Categoría: Escritos

  • la sangre

    Las estrellas del firmamento se colapsan en mi interior, en el núcleo de mi corazón que bombardea a mil por hora. La sangre, alterada, desangrada, desgarrada, te ama. ¿Por qué me cortas las alas? Necesito volar. Y quiero ver la noche estrellada pero la persiana está bajada, me oculta la realidad allá detrás, en el infinito. Y una sirena suena, otro choque colapsado en mi interior.

  • mágicas

    Mi problema es que me sincero demasiado, con palabras, mágicas.

  • Y vuelvo,

    a escribir en mis noches en vela. Estoy aquí esperando, impaciente, un mensaje tuyo. ¿Cuándo regresarás?

  • donde duele inspira

    Se hace el loco pero sé que me mira, me hago la loca pero donde duele inspira. A mi no me vengas de inocente si lo único que sale de tu alma es ira. Comete la mierda, caga la mala uva que llevas encima. Cierra la boca, no dejes que cante más, que si canta llueve. Que se quiebra la voz y las notas caen del pentagrama. Que se muere la música a favor del corazón más potente, -el mío ¿tal vez?- y el ritmo al compás de la pulsación al revés. Como la vida misma, del sentido; la cordura y la locura en un segundo entero y eterno, junto. Pegado con el tiempo. Que de amor en este mundo queda poco, que ya no se sabe si existe. Sacado de contexto; todo es un pretexto, demasiado largo. Interés y desinterés. La gente ya no se acuerda de lo que dijo una vez. Las promesas se quedan perdidas en el cielo, pero nunca escondidas. Yo encontraré la mía, lo sé, y será cuando menos buscada sea, cuando más lejos la quiera.
    Todos merecemos una historia de amor, y bien merecida que es, que la tendremos ahora o después.

  • «El tiempo…»

    «El tiempo pasa muy lento para aquellos que se sienten solos, y sobretodo desolados, caídos, rotos o vacíos y también, enamorados. Después de todo algo de positivismo debe haber en esta miserable vida. Ya no sé. ¿Para qué pensar, hablar o escuchar, decir o hacer? Si todo lo que se piensa no se dice, si lo que se dice se juzga, si lo escuchado se ignora, si lo dicho se desdice y lo hecho ni se deshace.»

  • Imposible

    Es imposible que me quieras. Para enamorarse de mí primero hay que enamorarse de mi infierno entero y como me enamoré yo nadie más se enamora. No quieras quererme, que si lo haces acabarás por odiarme. No intentes odiarme, que una vez que empiezas no acabas, y va en aumento. Pero recuerda que de tanto odio puede nacer el amor. Yo te amaba y después te odiaba, y cuando empecé a odiarte volví a enamorarme de ti, o mejor dicho, seguí enamorándome. Y mi amor y odio hacia ti se complican. Cuando te veo un mar de sensaciones y emociones aparecen en mi interior, y no sabes ni te imaginas, como mis pies se alzan hacia el cielo dejando abajo el suelo. Y no quiero volar, porque cuando vuelo por ti al cabo de medio segundo me estampo contra el infierno para quedarme toda una vida eterna encerrada en aquella única luz; el brillo de tus ojos al mirarme.

  • duele

    Aquí empiezan los textos caóticos de cuando tenía 15 años.

     

    Veo a mi alrededor, los contemplo a ellos. Ellos, que son felices. Tan completos como cada día. Joder, que envidia que les tengo. Ellos, que disfrutan de la vida, de cada momento. Ellos que saben lo que hacen. Ellos que saben hacia donde van. Ellos que saben quiénes son. Yo quiero ser uno de ellos. A veces finjo serlo, y es más difícil de lo que parece. Sonreír cuando lloras por dentro, duele. Saber lo que haces, hacia donde vas y quien eres sin saberlo, sin ir y sin ser, duele. Decir que todo va bien cuando todo está mal, duele. Y fingir que nada de esto duele, duele el doble, y más.

  • Mi otro yo

    También puedo ser la niña mala. Puedo ser una rebelde, una loca chalada. ¡Y gritar! ¡Gritar que se jodan! ¡Que se jodan todos! ¡Sí! Porque si quiero, puedo coger esos tejanos, rotos, desgastados. Esos que enseñan medio culo. Puedo ponerme esa camiseta negra de tirantes, la que marca toda mi silueta entera. Y puedo ponerme esos tacones negros y altos de mi madre. Puedo ponerme una chupa negra. O puedo ponerme esa minifalda negra. Y puedo, también, ponerme ese vestido rojo. Cualquier cosa que haga que los tíos me miren. ¡Que se corran si quieren! Que se caigan al suelo del infarto que les pueda dar al verme. ¡Que hagan lo que quieran! ¡Me da igual! Y, puedo pintarme los labios de un rojo chillón, si quiero. Porque, puedo maquillarme como una pepona. Y salir por ahí de noche. ¡Porque sí! Sin ningún permiso de mis padres. ¡Porque me da igual!¡Quiero vivir, ser libre! ¡Y lo soy! Puedo coger la puerta y salir corriendo, como si nada hubiese pasado. Puedo entrar a cualquier bar y coquetear con todos los tíos. Mientras me bebo dos cervezas y tres cubatas. Y después, puedo ligarme tres a la vez, a los más buenos. Porque estoy muy loca. Y si me da la gana me los puedo tirar ¿por qué no? También puedo salir del bar, para después caerme al suelo. Y, por mala suerte o buena, romper mis tacones. ¡Porque quiero! Ir descalza por la calle, si quiero. ¡Porque estoy totalmente borracha! Y aun así, puedo sacar de mi chupa el paquete de cigarros y fumarme cinco a la vez. ¿Quién me lo impide? La gente me vería tirada al suelo y ni se pararía a ayudarme. ¡Porque daría miedo! ¡Soy un monstruo! ¡Estoy chalada! ¡Di que sí! ¡Sin miedo! Sólo observarían. ¡Palurdos, sois unos palurdos! Algunos se sorprenderían, otros se burlarían y a otros les daría pura pena. ¡Oh, que envidia!Y también, si quiero, puedo gritar un taxi. Mi destino sería ir a Wonderland. Entonces el conductor se partiría el culo en mi cara. Pero yo insistiría. Y no me dejará entrar ¡Mira que cara de amargado que tienes! ¡Corre y no mires atrás! Se lo decía en serio, no era una broma ¿qué problema habría? Que todo el mundo estaría loco menos yo, eso sería el problema. ¡Que todos están locos! ¡Todos son unos locos de remate! ¡Todos están locos! ¡Locos!

  • demasiadas pocas

    El aire en mis pies sube, y asciende, rompiendo, deformando mi cuerpo entero. Desde la nariz hasta el dedo meñique de mi pie izquierdo. Soledad, ¿por qué no vienes a buscarme? Te necesito y aun así siempre estás, aquí, a mi costado, cogidas de la mano. Como ya es habitual en mi vida. Del día a día. Rutinario. Y camino, no sé qué dirección escoger, hay demasiadas pocas. Sí, joder -y lo siento por el vocabulario vulgar, pero me da igual-. Demasiadas pocas…