Categoría: Escritos

  • 15

    Una cerveza a media mañana,

    un café a medianoche.

    Una mujer que ya no soy.

    He crecido, he florecido. Desde fuera hacia dentro y, mi interior, estalla estrellas. Aún así, tengo crisis.

    Ayer anoche tuve la de la melancolía; la tristeza arrebataba mi vida. ¿Por qué? Me cuestionaba cada dos por tres, cada vez.

    Lloré internamente.

    Ya no soy la misma, ya no. He perdido, he amado, he sido.

    Estuve y me fui, de mí.

  • 14

    La canción va sonando y yo os voy recordando. Una instantánea en mi mente. Porque no hubieron fotografías; ni en blanco en negro, ni en color. Aún así, os recuerdo. Bajo el sol, en un balcón. Siendo, unidos, familia. No olvidaré este momento, estos días. Se os quiere.

  • 13.

    ¿Sabes de qué tengo miedo? A decir tanto y a quedar tan poco cuando todo esto acabe. A que todo sea una farsa; mentira e hipocresía. Tengo miedo al dolor, ese que te va matando por dentro; consumiéndome. Tanto, que me marchito y dejo de ser yo misma. Me oculto en una burbuja imaginaria.

    Tantos días sin verte, abrazarte y sentirte.

    Tu olor, tu mirada, tus palabras.

    Pánico;

    a que me despidas de esta relación, tan nuestra.

    A que yo deje de amarte, tenerte cerca.

    A que el amor ya no sea amor sino odio. Y que el odio, sin querer, se convierta en rencor. Y, luego, dolor.

  • 12.

    Vi la primavera en mis sueños, a través de mi alma. Y cuando observé la calle, miré aquel árbol, justo detrás de la ventana. Estaba floreciendo; mi corazón sonrió. La comisura de mis labios se curvó. Fue hermoso mientras duró. Y es bonito pensar que el mundo, una parte pequeña, está naciendo.

    Esperanza,

    paz

    y amor.

    -Repítelo-.

    A ver si así se cumple.

    La naturaleza es la única que cumple, la única que corre en estos tiempos de gloria. Porque para la Tierra es gozo y alegría. Para los humanos tristeza y dolor. Aún así, admiro la madre naturaleza. Es poesía.

  • 11.

    Mi pasado; hermoso y doloroso. Déjame decirte, déjame bailarte. Déjame ser libre. Ser ser. Correr y, luego, detener el alma.

    Pausarla.

    Descubrir la anatomía de la vida, la mía, es como descuartizarte por la mitad.

    Como partirte, suicidándote.

    ¿Qué te voy a decir yo a ti?

    ¿Y tú a mí?

    Cada día lo mismo; rutina y cotidianidad.

  • 10.

    Me gustaría liberarme contigo;

    salir a bailar toda una noche. Dejarnos fluir, ser juntos. Sin beber y no en una discoteca. En la calle, a la luz de la luna y con dos copas de vino tinto. Celebrando nuestro amor. Siendo uno en dos.

    Y, así, ser jóvenes para toda la vida.

    Hacernos una polaroid para inmortalizar el momento. Y que el resto de nuestra vidas signifique esto, y un poco más. No olvidarnos jamás de lo que fue vivido, querido y, luego, olvidado. Sé que no será para siempre, pero sí para un rato largo, eterno. Y si eso ocupa mi trayectoria hasta morir; seré feliz.

    Porque ni dos más tres hacen cuatro y ni nosotros somos perfectos; pero somos. ¿Seremos infinitos?

  • 9.

    Entonces me quedé así. Paralizada, pensativa. ¿Qué sentido tenía la vida sin el amor? Porque por mucho que luches, que corras, que grites, que arranques -almas-, sin amor nada. Nada.

    ¿Sabes? Ahora, sí, ahora, te estaba observando por Skype y desde la lejanía te sigo queriendo. Te amo. Es hermoso ese acto y que lo sientas tú, también.

  • 8.

    Te amo.

    A mi yo del pasado, a mi tú del futuro.

    Eras fuerte, tenías valor. -Valor-. Lo sigues siendo. Lo sigues teniendo.

    Y temías a ser herida. Aún así, te lanzaste al hueco: el amor, que también es dolor. Hielo y fuego; tú y yo. Antes y ahora.

  • 7.

    Te echo de menos, de hecho, echo de menos lo nuestro.

    Han alargado los días de confinamiento y estoy más loca, más triste, más nostálgica. La música lo dice, mis ojos nublados, cada vez más ocultos y menos inexpresivos, lo sentencian; la llegada a mi yo interno. Me siento flotar en una niebla espesa, negra. Y cuesta, se me hace difícil caminar. Y hablar. Dar respuesta a mi vida, a mis momentos. Que son míos. Y de nadie más.