Buenas tardes, actualmente el libro «¿Hola?» está gratuito en Amazon.
Gracias por leerme, ¡Nos leemos!
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Las colillas -restantes- del cigarro
cayendo al suelo
mientras tu corazón se agarra
sin querer y con ansias
al mío,
doliéndose.
Sintiendo el tacto de las balas
que dispara mi mirada
de aquella metáfora, hermosamente rota,
que se sostiene al aire
sin saber el cómo
ni querer un tiempo,
viviendo siempre
de un pretérito tan imperfecto
que se aferra a eso:
al verbo,
que ya descendido
chocando contra aquel color gris
sucio y oscuro
deja de ocultarse para morir.
Me hubiese gustado quedarme un rato más para conversar sobre la existencia de nuestras vidas. Para preguntarte, quizás, si alguna vez me quisiste. Si ahora aún sigues haciéndome el amor con la mirada.
Al irme, te noté triste, nostálgico.
¿Un abrazo?
¿Un «estoy aquí» sería suficiente?
Siento cosas,
muchas.
Un pasado que se arrastra hacia el presente,
-el hueco del dolor incrustrado en mi corazón-.
Hay algo por hacer aún, lo sé.
Porque la vida,
joder como mata,
hace que vibremos
al son de una canción.
La que revive los sentimientos y emociones,
los momentos
de aquellos días que parecían eternos.
Créeme
y miénteme a la cara mientras haces que te vas,
y te quedas porque sí,
sin más.
¿Sabes qué? Nuestro amor es como la vida misma;
la rosa.
Primero, la semilla donde empieza a nacer el sentimiento. Lo desconocido por conocer.
Después, crece porque se cuida día a día. Se riega, va floreciendo. Hay instantes donde se ahoga, brilla o necesita de más. Es el querer(se) mismo. Tal cual, sin tapujos.
Hasta que llega el fin donde se marchita. La vejez llena de sabiduría y madurez.
La rosa ya muere, pero ha dejado su semilla formando una familia. Creando otra vida en carne y hueso o en polvo. En el universo o más allá de las estrellas.
Ser nostros es ser amaneceres de todos los colores.
Y es hermoso.
He soñado contigo dos noches seguidas. No quiero soñarte más. Pensé, sentía, que aquella etapa ya la tenía superada, que aquel vacío que se fue formando en mi corazón estaba más que lleno, pero se sigue agrandando. ¿Serán los recuerdos que lo llenan de huecos sin querer? Mira, no lo sé ni quiero saberlo. Sólo digo «ya no más dolor ni pasado». Porque estoy bien, aunque no lo parezca soy feliz. Y también triste. Hay momentos en los que me gusta recrearme en ese sentimiento y sentir un poco del pasado. O mucho. No es malo, es sano si pienso, luego, en el error, en lo que puedo mejorar y aprender.
Y ya.
Hay veces, días y también noches
donde soy más mar
-caos-
y corazón sangriento
que mujer.
Y está bien.
Me derrito,
me derrumbo
me destruyo
sola,
rebelde
y sin causa.
Vete (jodido desamor),
aléjate de mí.
Es un sufrir constante,
es un morirse presente
y un «no avanzo» contínuo.
Es un,
querido
ya no quiero querer(te).
¿Que no me ves?
(No me ves).
Lo rota que estoy,
lo mal que voy
-por el sendero de la vida-.
¿Sabes qué pasa amor mío?
Que estás cojo de alma,
por ella (el pedazo) y no por mí.
Porque, bueno, sigue ahí
en tu pecho
y yo ya no.
-Ya no-.
Joder,
quiero escribir una historia.
Ya no sé si la mía, la tuya o la nuestra.
Quiero escribir algo épico,
aquello que se sale de la norma;
un amor efímero pero lleno de realidad,
(de amor).
Hay dolor, más de uno.
Se juntan,
incrustrándose,
muriéndose.
Matándome.
Ya no leo (libros).
Tampoco vivo (mi vida).
Ni siento (sentimientos).
Y miento, al verme,
al verte
en un recuerdo lejano.
No lo sé, te recuerdo -amor- del pasado. Siempre fuiste y serás mi debilidad aunque no lo parezca. Estuve enamoradísima de ti. Sin conocerte, sin siquiera hablarte, ni tocarte. Sólo me rozaste (el alma). Tan adentro. Me rompiste, quizás me rompí. Dolió tanto.
No puede ser real lo que me está pasando ahora mismo, lo que estoy sintiendo. No hay llanto, pero sí nostalgia que arranca cada flor de mi corazón. Que se marchitan, se van. Se van. Dejé de creer en el amor por ti. Nunca regresé del todo de aquel estado tan emocional. Tan irracional.
Te fuiste,
amor mío
y si lo escribo
es para
matarme lentamente.
Palabra a palabra,
espada contra espada
y una perdedora
en esta guerra
que parecía no tener fin
pero que la derrota derrapó
por mi corazón
desgarrándome.
Joder,
que ya no estás.
Tu presencia,
mi invisibilidad.
«No te emociones»,
lo sé.
Porque luego llega la desilusión,
el desamor
y el dolor.
Y no se puede prevenir.
Soy complicada, lo sé.
Y se me complica la vida, también lo sé.
Pero la vida son dos segundos,
tres cigarros
y cuatro estaciones
que en todas ellas pasa el amor.
Para irse
y no regresar.
Porque las casualidades son momentáneas,
efímeras.
