Categoría: Escritos

  • Sobre la cotidianidad

    Me gustaría escribir sobre hechos bonitos,
    sobre la cotidianidad
    -lo que surge día a día-,
    pero lo único que hago es pensar
    y ahogarme en mi pensamiento.
    Y no quiero, ya no.

  • Este otoño

    Y me imagino un otoño bonito, lleno de amor y hojas que al caer al suelo crujen, como mi corazón. Es un crujido tierno, uno que se enamora de una misma al mirarse al espejo y se dice: «quiero hacerlo». Porque esta estación era y es mía. Mi favorita. La que anhelo. Me encanta. Me llena el alma con sus lluvias, con los calcetines gruesos y un buen libro que leer. Y leerlo. Sentirlo. Que palpitan, sus páginas vibran. Los colores, el ambiente, la ciudad y sus noches menos largas, pero más intensas. Las estrellas que nunca veré y siempre deseo. Quererlas dentro, ahí, en mi pecho para que estallen xe todo lo bueno que me puede llegar a pasar.
    Este otoño es mío.

  • El invierno

    Este invierno será distinto,
    quizás menos frío,
    ahogado
    y dolorido.
    Tal vez más significativo por haber sentido o,
    mejor dicho,
    vivido.
    Las flores se van,
    pero las de mi ser interno no,
    ya no.
    Se quedan, están y crecen.
    Van floreciendo poco a poco al son del amanecer.

  • Una pausa

    Me paro aquí a pensar, a sentir.
    Es una pausa, un momento de escribirme. Sin tapujos, sin miramientos, y con muchos anhelos que se quedan ahí, en el cielo. Porque no sé, quiero crear un sueño y hacerlo realidad. O más de uno. Mirarme en el espejo, recrearme en aquel invento y decirme «Yo puedo, yo quiero».

  • Es amor

    La vida
    no son dos días
    y tres suspiros
    sino que son
    cuatro segundos;
    la primera mirada,
    una vibración en el corazón,
    el acto de volar
    y, luego,
    el verbo
    en descendente
    -morir-.

  • Quiero vivir

    Que quiero volar sin importarme la caída, quiero sentir vértigo y la adrenalina recorriendo mi cuerpo. Quiero vivir, pero de verdad.
    Siento que el tiempo corre y yo no corro con él. Siento que no siento y, no sé, es una sensación extraña. Rara. Incomprensible, quizás.
    Vivo metida dentro de la rutina. Lo de siempre. Y no me disgusta, pero me aburre.
    Me gusta sentir(me) y por eso necesito ascender hasta estrellarme contra el suelo. Y me da absolutamente igual todo. De hecho, quiero caer, petarme el corazón y morir si hace falta.
    Echo de menos el aleteo de mis alas, que quieren y no saben o, simplemente, no pueden porque están agotadas.
    Olfatear,
    escuchar,
    ver,
    oír
    y tocar es todo lo que me debo.
    Hace tiempo, uno indefinido, que he dejado de abrirme al mundo.
    ¿Quizás ahora es un nuevo comienzo?


  • Estoy aquí (conmigo)

    Me hubiese gustado quedarme un rato más para conversar sobre la existencia de nuestras vidas. Para preguntarte, quizás, si alguna vez me quisiste. Si ahora aún sigues haciéndome el amor con la mirada.
    Al irme, te noté triste, nostálgico.
    ¿Un abrazo?
    ¿Un «estoy aquí» sería suficiente?

  • Domingos

    Este domingo, justamente,
    como todos los otros
    -los pasados y futuros-
    no me apetece hacer nada y,
    aún así,
    he hecho cosas.
    Dormir,
    leer,
    escuchar música,
    conversar,
    y sentir.
    ¿No sería eso algo como vivir?

  • Como yo

    Necesito pegarme dos tiros,
    el primero en la sien
    y el segundo en mi corazón
    para que pete -yo- de una vez.
    Para estallar y derramar la sangre
    en mi muerte (súbita).
    Será mi sombra,
    y el cielo
    ese día
    llorará,
    pero no de dolor
    sino de amor.
    Y en mi funeral
    sólo habitarán los que deambulan por las calles,
    los que viven muertos.
    No los llames «zombies»,
    llámalos como seres sin alma.
    Son las personas vacías.

