Autor: perezitablog

  • Escritores

    Expresamos;
    Sofocados y saltando por el precipicio,
    para matarnos en un suicidio de sentimientos;
    que se acumulan,
    que abruman,
    que avergüenzan.
    Expresamos;
    para no morirnos nunca.
    Es un antídoto,
    la medicina,
    -la droga-
    al delirio.
    A aquello que nos hace levitar
    y, luego, frenar
    en seco.

  • Abundancia de significado

    Y es que cuando parece que falta una palabra en una frase, es porque hay abundancia de significado lleno de sentimiento.

  • Superfície

    Veo que no entendéis, que no comprendéis. Que no vais más allá. Que os quedáis estancados. Las palabras, al fin y al cabo, no dicen nada concreto. Carecen de significado y gracias a la falta de este abunda la escritura mal escrita. Pero si por un momento, todos, nos paramos a leer con significado y preguntándonos, llegaremos. Alcanzaremos a comprender, a dudar y a tener criterio. Aquel que pocos tienen.
    Porque las frases son abundantes de todo aquello inexistente.
    Entre letras, pestañas y sentidos acabamos entendiendo y llegando a conclusiones increíbles.

  • Pasado

    Yo tuve un pasado también.
    Quiero repetir, justamente, aquella etapa.
    Revivirla y seguir sin determe a pesar de las consecuencias.
    Porque quiero sentir el aleteo que harán mis alas una vez empiece el vuelo.
    Será espectacular, lleno de grietas pero espectacular.

  • Actitud de vivir

    Tener ilusión por la vida,
    por las cosas cotidianas
    y por nuevos proyectos.
    Esa es la actitud.

  • Plasmar sentimientos

    Escribir duele,
    y leer aquello escrito
    mientras se siente,
    mata.

  • Me pasa

    Me pasa que empiezo y no termino,
    que empiezo y no termino.
    -Que empiezo y no termino-,
    aquello empezado.
    Y es raro, supongo, y fastidioso.

  • Aquello

    Aquello de que, en un momento del día, quería escribir. Me apetecía. Desistí, me eché para atrás. El tiempo se comió mi inspiración, quitándome -arrancándome- los dedos. Los dedos mágicos,
    los dedos invisibles,
    los dedos ocultos.
    Aquellos que no se ven.
    Que ya no vibran, ni cantan ni bailan.
    Y esos, desde mi sombra, son una parte mía.

  • A veces

    A veces grito,
    pero nadie me escucha
    porque es un suspiro
    tan sutil e inexplicable
    que no se palpa en
    la realidad.

  • Inspírame

    Inspírame vida, inspírame.
    Y déjame vivir.
    Déjame ser.
    No quiero arrastrarme cada mañana, ser invierno toda mi vida.
    -No quiero-.

  • Tuve traumas

    Tuve traumas, no te lo voy a negar.
    El más doloroso fue el trauma del desamor.
    Me rompió por la mitad y de golpe.
    Un portazo,
    y me evaporé.

  • Quizás

    Quizás cuando estamos tristes o sin amor -ni propio ni ajeno- escribimos mejor, más sinceros.
    Más nosotros.
    Más vivos.
    Nos liberamos luego de soltarlo,
    de plasmarlo.
    Porque dejamos a un lado, en la hoja, los sentimientos sentidos para, después, sentir otra vez.

  • Chica

    De la chica con la mirada perdida, aquella que está mejor fluyendo sola. Que se arrepiente de todo. A la que le mata el amor porque odia sufrir. Para ella, la vida eran momentos decepcionantes. Instantes rotos y panorámicas en blanco y negro. No existía el color, ni el doble sentido en aquellos cielos pasados.
    Era la tristeza,
    que se apoderó de su cuerpo arrancándole el corazón, dejándole, allá en el pecho, un hueco. Rompiéndole cada órgano
    -asfixiándola-.

  • Preguntas confundidas

    No son celos, es decepción.
    Y es peor.
    Es cuestionarse el porqué una y otra vez.
    No poder,
    no querer.
    Y volver,
    recaer.
    Al dolor,
    al pozo sin salida de preguntas confundidas.

  • Amor doloroso

    Pero esta vez sufriremos juntos el amor y yo. Y es que hay momentos que duele tanto, que acaba matando.
    Te agarraré, te acunaré. Te tendré bien cuidado para que cuando sufras, no me rompas más. Resistir, simplemente.
    Y respirar.
    Latir más rápido, más intensamente.

  • Ser a pedazos

    ¿Qué vas a saber del acto de leer? De quedarte mirando en la nada pensando en la fe, en la que esconde el libro. Y el dolor que desprenden sus palabras. Momentos inéditos de mi vida; inolvidables. Me rompen, me achican.
    Escuece el verbo, mata la palabra haciéndote revivir en una frase. Y, justamente, esa, es la que te hace sentir; llorar internamente, ser. Y qué bonito, ¿No?

  • ‘¿Hola?’

    Mi libro ‘¿Hola?’ gratuito en Amazon durante el día de hoy.

    https://www.amazon.es/dp/B084LCXJTZ/ref=cm_sw_r_cp_apa_UfNNFbRG0TXZ8

    Gracias por leerme.

  • A corazón abierto

    Y de repente, tú; allí. En la puerta de salida para poner en marcha la huida y correr a todo pulmón, a corazón abierto.

