Una carta, otro cielo y un invierno en verano. Pensé que florecía, pero me estoy marchitando otra vez. Los precipicios abundan y los miro cabizbaja y desde la cima porque sé que caeré. ¿O ya estoy en el suelo? Derramo la miseria, el dolor, la vida. Eso es sentirme viva. Solo quiero paz, paz, paz, paz… Pero te echo de menos, aquí, en mi cama. Abrázame amor, abrázame. Quiero sentirme bien y por tanto querer me hundo en la miseria de mi ser.
Etiqueta: desamor
Otro domingo
¡Hola! ¿Cómo va? Me paso por aquí para comunicarte que ¿Te puedo escribir algo? actualmente está gratuito,
¿Te unes a mi caos?
Pd. Gracias por leerme, ¡Nos leemos!
Poemario gratuito
Hey, ¿Cómo vas? Yo enamorada, con el corazón rasgado, aunque sea un domingo para echarme de menos, me paso por aquí para decirte que ¿Te puedo escribir algo? está actualmente gratuito,
¿Me lees?
Pd. Gracias, nos leemos. Que abunde el amor propio, que te reboses el pecho de mariposas. Algún día florecerás y será hermoso.
Crónica del desamor, Rosa Montero
Crónica del desamor de Rosa Montero (Madrid, 1951) es un libro reflexivo, crítico, que trata sobre ir queriéndose a destiempo a una misma, porque a través de un hilo conductor -la vida de la protagonista, Ana, y otras tramas entrelazadas- van surgiendo varios intríngulis latentes, muy presentes.
Entre ellos cabe destacar distintas sensaciones: la soledad, el enamoramiento, el amor -idílico y la escasez de este- y el desamor, el dolor, el sentirse perdida a conjunto con la melancolía constante, el hecho de priorizarse, pero poco y, bueno, el acto de sobrevivir a una misma a pesar de toda la miseria vivida.
Ana es madre soltera, llena de vacíos, quien necesita quererse otra vez, de forma real. El cómo ya es otra cuestión, pues el argumento se desarrolla en base a los vicios, negativos, que tenemos los seres humanos a la hora de intentar querernos. Mientras el espectador lee, este se va preguntando, de vez en cuando, qué es el amor, o qué no lo es.
Así pues, este constraste de reflexiones son divididas en catorce capítulos, cada uno encabezado por un tema genérico, aunque de este se ramifiquen unos cuantos, tan necesarios como los demás. Y, en cada uno, se nos presentan distintos personajes cuyo rasgo común se compone por un vaivén de inseguridades.
En resumen, es una historia centrada en el sufrimiento interno habitual de uno mismo, es decir, nos narra cómo no deberíamos querernos, porque el aprender a querernos es otro camino tan personal e íntimo, que es imposible de descifrar, y de expresar.
El amor, destruyéndose
¿Y cómo se siente el amor? ¿Una construcción imaginaria? Una jodida ilusión, pienso yo mientras voy perdiéndome entre mis pliegues tan surrealistas… Porque estaba leyendo y terminé leyéndome. Quiero decir, lamiéndome las heridas, perdiéndome. ¿Será la señal? ¿Acaso sé algo? Solo siento; muero entre aquellos intentos -suicidas- absurdos por regresar, por palpar la vida. Se me traspapelan las idas y las venidas. Se trastoca el acto, perdido en la fe, de quererme.
Entonces, el amor aparece para destruirse. Sí, al crearlo nosotros, los humanos, provocamos el desliz, el caernos. El llanto, que sale por el lagrimal derecho -deshecho y tuerto-, es la jodida desilusión. Poca razón, que escasea, que deletrea, la misma palabra, estallidos, y destellos, de tanta incerteza, que me paralizo. ¿Sentir tanto para qué? Para terminar recreándome en mi propia soledad.
Vuelvo, volcándome en el abismo, a cuestionarme qué es el amor. O, peor escrito aún, ¿Cómo se siente? Yo puedo, quizás, describir, incluso narrar, cómo se siente el desamor al desarmarse una y otra vez, quitándose, una, la coraza de hielo para después abrigarse, durante los intensos inviernos, con la armadura de piedra.
Sí, el amor real, o sincero, consiste en ir rompiendo ilusiones y, a posteriori, construirse -a una misma- con impulso, con intención. Con instinto animal de loba, y no de gata negra. Quererse porque una merece ser querida, pero por ella misma, siempre con mucha alma y un amor sano, bonito.
La fragilidad de un corazón bajo la lluvia, María Martínez
La fragilidad de un corazón bajo la lluvia de María Martínez (España, 1979) es una novela actual que narra la evolución del amor, tanto propio como ajeno, pues los protagonistas, aprenden, con el transcurso de la vida, a apreciar sus recovecos internos más odiados.