  • Sentir(se)

    Y los sábados son para no hacer nada de lo planteado. Para levantarse y salir a la calle. Experimentar, rememorar momentos y vivir. Es decir, el acto de sentir(se).

  • Vaivén

    No aprendo,
    no aprendo,
    no aprendo.
    Y esto va y viene,
    el vaivén de mi corazón,
    los pensamientos que surgen de este
    hacen que me replantee mi existencia,
    mi forma de vivir,
    de ser.

  • La vida, la luna y yo

    ¿Qué estoy haciendo con mi vida?
    Me ahogo.
    Soy más pálida que la luna,
    que me observa desde la lejanía,
    des del cielo nocturno.
    Una vez me dije «hazlo, y punto» y,
    con ese lema en mi cabeza,
    hice todo lo que estaba fuera y dentro de mis manos,
    de mis posibilidades.
    La fastidié no una
    sino hasta más de quince veces.
    ¿Qué aprendí?
    Algo de mí:
    lo caótica que puedo llegar a ser.

  • Amanecer

    Aquí,
    desde donde se observa un cielo nublado.
    Es un día gris, pero no para mí sino para el mundo.
    (Este).
    Y es bonito también.
    Porque rompe esquemas
    y mentes.
    El corazón de la vida es eso:
    ser mientras todo se quiebra y,
    luego,
    presenciar una sonrisa con la salida del sol.

  • Estoy sanando

    No te apures, estoy sanando. Sí, florezco y también me marchito. No pasa nada, solo fluyen sentimientos, emociones y pensamientos. Es divertido ese vaivén -ese caos- llamado (mi) vida. Es una bomba explosiva porque arrasa, al igual que yo. Pero no te preocupes porque así es, así se va y se vuelve. Y no hay nada más bonito que ser ser.

  • Mis alas

    Quiero leer(me) aquello lleno de sentimiento,
    de vivir sintiendo el tacto,
    rozando el pacto que hice
    conmigo misma
    de ser gerundio a cada rato.
    Quiero un libro caótico y a rebosar de heridas,
    de cicatrices sin cicatrizar.
    Explicarme una y otra,
    y otra vez
    que el mundo
    -el mío-
    no es tan malo,
    ni vacío
    ni descolorido.
    Porque,
    al fin y al cabo,
    siempre estarán mis dos esperanzas:
    las alas de mi espalda con las ganas recargadas,
    a punto de alzar el vuelo hacia un nuevo terreno.

  • Aleteos

    La cuestión más hermosa es esa. (No saberla). Pero sentirla. Como se siente aquello más amado, arrebatado por algo o alguien (tu mismo) sin saber el porqué. Es tan sencillo y a la vez tan complejo. Es quitarle la voz a la mariposa. Qué triste ¿Verdad? Déjame contarte esta realidad: el vacío que siente ella, la que en su momento creció, floreció y se sanó de aquel pasado dolorido. Aunque, por mala suerte o voluntad, regresó. Esa sensación de perdición, de no saber el qué ni el cuándo ni el cómo. En definitiva, de no (querer) saber. Porque para ella la vida que le esperaba eran dos alas y muchos vuelos donde florecer. La vida es así. Te quitas y te das. Vas y vienes -contigo mismo- para luego despegar, levitar y caer. Y otra vez, vuelta a empezar.

  • En nuestro corazón, siempre

    Es curiosa la vida: cómo todos venimos de esos estudios humanísticos, siendo unos jovenzuelos, dirigiéndonos a estudiar aquello que creemos amar. La literatura, la lengua y la cultura de cualquier idioma. Maravilloso. ¿Porque realmente la amamos? Para mí, leer y escribir me salva, me sana y me rompe. A veces en ascendente y, otras, voy del revés. De cabeza hacia abajo. Y me gusta, me encanta. Me enamoro (de mí). Porque siendo como soy -caótica de pensamiento, firme de sentimiento y con el instinto al vuelo- aterrizo y subo como quiero, como puedo. Quizás es algo bueno, quizás no. Me ayuda a crear arte, a sacar de ahí, de mi ser interno, lo que siento y lo que viví en pasado y en un presente eterno.
    Al fin y al cabo,
    un escritor,
    un texto,
    un poema,
    una frase
    y una palabra
    siempre quedará en nuestro corazón.