Categoría: Escritos

  • Tú, y la música

    Me influencias musicalmente.

  • Evadirse

    De buena mañana una bonita canción, que suena, que te hace vibrar. Y de salto en salto, de charco en charco, te manchas de barro. Eres ave, eres cielo, eres la luna. Tan sola y feliz; anhelando al Sol, y queriendo cada vez más a su propia soledad.

  • La luna y su soledad

    Un instante en la luna siendo callejera de tus cráteres.
    Viajar a través de tus ojos y ser estrella caída del cielo conjugándome a tu lado. Y brillar más ahí abajo qué allá en el cielo.
    Moverme a base de bombardeos; mi corazón, al son de una canción.
    Y Lewis Capaldi sonando en mi interior, me hace vibrar como un tambor. Se me eriza la piel, se me caen las pestañas de tanto llorar. Pestañeo ante el mar infundiéndome paz. Y la noche me transmite calma. Adiós al dolor, y al mal olor.
    Ser mejor, que algo que se pasea por el mundo porque sí.
    Más humana,
    más dimunita
    y más real.

  • Estrella polar

    Si me tengo que derrumbar, me derrumbaré. Porque eres importante para mí, porque te has creado un hueco en mi corazón.
    Y si un día te vas, alejándote indefinidamente, me dolerá. Lo sentiré tan profundo, porque anteriormente sentí y siento. Soy humana. Tengo huesos que son de cristal, que suenan sólo al andar si los escuchas con el alma, con calma.
    Para mí no son los años, ni los meses, ni los días.
    Para mí son los instantes a tu lado, tan efímeros e intensos que me alegra tenerte tan cerca. Poder besarte los labios siendo míos. Y ser tuya, esta vez, para siempre. No volveré a ser de otro. Pertenezco a ti.
    Nunca podrás borrarte del mundo, he escrito sobre ti. Y cuando una escritora enamorada escribe sobre su ser amado, ya jamás podrá ser olvidado.

  • Eres tú

    Quizás yo para ti sea algo pasajero, pero tú para mí no. Eres algo más, más que amigos, más que novios. Más que un simple deseo, que un anhelo instantáneo.
    Eres aquel beso dado en el momento más querido, más necesitado. Eres aquel abrazo tan sentido, recibido en el momento exacto.
    Para mí eres un pedazo gigante de mi alma, ocupas mi corazón. Y eso es grandioso, deberías sentirte agradecido.
    Y no sólo eso; eres conmigo y nadie antes lo había sido. Hemos conectado, nos contagiamos felicidad. Somos la hoguera chispeando amor.
    Seré tonta,
    seré corta,
    estaré ilusionada.
    Tanto, que destello estrellas; brillando hasta en la oscuridad.
    Y dentro de este desorden, yo, me encuentro real y, contigo, aún más.

  • Fidelidad

    Perdona, pero yo no tengo que fingir que me gusta cuando me toca. Yo siento placer. A mí me sabe tocar y cuando gimo, gimo porque lo siento. No todas somos iguales, pero él, justamente, me hace vibrar como nunca antes nadie lo ha hecho. Porque hay comunicación, porque en esta relación de dos, se habla. Se habla. Sin tapujos ni miramentos. Y no le he tenido que guiar mucho, pero sí le he abierto las puertas enseñándole como se lee mi libro más íntimo. Y no sólo eso, hemos conectado y nos compenetramos. Es cierto que no siempre vamos al mismo compás y, aún así, hay veces que somos más que estamos. No hay miedo sino confianza. Es primordial, esencial. Tampoco hay asco; hay curiosidad y el querer descubrir. Cada vez descubro algo nuevo en su piel, en su mirada y en su sonrisa. Y de su corazón salen chispas de amor. Y surge. Espontáneamente somos, y eso, es lo más hermoso. No se decide el cuándo, ni el cómo, ni el dónde. Se siente, y cada vez más.
    Y es real que llego al orgasmo; unos más intensos que otros, algunos de ellos cortos y los restantes largos. Pero es que hay de tantos tipos, que ya ni les pongo etiqueta. Simplemente me dejo llevar siendo yo misma; la más pura, la más libre, la más fiel a mí.

  • ¿Y qué…?

    ¿Qué pasa?

    Aquello me preguntaba yo a cada instante.
    ¿Qué pasa cuando te desarman? Cuando ponen la realidad en medio de la nada, aplastándotela en las narices. Matándote a base de perdices.
    Pues que ya no eres, que sientes que mueres. En medio de la nada, en un atardecer a punto de amanecer.
    Porque no hay nada peor que se te junte el dolor de la noche, siendo más oscura que luna. Y el brillo de las estrellas te ensombrezca más que te ilumine.

  • Reflejo

    -Espejito, espejito ¿Quién es la más linda de este edificio?

    El espejo mágico se quedó mudo y, al fin, ella pudo comprender qué era la belleza interior. Lo que reflejaban sus ojos era el poder de su alma;
    rota, fría y marchita.
    Una rosa roja, con espinas.
    Un invierno, sin sus hojas.
    Una flor, sin sus pétalos.
    Aquello, era infierno.
    Y el dolor que atragantaba su corazón en su cuello, era aquello nunca visto.
    Aquello nunca descrito.