, o sexo, humedecido.
Sé que te corres con mis palabras,
que corres, quería decir.
Leyéndolas, saboreándolas.
Son expertas ¿eh? Porque salen, así de simple. Yo me pierdo en ellas, retumban mis sirenas por ti.
Ahora te has perdido, lo sé.
Sólo te diré que, estas, son mis senos que, a conjunto con mis gemidos, vuelan por ti.
Relojes para alcanzarlo todo.
Balas perdidas, son dardos, como besos.
Humedécete, bien bien, córrete, lámete, quiérete.
Palabras, disparadas en silencios.
Saborea mis labios, los vas a echar de menos, o de más. Qué se yo.
Sólo sé audaz.
Lo que no sabes,
amor,
es que soy de antemano,
que lo escribo todo en vano.
Que amo,
con las palabras
salidas de mi órgano
principal.
Y es que, hay cosas que no cambian,
y esas matan.