Categoría: Escritos

  • Sacaré

    Vomitaré cada herida,
    cada cicatriz sin cicatrizar.
    Vomitaré hasta mi corazón
    y así seré feliz.

  • Locura personificada

    Un día me emborracharé e iré a ver el atardecer hasta que salga el sol. Y saltaré piedras y volaré con las manos en forma de avión y contaré las estrellas hasta perder el control. «No estoy bien» me repito una y otra vez hasta acabar llorando internamente. Y vaya caos soy. Me quiero volver loca, ser la locura personificada. Arrastrando los pies y con la sonrisa falsa, ese es mi lema o mi forma de vivir. Qué jodida, sí, yo.
    Quiero vivir, mucho.
    Sentir, a ratos e intensamente.
    Volar siempre y nunca caer.
    Necesito otro amanecer, uno distinto, uno que me grite, a pedazos. Que todo se está rompiendo pero que se reconstruirá.
    ¿Cambiará?
    La vida se me parte en dos;
    más quemada de alma que de rostro.

  • Flotar del revés

    Volar como si nunca lo hubieses hecho, armarte de valor y saltar por el precipicio; de tu alma. Bajar hasta abajo y tocar fondo, profundo y letal. Ya no hay vuelta atrás. Y ser más flor marchita que rosa florecida. Qué pena, qué alivio.

  • Amaneciendo

    El amanecer y las luces de los semáforos parpadeando. Se hace de día, se hace la luz y qué bonito. La ciudad casi vacía, cuatro almas andando por la faz de la tierra. Y qué gozo el silencio, vaya melodía. Me gusta y me enamora esa canción, esa panorámica y ese cielo. El sol ha salido pero está escondido entre los edificios; y qué sensación, distinta, especial y extraterrestre de mí. A la vez muy dentro mío.

  • Quisiera yo…

    Me hubiese apetecido charlar contigo a la luz del sol, mientras brillan nuestras pieles y, el agua dulce de la piscina bailaba, como nuestros corazones en momentos pasados. Ha sido duro, difícil y doloroso.
    -Soledad, bienvenida-.
    Porque no hay nada más bonito que conversar, de cualquier cosa, del mar y de cómo nos gustaría, en un futuro, volar. Pero, ¿Para qué? Si aunque estemos juntos ya no somos.
    Nada más hermoso que ver en tus ojos relámpagos; fuego, calor y hogar.
    Y tormenta me siento yo; que arrasa y arrastra todo a su paso de una bocanada de aire gigante, como un terremoto.
    Quiero paz y sentirme, mucho. Hay veces, instantes, en los que dejo de ser humana, en los que no puedo ser yo porque me inunda una sensación de impotencia terrible.
    No ayuda y mata, lentamente y a escopeta abierta.

  • Mal humor

    No sé cómo expresarlo con palabras. A veces tengo rabia metida en mi cuerpo y se consume de golpe. Y es tan ardiente que hago arder a las personas. Y jodo, y me jode. Es jodido. Saco todas las llamas al exterior y soy más demonio que ángel. Y acabo echando a perder mi persona y a los demás y, los otros, sacan la ira en contra de otros.
    Está bien estar mal.
    No debería preocuparme.
    Porque son momentos que acabarán. Son instantes cortos. Y me duele hacer daño, me duelo a mí misma.
    Pero soy humana, tengo distintos humores. A veces buenos y a veces malos.
    Que si río,
    que si lloro,
    que si grito,
    que si respiro,
    que si mato
    o que si quiero.
    Hay tantos; ni gris ni negro.
    A todo pulmón, a todo color asfixiado, sin tinta.

  • Belleza idealizada

    La gente tiene un concepto de belleza idealizado, y no es bueno. Y hay que romper sus esquemas y los cánones de belleza. Porque estáis hartos -yo también- de miraros al espejo y no aceptaros. Que si más que si menos, eso, no es sano. Estoy cansada de que las personas de mi alrededor me digan que para qué voy al gimnasio si luego me zampo una hamburguesa o unas patatas bravas. Pues yo no voy al ‘gym’ para adelgazar, mi concepto de belleza no es: delgadez igual a hermosura o gordura igual a antibelleza. Es que yo no lo veo así, ya no. Los cuerpos son humanos, que cambian, que evolucionan, que crecen y envejecen. ¿Y qué hay más bonito que unas celulitis que son marcas de guerra? Que el paso de los años te dicen, te recuerdan, por todo aquello que has luchado. O que una cicatriz, o más. Que te animan a seguir hacia delante, para no olvidarte que has podido y podrás. O unas arrugas debajo de los ojos recordándote por todo aquello que has vivido y que ha valido la pena, y etcétera. Lo siento, a mí me fascinan los cuerpos, aquellos imperfectos; todos. Es decir, no somos perfectos y nunca lo seremos, y aunque nos esforcemos en ello, no. No vale la pena. Si los defectos es lo que hacen a las personas reales. Y eso, a mis ojos, es lo más hermoso.

  • Sentido mortal

    He intentado buscarlo todo, agarrar de frente la inspiración y llevármela a cuestas. No he podido. Se escapó hace más de mil segundos a millas de aquí. Se fue, o mejor dicho, se extravió por el camino y no tiene intención de regresar. Mentalmente agotada, emocionalmente avivada. Y cuando me encuentro en mi cama echada siento que quiero bailar pero mi cuerpo no siente lo mismo. Paralizado, inmortalizado. Momento inexplicable. Y sé que hago esfuerzos, intentos por seguir. El mundo no me quiere o me quiere rara y siempre atada, al pasado, a aquello desigual. Y me gusta porque soy distinta aunque agota.

  • El acto de follar

    Follar en el coche; qué gloria.
    Con los calcetines puestos y el vestido tirado por el suelo.
    En una callejuela escondida entre la ciudad, dentro de una caja, burbuja de ensueño, los dos -enamorados y llenos de pasión- entre las hierbas malas. Y luego, paz. Conducir hacia la metrópoli de la ciudad y bebernos, a sorbos, una cocacola. Qué hermoso, tú. Y la vida.