Categoría: Escritos

  • Amor tóxico

    Ese tipo de amor es tóxico, insano, doloroso y destructivo. No sé, no entiendo, como sigues ahí, enganchada a él. Te comprendo, yo también estuve en esa situación. Y dolió porque fue una ilusión óptica: cuando la puerta se cerró me estampé contra ella. La desilusión llegó y, con ella, la incomprensión y los porqués. Pero él ya no estaba, ya no. Así que, decidí cerrar mi corazón, encerrarme.

  • Sanar

    Había una vez,
    una niña que se convirtió en mujer.
    Llena de cicatrices, de dolores y desamores.
    Entonces, un día, apareció él para cambiar su pensamiento, su forma de sentir y ver el mundo.
    Hermoso.
    Ya no era autodestrucción;
    sino comprensión,
    empatía,
    valentía
    y amor mutuo.
    Sanar, simplemente, sanar.

  • Hacia el interior

    Empecé limpiando el suelo de mi habitación para luego ordenarla. Porque para sanar el corazón se necesita ir del exterior hacia el interior. De fuera hacia dentro. Saqué ropa, la di; a mi madre, a mi hermana o a la ropa humana. Me desprendí de ella para siempre. Para no volver a verla ni a ponermela. Fue un acto de valentía, de querer reconstruirme. Un proceso hermoso.
    Es como las personas, las que ya no te aportan, las quitas de tu vida. Y así funciona, así gira el mundo.

  • Corazones bailando

    Una tarde bonita, con el día ya caído y nuestros corazones bailando. Después de hablar con tu abuela desde la lejanía donde nos unía una pantalla, sentí que todo desencajaba para encajar. Y luego del paseo agarrados de la mano, riendo y besándonos, se me enterneció el corazón cuando me dijiste no sé qué con la coletilla «cuando nos casemos tú y yo». Te respondí con un «¿Qué?» Hace días atrás y meses y años que ya me lo planteé. Que ojalá que sí. Que ese «qué» es más un obvio que otra cosa. Ese «qué» es un Te Amo. Porque el «Sí, quiero» te lo dije latiendo des del primer día que te vi. Soy ilusa y soñadora. Y siento -tanto- que salgo volando. Estoy en el cielo.

  • Amiga

    Amiga,
    lo siento si no te conté,
    si no te confesé aquello.
    Lo que aún me duele,
    lo que todavía no cicatrizó.
    (Miedo).

  • Mar en sequía

    Cuando quieres llorar pero no puedes -o no debes-. Porque el lugar, el tiempo y las personas que te rodean no te van a arropar. No van a empatizar, a sentir tu sentimiento, tu llanto (interno).
    Entonces, el cielo, las paredes de aquel edificio o, simplemente, el latir de tu corazón comienza el concierto. Se inicia en aquel arte tan desolador.
    Porque es un mar -de lágrimas- seco, sin agua ni sal. Que duele, que mata (mata).
    Es como ser la muerte andante.

  • Cielo

    ¿Qué sientes?
    Cuando tus labios tocan los míos,
    cuando quieres atacarme
    y haces que vibre entera,
    que vuele.
    Joder, nene,
    toco el cielo.
    ¿Y tú?
    -¿Y tú?-
    ¿Qué pasa por tu cabeza?
    Déjame soñar,
    darte amor
    y amarte.
    Porque, quizás,
    en un mañana ya nada.
    (La nada),
    como mirar el vacío y afirmarse:
    era él el indicado.
    -Era él-.

  • Jamás

    Ya no voy a pedir perdón;
    por ser caos,
    por estar loca
    y por sentir mucho.
    Por ser el error
    -yo-
    que me repito una vez detrás de otra,
    y sin parar.
    No puede ser que por cada cosa que
    diga
    haga
    y sea
    tenga que perdonar(me).

  • Soy la rosa

    Ser rosa marchita,
    una flor bonita,
    pequeñita
    y llena de espinas
    -cicatrices-
    que te llenarán de rasguños.
    (Te dolerán).

  • Seré otra

    Ser inmadura,
    como una fruta
    que no crece
    y se queda ahí,
    pequeña,
    diminuta.
    Llena de zumo aún por salir.
    Disfrútame porque
    luego, quizás,
    ya no seré así
    sino distinta.

  • Sueño de vida

    Me quiero ir a vivir al mar, en una casita de color blanco cerca de la orilla con el sol tocandónos y una borrachera entre nuestras manos -corazones salpicando-. Que sea siempre abril y un atardecer leyéndonos lentamente. Cualquier libro está bien si es a tu lado. Que me pintes, la piel. Y me cuides el alma como yo a ti. Y sentir mucho, y vivir. Si nos ven los demás -los otros, los restantes- que sea para envidiarnos.