La narración tiene dos perspectivas: Darcy y Declan, cuyos protagonizan la trama principal. Así pues, los capítulos, un total de setenta y cinco, son explicados por ellos, intercalándose, y entrelazando entre sí sus intríngulis, ya que necesitan desaprender para aprender a amar, y quererse al unísono y en el mismo tiempo.
Los personajes secundarios, y muy palpables, imprescindibles para el lío argumental, son el hermano de Declan, Harvey, y el abuelo de Darcy, Stern.
En resumen, es una historia que, gracias a su sencillez, cala hasta los huesos, provocando que el lector sienta constantemente, para, luego, que se pierda entre sus propias sensaciones y vuelva a encontrarse, o desarmarse para ir queriéndose, otra vez.
¿Enamorándome de mí?
Poner punto y final, o puntos suspensivos, en el amor ajeno a mí. Por eso mismo no sé girar la esquina ni doblar la página. ¿Quemar el libro? ¿Cómo se quema el fuego con el fuego? Solo provoco que estalle aún más la llama. Luego, se desvive, apagándose por un tiempo indefinido. Uno inestable. Por eso, probablemente, no sé irme: no sé cuándo colocar el punto y a parte.
A posteriori de observar mi reflejo en el espejo, me pierdo, ¿O aún me quiero más? ¿En qué consiste amarse a una misma? ¿Será un proceso de enamoramiento iluso y constante? Yo quiero amor mutuo, entre este y mi ser interno. Yo quiero quererme. ¿Dónde está el truco? ¿Y la magia?
Desenamorándome, así, la simplicidad del deshacerse por no poder quererme. De arrasar el suelo, el cielo, el infierno. De destruirme. Ahora toca desencajar para colocar la pieza. ¿Sabes qué pasa? Que el último trozo, roto, está perdido, paseándose.
Sola, siento que no siento, ¿O es que no quiero? Y dime, deletréame a besos qué es eso del amor y de ser querido por uno mismo. Siempre voy dialogando con mi consciencia, divagando, con aquellas ansias de creer en algo que jamás he tenido conmigo, pues es aquello tan inédito.
(Des)enamorarse
Desenamorarse es tan bonito y a la vez tan duro, que consiste en volver a quererse a una misma. Desaprender. Desgarrarse el corazón, lamerse las heridas contínuamente. Seguir amándose, regarse. Florecer, y florecer otra vez.
A veces siento que la vida me da puñetazos, que no alcanzo a sonreírme, y me siento culpable por ser infeliz. Por mi inestabilidad emocional. Al mismo tiempo, bailo y brillo y me luzco y saco mi poder lleno de libertad. Ya me siento mejor.
Actualmente estoy enamorándome de la vida, del mundo, del espacio y del tiempo. Me he enamorado de él y también de mí. Sí, lo estoy haciendo, me estoy apreciando, aceptando. Es el proceso más hermoso de entre todos mis momentos vitales. Siempre en gerundio. Y es hermosamente perfecto. Porque una danza en otro vaivén, en un escalón distinto. Y se mueve a través de su corazón cuando suena, cuando vibra.
Pintarse de colores otoñales, acurrucarse en las zonas fuera de confort. Salir de la burbuja, provocar su estallido.
Ser feliz, porque sí, porque te eliges a ti.
Créeme, es el acto de amor más sensato que puedes, y debes, hacer. Así que, niña, ármate y ámate.Perder a una amiga
Perder a una amiga es como perderse a una misma. De aquella forma se sintió. Así se siente. Mirarse en el espejo y solo ver, y no observar, el reflejo sin percatarse de los matices. Saber que estás mal desde aquel día, ser consciente de lo enferma que te pusiste y de cómo sigues. Tener muy presente que decaíste, de que moriste chocando, tristemente, con el bucle infinito.
No sé para qué, bueno sí, para joderme, descubrí tu sentimiento. Lo que sentiste, y seguro que sigues sintiendo, hacia ella. Percibí, ya desganada, que te enamoraste perdidamente. Tú dijiste que era el principio de un enamoramiento, pero yo, después de leer a Mario Benedetti, tal y como dijo Don Rafael, cuando dices «creo que me estoy enamorando» es que ya lo hiciste hasta la llaga de tu -y mi- marchitado corazón. Fue jodido. Jodida estoy. Morí, muero y voy muriendo.
Nosotras en aquella cafetería: ella hablando, yo diciendo mucho con la mirada. Callándolas, las palabras, en suspiros, en intentos de argumentar. La mierda ya estaba echada. El suceso ya anduvo su curso. No hubo opción de cerrar la puerta pues el cerrojo estalló, rompiéndose. ¿Y sabes qué? De una vez por todas, nada estuvo de mi parte.
