Categoría: Escritos

  • deseo

    Remolinos, juegan por mi intestino, traviesos. Son honestos conmigo misma porque me delatan haciéndome tiritar; me están haciendo entender que te quiero, cuando no estás y, cuando estás, aun más.

    Paseo, intranquila, por las calles. Es de noche, ojalá no estalles. Ansias de verte, ojos llenos de ganas, no me las quites; me ganarás con las palabras. Versos malditos, hechizados. Cuentos. Sueños. Realidades mutuas.

    Ya llego, te veo, de lejos, te observo. También está nuestro amigo común y nuestra amiga común. Se me asoma la sonrisa en los labios y los remolinos me suben a la garganta.

    -¡Hey!

    -¡Hola guapii!

    Le doy dos besos a mi amiga, después a mi amigo y, finalmente, a ti, mi amigo incondicional. No me lo pienso dos veces, te abrazo y, por suerte, la mía, me correspondes el abrazo, abrazándome más fuerte aun.

  • nunca se sabe

    Entonces, me doy cuenta de que debería haberte dicho Te Quiero. Porque nunca sabes cuando será la última vez que verás a una persona ¿y si mañana ya no estás? Y me dirijo a cualquier ser amado por mí: amigas, amigos, más que amigos, familia…

    Me siento…, ¿cómo me siento realmente justo ahora?

  • incerteza

    Anduve por las calles oscuras, húmedas. El olor a lluvia, su incerteza más pura.

  • lluvia

    Me encanta la lluvia, su sonido y el tacto de las gotas al tocar mi piel. Es escandalosa a veces, o muy delicada. Lo destruye todo o lo limpia, dependiendo de su caída; por su alegría o por su tristeza. Porque al principio se siente depresiva hasta que las gotas se sacian y el cielo se abre dejando paso a la luz del sol. Un trozo de mundo queda en verdadera paz, sólo por unos largos segundos ya que la tranquilidad se quiebra hasta el punto en que se rompe, justo cuando la humanidad -que no tiene humildad, ni educación, ni empatía y es egoísta- pisa sin dos dedos de frente el terreno aún húmedo destruyendo cada sensación que transmite la bonita naturaleza. La lluvia acompaña mis heridas, mis dudas, y mis miedos, y es la única que me acompaña en mis días tristes que son los más soleados. Y no le culpo al sol por resplandecer en un atardecer, le culpo a mis días con poca vida y mucha muerte. Y si para mí la muerte es vida, ¿entonces qué es vida?

  • Agua

    Déjame tragarte, como una agua desgarrada.

  • mi sonrisa

    Ya no tengo la sonrisa rota, aunque un poco loca y, colgada, por ti, sí.

  • Revolución

    Revolucionas mis neuronas y mis latidos.

    Eres arte, sastre, quien cose mis heridas.

  • deberé, debería

    Y viviré de sueños jamás cumplidos porque el mañana nunca llegará. Lloraré, me dolerá, lo sé. ¿Pero qué más puedo pedir? Si no está destinado a mí, deberé seguir.