  • Mediodía

    Vaya mediodía más bonito. El sol brillaba y mi corazón palpitaba mientras tus palabras se agalopaban en mi mente, creando la realidad -pura y dura-. Me dolió y a la vez me armó. Porque eres paz, luz y amor. Me gusta porque nuestra relación es real y tu boca dice verdades como cascadas.
    Joder, que quieres ir un paso más allá. Y eso es precioso.
    Te amo.

  • Desvanecerse

    Intentando desconectar y reconectando con el pasado, con aquello que fluía en mi vida -mi forma de ser- y yo viva. Fueron instantes bonitos, no tan rotos, no tan cojos. Si lo comparo con el ahora, si comparo mi yo de ayer con el de hoy siento que muero en el intento. Porque sí, porque ya no puedo. Porque me arrastro por el suelo introduciéndome en el caos (el mío). Y quiero volar y fluir y vivir. Ya no hay manera de sonreír, de salir del bucle, del vacío y de lo sucio. Hay infinidad de rutina en mi día a día, un hueco en mi pecho y malas decisiones. Si me tomara tres copas de vino tinto con un poco de felicidad de compañía, quizás, y sólo quizás, sería más vida que muerte.
    ¿Me viste las ojeras? ¿Sentiste mi caminar? ¿Y mi palpitar? Que las entrañas están marchitadas y que el sol ya no brilla -ya no brilla-.

  • Lunes

    Hoy es un lunes cualquiera,
    porque la fiera -mi interior- ha salido de casa;
    a matar de rabia,
    a sufrir,
    a vivir.
    A sentir todo y nada.

  • Un té de «Te quiero»

    Un abrazo y un té de «te quiero».
    Salir a pasear durante el mediodía y dejar que el sol ilumine mis cabellos ya no tan castaños. La raíz es negra (como mi corazón). Está podrido y, aún así, gracias a ti, brilla. De él nace una florecilla muy pequeña, muy chiquitita. Crece, poco a poco e in crescendo porque puede, porque quiere. Es voluntad y un simple sentir por ti. Me haces vibrar y amar -a ti, a los demás y a la vida-. Y qué bonito, ¿No?

  • Liberarme

    Papá, mamá;
    Me siento presionada.
    Sé que no me obligáis, tampoco me lo decís. Me siento mal. Agobiada y llena de rabia, pero saldré de esta. Iré más allá porque para mí la impotencia no se llora, se remonta. Se sube al trampolín y se salta al vacío para convertirme luego en caos. Me da igual. Sólo quiero triunfar. No para ellos -familia- sino para mí.
    Me hacéis creer que debo -porque lo deseáis- conseguir aquello o lo otro. Estoy bien como soy. Sólo quiero liberarme del sufrimiento, de la presión que hay en mi pecho.

  • El amor

    Yo, -tu musa- leyendo desnuda en la cama, sintiendo y amando el mismo dolor; un libro, el amor. Que es un vaivén de contrastes, de luces y sombras combinadas entre ellas. Porque amar es sentir un cúmulo de emociones que no se detienen y se acrecentan, todas, hacia esa persona. Es volar, fluir y llorar sonrisas hasta estallar. Explotar margaritas. Las flores florecidas que crecen en tu interior -en tu corazón-; así se siente uno cuando está enamorado. Porque (el amor) es primavera, estar en ella y serla, experimentarla. Amarla como se ama a un ser querido. Y el enamoramiento va del verano al invierno, in crescendo y descendiendo ya que luego -tarde pero llega- aparece el desamor. Todo fluye entre estos sustantivos -emociones- que se asemejan más a almas que a, eso, nombres.

  • Palabras poéticas

    ¿En qué te pareces a mí vida mía?
    Me siento fría y estoy oculta entre palabras poéticas llenas de caos. Cansada, desganada, camino y ya sin ser. Nadie, ni tú ni ellos, entendéis nada. Porque no os detenéis a observar, tampoco analizáis y, mucho menos, empatizáis.

  • Bucle y primavera

    No quiero seguir con esto, con la rutina; es basta y aburrida. Estoy en un bucle toda mi vida. Es un no parar y aún así detenerse a respirar, a absorber la primavera que ya viene, que amanece floreciendo.

  • Papá

    Gracias papá;
    por escucharme,
    por sentirme,
    por ayudarme,
    por quererme.
    Te amo.

  • Lo nuestro

    Todo -lo nuestro- se ha quedado a medias y yo rota;
    a palabras,
    a balazos
    y sin abrazos
    cayendo por mil acantilados en bucle.

  • ¿Te puedo escribir algo?

