Categoría: Escritos

  • 2.

    Caos, caos y caos.

    Acabo de recordar, nada, escenas de mi vida pasada: memorias de una jovenzuela rota, y loca. La locura corría por sus venas.

    «Alocada», le decían.

    Quería saltar al vacío y volar. Se estampó contra el suelo. La caída fue dura…

    Volver a su habitual vida fue. Fue. Una historia que contar, un pasado que borrar. Porqués imperceptibles, dudas inmensas y respuestas inexplicables.

  • 1.

    Quizás era que tenía que cambiar de bolígrafo, o pasar la página. Quemar la libreta o tirarla por el retrete.

    Me estampé contra aquel sujeto, tan indefenso y, a la vez, tan fuerte. Como un roble.

    Ya no sé qué escribo, ni qué pienso.

    Esto; que me afecta. Pero…, Por fin vuelvo a escribir. Aunque me gustaría hacerlo de verdad. Y está siendo más real que otra cosa. Aún así, por eso existen las libretas y por eso yo soy caos. Irregular, indescifrable e imparable. Porque aquí se lee mi paz; mis sentimientos estampados en un mundo ajeno; el mío.

    Quería escribir tanto que, mira, estoy, con la tontería, llegando al fin de la página.

  • Seguimos amando

    Quiero irme contigo, a lo lejos.
    A bailar,
    a correr
    y a vivir.
    Quiero seguir toda mi vida a tu lado y no parar nunca de sonreír.
    Estallar a carcajadas y volar en una nube.
    Y es que el cielo me está rozando,
    tocando,
    hablando.
    Te envío amor y un Te Quiero desde aquí y a ver si las estrellas esta noche se les escapa mi secreto y te susurran en la oreja ese soplido.
    Que no estamos juntos, pero te sigo sintiendo.
    Te sigo amando.

  • Esto no es un poema

    Pues me ahogo, aquí, en un poema de mierda, vacío y desolado.
    Enjaulados estamos;
    nos morimos solos,
    y más rotos que nunca.

  • Soñando

    Me estoy amoldando a la idea de que no te veré; me estoy acostumbrando.
    Ese instante, mientras me tomo un capuchino largo, en el que me imagino mi futuro: encerrada en casa cada semana y el domingo haciendo un ritual mañanero.
    Tomarme las cosas con calma, ya no sentir la brisa del aire rozándome la nariz, arrasando con todo. O tus labios cálidos recorriendo mi piel. Una sonrisa de luna media y no tener tiempo a leerme un libro, dejarlo abandonado allá en mi escritorio. Porque la vida antes -antes- era corta y, ahora, es larga -muy- larga. No hay manera de salir de esta, digo, de salir de mí misma. Estoy entre cuatro paredes, en un caos, en un lío alocado.
    Me gustaría tanto verme a mí contigo, vernos juntos en otro escenario; en la calle, a lo lejos y amándonos. Sentirnos. Y más que piel con piel, alma con alma.

  • Estos días en Marzo

    Me ha crecido el pelo,
    y estoy un poco más blanca,
    y veo luces,
    azulejos que se mueven por el día.
    -Destellos de luz-.
    No indican mi libertad,
    nombran mi oscuridad.
    El deseo de querer salir y no poder.
    -Obligación-.
    Y estoy todo el día mirando series,
    y lloro sola,
    y también río.
    ¿Lo mejor? Que fluyo conmigo.
    Que siento, que soy.
    Con lo bueno,
    con lo malo
    y lo peor.

  • Ir; en gerundio

    Quiero saber de ti aquello más oscuro,
    amargo
    y sucio.
    Quiero descubrirte;
    los huecos más escondidos.
    Quiero encontrarme contigo, otro tú.
    Aquel distinto,
    el que aún no ha salido.
    Ganas,
    ganas de reencontrarme con un tú diferente.
    ¿Nos vamos de birras?
    ¿Me invitas a aquello tan cruel?
    Lo que nunca se escuchó de ti…
    Sabes tanto de mí que es irónico;
    Tú tan poco, yo tanto.
    Quiero reescribirte,
    ser,
    sí,
    otra vez.
    Redescubrirte.
    Eres la diferencia,
    único e irrepetible.
    Inquebrantable.
    Te quiero, así;
    aquí y allá.
    Tanto si eres como si no.
    Simplemente, soy con o sin ti y,
    con eso,
    ya voy,
    hacia ti.

  • Mi voz, yo

    ¿Hay alguien que me escuche, que me comprenda, que me quiera?
    ¿Hay alguien?

    «Sí, yo» dijo la vocecita y levanté la cabeza, el reflejo lo confirmó.
    Era yo la única que podía quererse siempre si quería.

  • ¿Amor propio?

    Tener complejos con una misma por los reflejos de los espejos.
    Y que te digan,
    que te repitan,
    que lo estás.
    Y que antes estabas más guapa.
    Dos tallas de más,
    aquellos pantalones favoritos que ya no te caben, guardados en el fondo del armario.
    Y aquella blusa tan bonita, tan distinta,
    colgada en una percha para adornar.
    Que ya no eres la misma,
    que eres mucho mejor,
    porque cuanto más,
    menos prejuicios y
    un jarrón lleno de autoestima.
    Es cierto que te quieres, pero te cuesta, no por ti, sino por ellos.
    Que si te quieres comer una hamburguesa, hazlo.
    Que sea con huevo, baicon y ya si eso, un poco de ensalada, gracias.
    Con tus cicatrices y celulitis,
    con tu chichita y tus rollitos,
    que no es que te sobren,
    porque te quedan de lujo.
    No llores por querer estar perfecta,
    porque ya lo eres.
    Es un sufrimiento innecesario,
    y el dolor incrustado en tu corazón es por culpa de la sociedad;
    quítate la culpabilidad y el dolor.
    No son tuyos,
    son de ellos;
    los monstruos.