  • Niña

    Niña, no te preocupes. Eres pequeña, aún tienes que crecer. También eres frágil y fuerte.
    Recuérdate que vales, no la pena, no el oro. Que vales por ser tú. Y sólo por eso ya deberías ir aprendiendo que no todo lo que brilla es real, que tiene más de una cara. Que si no observas el mundo con perspectiva te vas a matar, a hundir. Dejarás de fluir. Y sonreír. Sí. En muchos momentos. Pero no por ello serás menos, simplemente serás. A secas. Que está bien que te digan «quiérete». ¿Pero de qué sirve si el que te lo dice no te quiere, no te respeta y no te admira?

  • Canciones

    Joder, me definen las canciones que escucho.
    Perfilan una silueta -yo- haciéndome entender que así soy. Se va dibujando con ceniza la línea de mi rostro. Y a medida que la música avanza, que la letra baila, se va desdibujando mi corazón. Deja de ser, y desaparece desvaneciéndose en un soplido.

  • Ceniza rota

    Quizás sea la música, esa letra, que se cala en los huesos hundiéndote en ese mar tan caótico y oscuro.
    Tan profundo.
    Y así te hace caminar,
    vivir,
    ser.
    Así hace verte vacía;
    triste.
    Triturada,
    hecha añicos.
    -Soy, justamente, esa ceniza rota en pedazos-.

  • Libérate, mujer

    ¿Por qué idealizamos el amor?
    ¿Por qué romantizamos el dolor?
    ¿Por qué maquillamos lo cruel?
    ¿Por qué sustituímos todo lo malo con una sonrisa y seguimos caminando?
    ¿Por qué no detenernos?
    ¿Por qué nos decimos a nosotras mismas que ya pasó cuando aún nos está absorbiendo?
    ¿Por qué no paramos un momento?
    ¿Por qué no nos observamos en el espejo y nos autodecimos?:
    -¿Qué haces, mujer?
    -Libérate.
    -Suéltate el pelo.
    -Vuela.
    -No te aferres al pasado.
    -Vive, y vive como te dé la puta gana.

    Porque nos estamos enganchando constantemente al dolor, a aquello que no vemos con ojos críticos. Porque hay que decirlo, es una necesidad y no se puede evadir el jodido tema.
    -Hay que nombrarlo-.
    Hay que ser, por un instante, cruel. Ver aquello que no vemos, salirnos. Verlo con perspectiva, desde la lejanía y decir: eso, yo no lo quiero. Y si no cambia, lo dejo y me voy.
    -Me voy-.
    Hay que llorar y sentir como nuestro corazón se va rompiendo pedazo por pedazo. Y, luego, hacer un ‘stop’ mirándonos a nosotras.
    Decirnos que, eso, ya no lo queremos de cualquier forma porque no nos pertenece. Porque no lo merecemos.
    Y punto.

  • Necesidad

    Quiero escribir, bueno, ya lo hago. Actualmente es necesidad.
    -No puedo-.
    ¿O no quiero?

  • Luces apagadas, y dolor

    No me gusta, no me gusto. Eso, quiere decir que no me quiero.
    Me miro en el espejo, el reflejo me dice, me canta y me grita una palabra, que yo ya sé de antemano. Que la siento tan adentro que me apago. Que me duermo, que me ensombrezco.

  • Perspectiva

    Un domingo,
    a las ocho de la noche
    con el cielo oscurecido.
    Ya es tarde,
    o quizás,
    muy temprano.
    Depende, todo,
    de cómo lo mires.
    -La perspectiva-.
    Y entiende,
    siente,
    fluye.
    Vive,
    joder,
    vívelo;
    tanto lo malo,
    como lo bueno.

  • Entiéndelo

    Entiende que la vida, a veces, no es lo que tú quieres. Que hay instantes que son un «no» rotundo. Que no puede ser que bailes como un robot, que aún así, déjate fluir. Porque aunque cueste es importante, es vital, vivir. Con todo. Tus sentimientos, tus emociones. El acto de querer, la fe que se desvanece poco a poco y la esperanza que siempre está.

  • Miedo a querer

    Tengo miedo a quererte demasiado,
    y volcar el vaso.
    Y que ese amor tan grande lo rebase.
    -Tengo miedo-.

  • El tiempo se fue

    Tarde, como siempre.
    Habitual en ti.
    No sé,
    -no sé-
    cómo sigo esperándote.
    Quizás es que aún te quiero.

  • Mírame

    Morirse por dentro.
    Qué dolor,
    qué angustia,
    qué tristeza.
    -Mírame-,
    ¿No me ves?
    Deshaciéndome,
    ahogándome,
    aquí,
    dentro de mi propio mar,
    de mi propio corazón.

  • Batallas aún por batallar

    Seguir, y seguiré.
    Me siento fría y frágil,
    llena de grietas.
    Que son rasguño,
    que son agujeros
    y que van de uno en uno.
    Qué triste la vida, y dura.
    A fuera, en la calle,
    hay batallas aún por batallar
    y, esas, que todavía no empezaron.

  • Echándote de menos

    Te echo más de menos por la noche yo… y lo siento.
    Lo siento.
    -Suspiré-,
    y luego seguí mi guerra.

  • Moratones

    Moratones en el corazón.
    De guerra;
    grietas.
    Y mucho dolor,
    y poco amor.