Categoría: Escritos

  • Instantánea

    Las gotas ya no caen, cayeron mucho antes. El sol es una ilusión óptica y las nubes siguen bailando al compás de mi corazón. Se van, se alejan. Ya no son, ya no están. Y yo que me derrumbo sin hablar, que me quiero desahogada y rebelde, gritando a los cuatro vientos que lo estoy consiguiendo, eso, de ser feliz. Pues ya no, no puedo y me quiebro. Me pierdo. Me quiero rota y descompuesta y también serena y entera. -Eterna-. Que aunque a veces, a ratos y a tiempos me quiebre, sigo siendo yo y no tan yo.

  • Insuficiente

    Me puse a bailar un domingo por la tarde en mi habitación. Necesitaba sentir mi cuerpo, volar, vivir. Quería palpar con mi piel la adrenalina, pero no llegué a tal punto.

  • Vaciándome

    Un parque,
    un invierno,
    un vacío;
    lento y suculento.
    Me pide que me agarre a él,
    como un pájaro a su libertad.
    el cielo
    y la oscuridad.

  • Ellos

    Me gustaría, yo que sé, poder salir una noche sola por puro placer. Ir a cenar y tener una cita conmigo, a solas. Comerme una hamburguesa de esas con huevo y baicon. Y no tener que preocuparme por la hora de regreso a casa, ni por estar deambulando por las calles sin tener que mirar alrededor mío constantemente. Simplemente, dejarme llevar sin miedo. Sin miedo. Pero no puedo, no podemos. Porque están ahí, siempre presentes. Y por mucho que una misma se quiera, por mucho que intente valorarse, llegan. Están. Ahí. Y es pura asquerosidad. Sentirse sucia. Necesitar gritarlo todo. Desahogarse.
    Ojalá no tener que ir con los puños cerrados y en una mano llevar las llaves clavándose dolorosamente en los dedos. Miedo. Terror.
    No somos objetos, no lo somos.
    Ya no podemos confiarnos, no podemos ir tranquilas por la ciudad. Vamos con el corazón acelerado. Hasta de día.
    Le pasó a mi hermana un acontecimiento de aquellos que nunca se olvidan. Tuvo suerte.
    Y, eh, que no pasa sólo en la calle. Que también es en casa con tu pareja que quieres a ciegas. Hasta que sucede. El día, la muerte.
    Es algo que me apetece y no puedo hacer por angustia. Sentirme libre quiero a todo pulmón. No puedo. Y qué rabia.

  • Presente constante

    Hoy necesitaba que me salvaras.
    Algo así como levitar en el aire,
    algo así como soñar despiertos,
    algo así como sonreír aún teniendo la herida abierta.

  • Estallando

    La sangre, ya petrificada, no corre por mis venas. Está paralizada.
    Y a esfuerzos intento caminar, pero no avanzo. Retrodecer.
    Mi corazón explosivo bombardea balas.

  • El día que…, Dulcinea (Paola Calasanz)

    El día que el océano te mire a los ojos

    He conectado, sentido y me ha transmitido; que ya es mucho. No sé porqué pero he revivido un poco gracias a esta novela. He vuelto a ser y me he replanteado el hecho de vivir cada día como si fuese el último. Y no está mal.

    Hay cosas que no me han encajado, pero tampoco me han desencajado.

    Es una historia bonita y dura, aunque increíble. Es tan hermosa que parece irreal.

    El mensaje final de la novela es bueno, es decir, está bien encontrado. Aún así, le falta más emotividad, más.

    No me ha decepcionado, de hecho, me ha gustado. Vale la pena leerlo. ¿Por qué no?

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  • El día que…, Dulcinea (Paola Calasanz)

    El día que sueñes con flores salvajes

    Desde un principio no me enganchó, no conecté mucho con los personajes, luego me enamoré a ratos.

    Es un libro líneal y predecible. Me lo compré porque me lo recomendó una amiga, pero no es el libro que te deja del revés. Sí que te hace reflexionar y replantearte distintas cosas, hechos que pasan y siguen pasando en la actualidad.

    Es rápido de leer, muy fresco. Vale la pena, ¿Por qué no?

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  • Necesidad inexplicable

    Necesitaba respirar otro aire. Y allí estaba, respirando contaminación. No era lo mismo, era peor. La ciudad, la gente; sin alma, ni piedad.