Categoría: Escritos

  • Y que me agarres la mano por haberme observado minutos antes.
    Y ver que estoy ausente;
    fría y ardiente.
    Eres mi noche estrellada,
    mi cielo esclarecido.
    Eres mi estrella polar,
    aquel sueño tan deseado.
    Eres, en presente y vivo.
    Siendo, en gerundio.

  • ¿Será el amor?

    Comer pizza a las seis de la tarde,
    vernos a las siete y media
    y besarnos con ternura.
    Ser locura;
    alma enloquecida.
    Y correr en medio de la calle;
    como late ese corazón,
    va al ritmo del tuyo.
    Soy la chica sin razón,
    un cosquilleo corre en mi interior.
    -Es el amor-.

  • Ojú

    Ojalá nosotros duremos,
    ojalá seamos de esos que llegan juntos a la vejez.

  • No(s)otros

    Parte de ti,
    de mí,
    contigo.

  • Instante

    Ya no creo expectativas,
    porque me dejo fluir y volar.
    Reír en un instante de llanto y calcular cada latido que late roto,
    como el impacto de un balazo en el estómago.
    Siempre he sido aquella que busca los instantes moviéndose por impulsos, a ratos y descontroladamente.
    Entrar a bocajarro en la vida de alguien y, de improvisto, que este desencaje cada pieza del puzzle creando caos, confusión y extrañeza.
    Rareza.
    Y, de un momento a otro, una felicidad incandescente.

  • Herida

    Cicatriz abierta que se envenena,
    cicatriz sin cicatrizar.
    -Cicatriz-.
    Que nace, crece, asfixia y mata llevándote a la deriva de la media vida.
    Luna, tú que estás tan llena y repleta de luz, ven.
    Ven y rescátame.
    Sácame de la grieta rota,
    del hueco oscuro.

  • Hogar

    Dame viajes de ida y no de vuelta.
    Que quiero irme y quedarme allá contigo, en nuestro cobijo.

  • Cupido

    Cupido,
    cómete la flecha hasta atragantarte.
    Que estoy cansada ya de tantos desamores,
    de tantos desiguales,
    de tantos irracionales
    que luchan por un amor no correspondido.
    Desángrate, luego huye.
    Desármate,
    descárgate,
    agárrate bien al arco porque te has vuelto manco.

  • La monotonía

    Ojeras y rostro demacrado.
    Dos quilos de más y un vestido encogido.
    Se acojona por verte partir y, aún así, ella sigue allí.
    Cagándose en un váter ajeno,
    con las bragas al suelo
    y el corazón al cielo.
    Ve pasar la vida mirando por la ventana de la cafetería;
    hay mucha gente en la lejanía.
    Es de noche y el amanecer se acerca.
    Y luego de dormirse en la madrugada,
    retoma su jugada por la mañana.
    Y entra en un bucle sin salida;
    ha entrado, otra vez, en la rutina.