Etiqueta: amor

  • Amándome

    Me di un tiempo
    dándome cuenta de que sí,
    de que se puede,
    de que se debe
    y se quiere.
    Porque no hay nada más bonito
    que amarse sin amarrarse
    y fluir hasta Marte.

  • Amor mío, yo, me quiero

    Y me gusto tanto, que así me pierdo queriéndome. Y es tan sano, pruébalo. Eso, de comerte. Eres dulce y salada a la vez. Es bonito quererse, amarse. Hazlo siempre que aunque cueste sólo debes mirarte con una sonrisa y los ojos llénalos de ilusión. Y que si en ese instante no te quieres porque no puedes, mírate con más deseo, con aquel anhelo de que te querrás en un futuro todavía más.
    Perdónate por todo aquello que no hiciste, pero no te lamentes.
    Y, por encima de todo, pruébate.

  • Querer(me) siempre

    Me gustaría escribir(me) por y para mí,
    sentirme y no dejar de reír.
    Me gustaría cantarme, bailarme y fluir -conmigo-.
    Sí, porque ya es hora de ser egoísta,
    de dejar atrás a aquellas personas,
    cosas,
    momentos
    y estaciones que son depresiones sin sentido,
    que son emociones y, aún así, siguen queriéndose.

  • Presentimiento

    Hay algo que no está bien.
    Lo presiento.
    Ese dolor en el pecho,
    esa presión en el estómago.
    Sentir(se) sin ser ya mujer,
    y aún así siéndolo.

  • Algo

    Me siento como que soy el jodido error, que tengo que pedir perdón por todo cuando, en realidad, los que necesitan perdonar son los demás. Y cuando, la verdad, es que me tengo que perdonar a mi misma por todo el daño que me he hecho, sin querer y queriendo.
    Me siento mal;
    echándome las culpas siempre,
    sintiéndome un jodido caos
    -sin solución-.
    Ellos, los humanos, y yo
    nos distinguimos en algo.
    Y es hora de cambiar.
    Tengo voz,
    cuerpo
    y alma
    y me debo vivir sin dolor ni tristeza.
    Me merezco ser feliz.

  • De mucha vida

    Necesito un vino, emborracharme y volar contigo por haberme besado en los labios. Que vuelo, joder si vuelo. Y muero, también.
    Vestirnos coquetos, de sonrisas, de mucha vida. Aterrizar en Marte y amarte al son del mar. Que las olas nos toquen acariciándonos los pies, y los corazones.
    Después de la estación llega otra y, más tarde, el tren frena en seco. Derrapó ya hace tiempo llegando al son del viento. Como si la cosa no fluyera con los vagones.
    Iba sin pasajeros,
    sólo había dos almas salvajes
    separadas por el tiempo
    y unidas al momento.

  • Florecer contigo

    Florecer encima de tus caderas,
    estallar,
    otra era.
    Otro ser.
    Amantes del placer,
    del querer.
    Que nos siga doliendo
    hasta que la vida lo permita
    y que mueran las estrellas
    y las flores
    y lloren las nubes.
    Que el cielo se caiga,
    se rompa por la mitad
    sólo por sentir demasiado,
    tal punto de amarnos
    explotando el amor que tenemos dentro.
    Porque no hay mayor o peor alegría que ser amantes y amigos a la vez,
    y quererse y amarse para siempre.

  • Verbena de brindis

    Por una verbena distinta,
    por una noche de brindis,
    de que brillen tus ojos
    (al mirarme)
    y sonreírte porque los dos sabemos lo que hay en nuestro interior,
    un sentimiento lleno de amor.
    Un nuevo color,
    las estrellas estallando en el cielo
    -como las mariposas en mi estómago-
    y los besos que sean a todo sabor.

  • París

    Quiero, París, verte con otra mirada,
    observarte,
    deletrearte
    con la lengua y a placeres.
    Los momentos, espontáneos,
    son los mejores.
    Y las risas a tu lado también.
    Porque no hay mejor que ser humana,
    caótica
    y sonreírle al viaje que me espera;
    un futuro lleno de rosas florecidas,
    compartidas
    y aún por vivir,
    será algo
    -aquello-
    mágico.