Me importa poco. Siempre he sido un zero a la izquierda. Prefiero florecer en mi soledad extraña, rota y malbaratada e ir haciendo malabares con mis sensaciones.
Entonces, apareció el momento. Parecía algo superfluo y al asemejarse tanto a la nada, esa «nada» se convirtió en otro de mis huecos oscuros. El más ennegrecido. Destacó. La oveja negra, le nombraron los otros agujeros. Porque pensé que lo había perdido todo. Reflexioné innumerables veces: estoy sangrando. He perdido tanto que me estoy recreando en los recovecos de mi misma. Y sé que acabaré, para volver a empezar, sonriendo sin hipocresías. Seré un océano cristalino. Mientras tanto, miento.
Y fin, de la incógnita.
¿Qué has aprendido del amor?
He tenido que desaprender tantas veces… Para comprender al fin, quizás, que el amor no es dolor y que el desamor duele.
¿Desamor propio? ¿Amor? ¿Para qué queremos? ¿Qué es el amor? Quiero decir, ¿Qué significa el acto de amar?
Martirizarse a dudas, ir latiendo a paso lento y vida fugaz. Porque el amor es eso, ¿No? Querer tanto y tan rápido para, después, bueno, tener una caída de tres segundos y un derrumbamiento mental. De un portazo, de un latigazo. Y, de golpe, dejar de sentir(se). Pero yo me sigo preguntando:
¿Qué carajos es el amor? ¿Duele?
¿Se come a bocanadas de aire? ¿O simplemente se siente? ¿Dónde? ¿En el dedo pequeño del pie?
¿Y de dónde surge?
Supongo que de las chispas del corazón que, en vez de dar tregua, dan mucha guerra.
No he aprendido absolutamente nada. Porque, no sé, el amor lo es todo, supongo en un intervalo de tiempo inédito. ¿Y el viento? ¿Cuántos días nos quedará para seguir amando o sufriendo?
Libro gratuito
Buenas tardes, actualmente el libro «¿Hola?» está gratuito en Amazon.
Gracias por leerme, ¡Nos leemos!
Al verbo
Las colillas -restantes- del cigarro
cayendo al suelo
mientras tu corazón se agarra
sin querer y con ansias
al mío,
doliéndose.
Sintiendo el tacto de las balas
que dispara mi mirada
de aquella metáfora, hermosamente rota,
que se sostiene al aire
sin saber el cómo
ni querer un tiempo,
viviendo siempre
de un pretérito tan imperfecto
que se aferra a eso:
al verbo,
que ya descendido
chocando contra aquel color gris
sucio y oscuro
deja de ocultarse para morir.Quédate amor
Siento cosas,
muchas.
Un pasado que se arrastra hacia el presente,
-el hueco del dolor incrustrado en mi corazón-.
Hay algo por hacer aún, lo sé.
Porque la vida,
joder como mata,
hace que vibremos
al son de una canción.
La que revive los sentimientos y emociones,
los momentos
de aquellos días que parecían eternos.
Créeme
y miénteme a la cara mientras haces que te vas,
y te quedas porque sí,
sin más.¿Sabes…?
¿Sabes qué? Nuestro amor es como la vida misma;
la rosa.
Primero, la semilla donde empieza a nacer el sentimiento. Lo desconocido por conocer.
Después, crece porque se cuida día a día. Se riega, va floreciendo. Hay instantes donde se ahoga, brilla o necesita de más. Es el querer(se) mismo. Tal cual, sin tapujos.
Hasta que llega el fin donde se marchita. La vejez llena de sabiduría y madurez.
La rosa ya muere, pero ha dejado su semilla formando una familia. Creando otra vida en carne y hueso o en polvo. En el universo o más allá de las estrellas.
Ser nostros es ser amaneceres de todos los colores.
Y es hermoso.Recuerdo tras recuerdo, tú
He soñado contigo dos noches seguidas. No quiero soñarte más. Pensé, sentía, que aquella etapa ya la tenía superada, que aquel vacío que se fue formando en mi corazón estaba más que lleno, pero se sigue agrandando. ¿Serán los recuerdos que lo llenan de huecos sin querer? Mira, no lo sé ni quiero saberlo. Sólo digo «ya no más dolor ni pasado». Porque estoy bien, aunque no lo parezca soy feliz. Y también triste. Hay momentos en los que me gusta recrearme en ese sentimiento y sentir un poco del pasado. O mucho. No es malo, es sano si pienso, luego, en el error, en lo que puedo mejorar y aprender.
Y ya.Rebelde sin causa
Hay veces, días y también noches
donde soy más mar
-caos-
y corazón sangriento
que mujer.
Y está bien.