    Amor, no estoy bien, lo digo por si dudas de mi capacidad por estar bien. Bueno, te lo digo a ti porque las otras personas de mi alrededor no me ayudan y no quiero que me ayudes sólo es información. Tendré que salir yo sola de esta montaña rusa que estos días desciende y no se detiene. Estoy triste. No sé si entrando en una depresión. No lo descarto. Y no quiero darte esta responsabilidad: que dependas emocionalmente de mi -dolor-. Necesito algo: respirar. Además de un poco de paz mental, un abrazo y, bueno, exteriorizar lo que me pasa. Escúchame o léeme, depende del momento, de mi necesidad. Sí, sólo necesito bailar con las emociones, dejarme fluir y ser -caos-. Y aunque tú digas que «soy un caos hermoso», es doloroso. Decirte el porqué sería ir demasiado lejos y yo tan allá -en la lejanía- no llego. No porque no quiera sino porque no puedo. Me duele la vida, creo. Será eso. ¿Tal vez?
    Ojalá te quedes aquí, en el suelo, conmigo. O en el cielo. Me da igual. Ojalá lo hagas, eso, de quererme así -tan rota, tan loca-.
    No me gusta estar rodeada de gente y lo que más necesito es estar conmigo misma, sentirme y escribir(me). Supongo, para sanar de todo -aquello-. El pasado me hunde y lo más probable es que muchas personas no lo entiendan. Es que necesito mis tiempos, mis espacios y tengo límites. Y sí sí, no debo vivir en mi pasado, ni pensar en el futuro. Yo no te estoy hablando de hace uno, dos, tres o cuatro años (aunque lo llevo arrastrando). Te hablo del ayer o de hace un minuto atrás o incluso unos segundos recientes. Es ese algo que me lleva hacia la deriva. Será la vida misma o esto. No sé. Y, lo siento -tan intensamente- que me quedo a media frase callándome todo lo que pude decir con palabras a viva voz, o a un simple susurro y no dije.
    -No dije-.
    Gracias amor, gracias;
    por quererme
    y poder seguir adelante con todo este cuadro (de arte) emocional; yo.

  • Corazones

    Tengo cinco sobres y medio aquí guardados (en mi corazón). Y me duelen porque no los has leído, porque siento y no lo puedo transmitir (a ti). Porque son para cuando ya no estés, para cuando te hayas ido.

  • Tú y yo en un nosotros

    Ayer anoche fue duro;
    un sentimiento lleno de
    amor, miedo y nostalgia anticipada.
    Lloré de dolor y pena por si un día ya no estás aquí.
    Sí nene,
    sí nena.
    Somos, ahora, dos en uno.
    Y cuando me miro en el espejo te veo a ti;
    un milagro.
    Una canción llena de ilusiones y vida.
    Pero la realidad a veces llega oculta en una sonrisa que te hace un jaque mate,
    y mata.

  • Reivindicación

    Fue curioso el suceso, la conversación. «Tienes que ser extrovertida», una frase que salió de su boca escopeteándome. Como si eso pudiese escogerse.
    Estoy cansada de la situación.
    A mí me gusta como soy, y cada vez más. Porque me entretengo con mis pieles, líos y sensaciones llenas de caos. De realidad, de ser.
    Soy única.
    Con eso me basta.

  • Timidez

    Pues sí, que habrá y hay mucha gente a la que le es fácil esto, este mundo. Pero hay otras personas que no. Que no se adaptan o, que la vida les desencaja constantmente.
    Se derraman en sufrimiento porque son desarmadas moralmente. Y la culpa no la tienen esas personas por ser así, sino como está formada esta sociedad que no tiene ninguna cabida.

    Y luego tienen que ir a terapia para trabajar la autoestima y las habilidades (sociales). Pero es que estamos en constante movimiento, y nada pasa y todo cambia. Y es absurdo armarte de valor en este bucle sin salida. Porque el problema no son ellos, sino los demás. El problema real radica fuera. Allá.

    Y duele y llena de frustración. Y luego, las personas -ajenas- las miran con curiosidad concluyendo que son raras. Pero es que la rareza no es mala ni buena pero apesta. Almenos hasta donde yo sé.

    Es que nos han educado para vivir en sociedad, para caer bien, para ser buenos en algo. Luego, de tanto no sacamos nada provechoso. Todo es en vano.
    Vamos tirando como podemos ¿O como quieren que tiremos? Es decir, ¿Caminamos como burros sin cabeza o somos los burros personificados?

    Sinceramente, me repela el mundo y no me resbala nada. Antes estaba asustada y ahora voy forjándome, construyéndome pieza por pieza siendo cada día una mejoría. Qué absurdo ¿No?

    Y yo digo que quien no se destruye no se construye.

  • Yo, siempre

    Yo muchas veces,
    por no decir la mayoría.
    Hay momentos que son bonitos,
    pero hay milésimas de segundo
    donde un ser -humano-
    se rompe en pedazos.
    Y duele.
    Duele no ser escuchado,
    no ser respetado.
    No ser.
    Por nada,
    ni por nadie.
    ¿Me entendéis?