Si te encuentras con una de ellas,
hazme un llama cuelga que,
quizás,
y sólo quizás,
nos besamos mientras pasa el tren
porque de antemano lo hemos alcanzado
antes de que se vaya por el andén.
¿Ves la rotura al borde de la costura?
Está rota y,
o la cortas
y muere
o se va deshilachando,
desangrando.
Es mejor quitar el dolor de raíz que dejar que vaya rompiéndose.
Así estoy yo,
siendo la segunda opción.
La mujer de la herida que sangra,
con la cicatriz abierta
y el corazón partido
por la mitad.
Intentando agarrar de frente la última curva de la carretera
para luego estrellarse y matarse
a cámara lenta.
Pero, aún así,
morir en el intento
sin haberlo intentado.
Estallo estrellas,
mapas sin destino,
sin lugar.
El desamor derrapando
en forma de ilusión
y aparcando,
ahí,
en mi calle
para,
bueno,
matarme
del susto,
del golpe.
Tengo cinco sobres y medio aquí guardados (en mi corazón). Y me duelen porque no los has leído, porque siento y no lo puedo transmitir (a ti). Porque son para cuando ya no estés, para cuando te hayas ido.
Y por salud mental voy a dejar de escribirte,
de escribirme.
De ser naufragio entre tanto mar,
de agarrar de frente el dolor
y comérselo con pudor.
De ser tanto en tan poco tiempo,
en milésimas de segundos.
Porque me está matando.
Siempre he sido caos,
pero ahora soy más lío
que hilo.
Y es cierto que habrá días, incluso noches,
donde seré escrita,
donde me deletrearás con tu lengua,
hasta con tu mirada.
Pero he llegado al límite de sentir,
¿Eso es posible?
Pues sí,
porque he pasado de amar a sufrir.
Y, duele.
Todo lo otro son destrozos, basura.
(Mierda), que sale del corazón tan roto, desangrado y hueco.
Duele, nene, duele.
A mí aquella noche me dolió mucho el corazón.
De hecho, se me quebrantó a pedazos y a cámara lenta que es cuando mata más internamente.
Me parto el corazón por ti,
estoy aquí
rota y llena de heridas.
Salí en busca de un pedazo tuyo
y acabé desgarrándome entera.
Te esfumaste
perdiéndote en aquel par de ojos
-no míos-
sino de ella.
Aquella jovenzuela,
ahora,
convertida en mujer.
¿Qué vas a entender de la vida?
Del acto de sobrevivir,
de ser un «zombie»,
de no dormir.
¿Qué vas a comprender?
¿Te vas a poner en mi piel?
Porque si empezamos a conversar,
¿De qué sirve hablar?
Si no hay empatia,
si no hay confianza,
si no hay amor.
No pienso perder más el puto culo por ti.
Me cansé,
sí,
me cansé de ser siempre yo contigo,
yo hacia ti,
yo para y por ti.
Pues, ¿Sabes qué? Ya no.
¿Para qué me quieres?,
es que,
no sé,
pero siento que no sientes tanto como yo.
Te quiero para amarte,
y tú sólo me deshaces
convirtiéndome en arte.
-Espejo roto-;
¿Lo ves?
Ya no se puede reconstruir,
pues yo tampoco.
Y así me quedo,
así me quedé.
Llena de grietas,
de porqués,
de dudas
y de cientos de suspiros inacabados,
ahogados en gritos silenciados.
Compréndelo,
joder,
no quiero más dolor.
-No quiero-.
Hambriento,
mi corazón.
Y día a día se
me cierra la razón
y se inunda todo mi ser
de sentimiento puro.
No hay manera y no avanzo.
Necesito escribir,
vivir
y sufrir.
Sanar en un acto de valentía,
en el de sangrar a corazón abierto.
Me estoy deshaciendo,
el corazón me arde ahí,
entre las costillas.
Y el fuego que late dentro de mí,
me quema,
me calienta,
me rebienta.
Estoy deshecha.
Hace días que no hablamos,
ni tú ni yo,
ni con el espejo.
Me muero,
de hecho,
me estoy muriendo.
Ya morí ayer.
Es tarde para reempezar,
para volver,
para querer(se).
No creo que estemos destinados a forjar un futuro juntos, más allá de cinco años. Siento que el destino nos separará, que dejaremos de ser, de estar.
He escuchado canciones y he visto películas donde las parejas que se sienten unidas, que traspasan el amor, que lo tienen ahí dentro, en el corazón, se les acaba rompiendo el hilo rojo. Por situaciones externas provocando crisis internas y creando una rotura, tan grande que asfixia y mata.
Duele.
A mí ya me fastidia;
pensarlo,
imaginarlo,
sentirlo
-roto-.
Aún no ha pasado y no sé si pasará, pero presiento y no quiero.
Te amo, y lo tengo ahí en mi pecho.
Las estrellas brillan más que nunca,
las flores florecen
y mis ojos se enternecen
de solo ser contigo.
Todo esto -el sentimiento- está guardado en mí.
Y dime, amor propio, ¿Qué es de nosotros? De nuestros huesos, rostro y manos húmedos. Llenos de sangre, de sudor y dolor. De perdedores que quieren levantarse pero les gusta tanto el suelo que acaban arrastrándose. Esa soy yo.
-Esa, soy yo-.
Y dime loca,
pero ya no quiero seguir.
Aquí mi derrota ha llegado y siento que la de todos, los otros, también.