Me derrito,
me derrumbo
me destruyo
sola,
rebelde
y sin causa.Cúrame
Venga, nene,
bésame
el alma
y cúrame la piel.Desamor
Vete (jodido desamor),
aléjate de mí.
Es un sufrir constante,
es un morirse presente
y un «no avanzo» contínuo.
Es un,
querido
ya no quiero querer(te).Cojo de alma
¿Que no me ves?
(No me ves).
Lo rota que estoy,
lo mal que voy
-por el sendero de la vida-.
¿Sabes qué pasa amor mío?
Que estás cojo de alma,
por ella (el pedazo) y no por mí.
Porque, bueno, sigue ahí
en tu pecho
y yo ya no.
-Ya no-.Hechos (efímeros)
Joder,
quiero escribir una historia.
Ya no sé si la mía, la tuya o la nuestra.
Quiero escribir algo épico,
aquello que se sale de la norma;
un amor efímero pero lleno de realidad,
(de amor).
Hay dolor, más de uno.
Se juntan,
incrustrándose,
muriéndose.
Matándome.Recuerdo lejano
Ya no leo (libros).
Tampoco vivo (mi vida).
Ni siento (sentimientos).
Y miento, al verme,
al verte
en un recuerdo lejano.Primer latido
No lo sé, te recuerdo -amor- del pasado. Siempre fuiste y serás mi debilidad aunque no lo parezca. Estuve enamoradísima de ti. Sin conocerte, sin siquiera hablarte, ni tocarte. Sólo me rozaste (el alma). Tan adentro. Me rompiste, quizás me rompí. Dolió tanto.
No puede ser real lo que me está pasando ahora mismo, lo que estoy sintiendo. No hay llanto, pero sí nostalgia que arranca cada flor de mi corazón. Que se marchitan, se van. Se van. Dejé de creer en el amor por ti. Nunca regresé del todo de aquel estado tan emocional. Tan irracional.Adiós
Te fuiste,
amor mío
y si lo escribo
es para
matarme lentamente.
Palabra a palabra,
espada contra espada
y una perdedora
en esta guerra
que parecía no tener fin
pero que la derrota derrapó
por mi corazón
desgarrándome.
Joder,
que ya no estás.
Tu presencia,
mi invisibilidad.Predecible
«No te emociones»,
lo sé.
Porque luego llega la desilusión,
el desamor
y el dolor.
Y no se puede prevenir.Complicaciones
Soy complicada, lo sé.
Y se me complica la vida, también lo sé.
Pero la vida son dos segundos,
tres cigarros
y cuatro estaciones
que en todas ellas pasa el amor.
Para irse
y no regresar.
Porque las casualidades son momentáneas,
efímeras.
Si te encuentras con una de ellas,
hazme un llama cuelga que,
quizás,
y sólo quizás,
nos besamos mientras pasa el tren
porque de antemano lo hemos alcanzado
antes de que se vaya por el andén.La última curva
¿Ves la rotura al borde de la costura?
Está rota y,
o la cortas
y muere
o se va deshilachando,
desangrando.
Es mejor quitar el dolor de raíz que dejar que vaya rompiéndose.
Así estoy yo,
siendo la segunda opción.
La mujer de la herida que sangra,
con la cicatriz abierta
y el corazón partido
por la mitad.
Intentando agarrar de frente la última curva de la carretera
para luego estrellarse y matarse
a cámara lenta.
Pero, aún así,
morir en el intento
sin haberlo intentado.Estrellas
Estallo estrellas,
mapas sin destino,
sin lugar.
El desamor derrapando
en forma de ilusión
y aparcando,
ahí,
en mi calle
para,
bueno,
matarme
del susto,
del golpe.Corazones
Tengo cinco sobres y medio aquí guardados (en mi corazón). Y me duelen porque no los has leído, porque siento y no lo puedo transmitir (a ti). Porque son para cuando ya no estés, para cuando te hayas ido.
Escribiéndonos
Y por salud mental voy a dejar de escribirte,
de escribirme.
De ser naufragio entre tanto mar,
de agarrar de frente el dolor
y comérselo con pudor.
De ser tanto en tan poco tiempo,
en milésimas de segundos.
Porque me está matando.
Siempre he sido caos,
pero ahora soy más lío
que hilo.
Y es cierto que habrá días, incluso noches,
donde seré escrita,
donde me deletrearás con tu lengua,
hasta con tu mirada.
Pero he llegado al límite de sentir,
¿Eso es posible?
Pues sí,
porque he pasado de amar a sufrir.
Y, duele.Basura acumulada
Todo lo otro son destrozos, basura.
(Mierda), que sale del corazón tan roto, desangrado y hueco.
Duele, nene, duele.Aquella noche
A mí aquella noche me dolió mucho el corazón.
De hecho, se me quebrantó a pedazos y a cámara lenta que es cuando mata más internamente.