Categoría: Escritos

  • Diosa

    No tengo texto, ni letra. Soy poeta de la tierra, de la madre naturaleza.
    Esta, otra era. Y yo, reconstruyéndome. De lo malo, de lo amargo.

  • Estrella

    Hacía sol, él me iluminó. Me sentí frágil y a la vez empoderada porque, al fin y al cabo, no había nada mejor que ser yo misma.
    Salí a la calle sin rumbo, ni vida. Con mucha poesía y poca alegría. Un canto a la muerte, un baile recordándome lo mucho que me quería, que me quiero. Que siento que puedo porque vuelo.

  • Necesidad

    Y es que cuando pido ayuda, nadie me acompaña. No se arropan a mi lado a escucharme, a sentirme.
    Necesito a alguien que le vibre el corazón al mismo tiempo que el mío.

  • Sueño

    Una sombra, una oscuridad. Un meneo y un revuelo; de sentimientos, de emociones. Cáotica yo, desastre tú.
    Salir a la calle y, en vez de ver la ciudad, imaginar el mar. Qué calma, qué paz.
    Ojalá, pienso.
    Y sigo caminando. Ya no veo a las personas ni a la humanidad. Me he imaginado un mundo distinto indundado de felicidad.
    Vaya utopía y que poca alegría.
    Todo cambia cuando abro los ojos, cuando me veo en medio de la sociedad, perdida y sin salida. Un rumbo indefinido y mi corazón quebradizo.

  • Instantánea

    Las gotas ya no caen, cayeron mucho antes. El sol es una ilusión óptica y las nubes siguen bailando al compás de mi corazón. Se van, se alejan. Ya no son, ya no están. Y yo que me derrumbo sin hablar, que me quiero desahogada y rebelde, gritando a los cuatro vientos que lo estoy consiguiendo, eso, de ser feliz. Pues ya no, no puedo y me quiebro. Me pierdo. Me quiero rota y descompuesta y también serena y entera. -Eterna-. Que aunque a veces, a ratos y a tiempos me quiebre, sigo siendo yo y no tan yo.

  • Insuficiente

    Me puse a bailar un domingo por la tarde en mi habitación. Necesitaba sentir mi cuerpo, volar, vivir. Quería palpar con mi piel la adrenalina, pero no llegué a tal punto.

  • Vaciándome

    Un parque,
    un invierno,
    un vacío;
    lento y suculento.
    Me pide que me agarre a él,
    como un pájaro a su libertad.
    el cielo
    y la oscuridad.

  • Ellos

    Me gustaría, yo que sé, poder salir una noche sola por puro placer. Ir a cenar y tener una cita conmigo, a solas. Comerme una hamburguesa de esas con huevo y baicon. Y no tener que preocuparme por la hora de regreso a casa, ni por estar deambulando por las calles sin tener que mirar alrededor mío constantemente. Simplemente, dejarme llevar sin miedo. Sin miedo. Pero no puedo, no podemos. Porque están ahí, siempre presentes. Y por mucho que una misma se quiera, por mucho que intente valorarse, llegan. Están. Ahí. Y es pura asquerosidad. Sentirse sucia. Necesitar gritarlo todo. Desahogarse.
    Ojalá no tener que ir con los puños cerrados y en una mano llevar las llaves clavándose dolorosamente en los dedos. Miedo. Terror.
    No somos objetos, no lo somos.
    Ya no podemos confiarnos, no podemos ir tranquilas por la ciudad. Vamos con el corazón acelerado. Hasta de día.
    Le pasó a mi hermana un acontecimiento de aquellos que nunca se olvidan. Tuvo suerte.
    Y, eh, que no pasa sólo en la calle. Que también es en casa con tu pareja que quieres a ciegas. Hasta que sucede. El día, la muerte.
    Es algo que me apetece y no puedo hacer por angustia. Sentirme libre quiero a todo pulmón. No puedo. Y qué rabia.

  • Presente constante

    Hoy necesitaba que me salvaras.
    Algo así como levitar en el aire,
    algo así como soñar despiertos,
    algo así como sonreír aún teniendo la herida abierta.