Categoría: Escritos

  • Necesito volar

    No sé escribir palabras bonitas, todas se desgarran de mi alma. Bonito problema ¿verdad? Si me quiero yo, después te quiero a ti, podremos querernos. Pero si tú no te quieres, entonces no tendremos futuro, aunque conectemos con las palabras, y los pensamientos.

    El otro día estaba pensando en ti, y te soñé. Vi tu rostro. ¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué me enamoro de cada sujeto, de cada desgracia desgarrada? Y no te estoy diciendo que seas desgraciado, pero somo dos desgarrados del alma siendo muy agraciados. No me comprendas si no quieres, pero no te enfades. No quiero herirte, y aun así tu me hieres a mí.

    ¿Y si te digo que nos podemos besar bajo la luna? ¿O en un atardecer? ¿O en medio de la ciudad? ¿Sabes qué? Que necesito que me beses. Necesito volar.

  • si

    Inseguridades. Si me besas sabré que todo está bien.

  • ¿O sí?

    Mala experiencia, no estuvo bien, pero tampoco mal. ¿Qué digo? Estuvo fatal, me siento hecha trizas. Ahora no sé qué carajos hacer. Estoy en bucle, no puedo deshacer lo ya hecho. ¿Qué debo hacer? Me lo advirtieron y yo aposté para perder. He perdido, estoy perdida. Tal vez no debería haber hecho lo que he hecho, es decir, el acto primero estuvo bien pero, el segundo, no lo debería haber hecho. Debería haberme detenido. Y es que no quiero que ningún chico venga a buscarme, no quiero ser su princesa ni tampoco su prostituta. ¿Pero qué he hecho? Ahora soy su reina. Esto no debería estar pasando. Debo detenerlo, pararlo de algún modo. Y, quizás, te preguntarás ¿qué estoy diciendo? Pues lo que lees, lo siento más pistas no puedo dar. Soy así y así seré. Pero de los errores se aprende, y mañana no los volveré a cometer. ¿O sí?

  • Descríbime,

    a mí. Deletreame lo bonita que soy. Y tócame, siente el tacto paseándolo por todo mi cuerpo desnudo. Bésame los ojos, llenos de llantos, bésame la nariz, bésame las mejillas, las orejas y, los labios. Séllamelos, con tus palabras.

  • beso

    Y ella, con cautela, se sentó al borde de la cama. Y allí se quedaron, él recostado, ella sentada, mirándose a los ojos sin poder desprenderse de aquel sentimiento lleno de ilusión y esperanza, sin poder ya cambiar lo que estaba por venir.

    Entonces, en un acto irreflexivo, Aurora se acercó a su boca, para besarle en los labios, y como si éste fuera un imán, le dio un casto beso. Y, pensándolo bien, después de haber hecho tal cosa, se separó rápidamente, arrepintiéndose, y justo antes de partir hacia la nada, Aarón le cogió la muñeca, insinuándole que todo estaba bien. Cedió, y se estiró a su lado, incorporándose los dos, mirándose a los ojos intensamente.

  • Pedazo roto

    Se acaba de romper otro pedazo de mi cerebro. No quiero volver a pasar por lo mismo, no quiero volver a sufrir. No quiero que sufran por mí. Esta vez sufriré yo, queriendo escoger, y escojo el dolor.

    Cuando me vea en medio del bucle será demasiado tarde. Ellos quieren ayudarme pero yo cada vez que quiero ganar, pierdo. Y me arrepentiré, lo sé. Pero ya esta bien ¿no? Ya está bien de todo esto que parece no tener fin. Ya está bien de tanto sufrimiento. ¿Es que el universo se pone en mi contra siempre, a cada rato? Pues sí, es así. ¿Y por qué? ¿Qué he hecho yo para merecerme tal sufrimiento? Tal vez sea yo la rara, la que quizá se oponga al mundo sin querer y acaba siendo la perjudicada.

     

  • De madrugada


    De madrugada salió sigilosamente de su casa y corrió por la calle hasta llegar a la plaza, y allí, se encontró con su amante, joven y desesperado. Se sentaron en un banco y él le dijo susurrando en su oreja: «Siéntate más cerca de mí». Ella cedió, nerviosa por la novedad. Entonces él, con sus dedos, recorrió sus piernas, haciendo carreras como si fueran carreteras. «Siéntate encima de mí» le volvió a susurrar. Y, ella, cedió otra vez más. Sus pechos cayeron encima de su cabeza mientras sus partes íntimas chocaban suavemente. Al cabo de un rato se levantaron, cada uno con ganas desesperadas de quitarse la ropa, y andaron hacia un párquing donde allí se besaron y toquetearon, con ansias. Después siguieron caminando hacia un callejón oscuro, donde él le tocó su parte más preciada. Y, los dos, con unas ganas irresistibles buscaron un sitio donde dejarse caer uno encima del otro. Allí, en el césped, él le hizo deditos, jugando con su clítoris, el que mojado estaba. Y ella, le hacía una paja mientras sus senos estaban erectos, duros.

  • intensamente

    Sus cálidos labios susurrándole bonitas palabras que la hacían estremecerse, mientras rozaban con delicadeza su lóbulo izquierdo. Y acercándose provocativamente, paseándolos de la mejilla hasta los parpados de ella, haciéndolos bailar por la nariz hasta llegar a su fin, para que la besaran intensamente en sus peculiares labios finos y sonrosados, como si sólo fuera el único día que podía amarla. Pero los chillidos de los más menudos cortaron su placidez dentro del sueño, obligándola a abrir los ojos, observando cada rincón de aquel lugar.

  • Sonrisas

    Me sacas sonrisas, me desechas el alma a la luna, ayudándome a amarla, pero, ¿por qué no puedo ser yo la que se ame también? En ningún momento has dicho que me amabas, lo sé. Siento que te quiero.