Categoría: Escritos

  • gotas

    Algunas gotas caen del cielo chocando contra el suelo, otras chocan sobre el cristal y resbalan hasta llegar a su fin como aquí, que caen de mis ojos y manchan de recuerdos mi almohada, supongo que no pasa nada, sólo es agua.

    Y así toda la noche, la lluvia no se detiene ni un segundo. El sonido es bonito, lo es más aun el silencio que transmite una sonrisa sincera. Empaparse es divertido, no tanto como la tristeza de mis ojos, rojos y cristalizados. Me quedo en sequía, sigo ahogándome. Las calles quedan muertas, quemadas por el fuego de la lluvia. Aquí sólo quedan las cenizas, y esta vez no se van con un soplo del viento, incrustados en el suelo y sin intención de deshacerse, ya no. Sólo queda un pasillo oscuro con principio y final infinito, un cielo vacío que acompaña mi soledad y una luna escondida por temor a la vida. Sólo queda mi alma rota y una muerte que me espera ansiosa en el amanecer de cada día, y por culpa del ayer estoy más herida y menos viva.

  • Destellos inexpertos

    Me desvanezco, me hundo en la miseria de la tierra. Soy feliz pero voy con los sueños de frente, chocando contra mis ojos, deslumbrándome. Destellos inexpertos.

  • Aquello

    Me han dado motivos, razones, para no irme, alejarme de todos y apartarme. Yo, quería pero, un día todo cambió. Sucedió. Aquello menos esperado, sucedió…

  • tu voz

    No pude dormir, pues estuve escuchando tu voz a cada segundo la noche anterior. Sé que me observas, detenidamente, te escucho, a cada rato. Consciencia inerte, quiéreme. ¿Algún día me llamarás? No lo sé, no lo sabes. Te escondes en la oscuridad de la noche, debajo de mi ventana, observándome. Y sé que me repito, pero es lo que haces. Te escucho. Mucho. Te amo. Mucho. Leíste un escrito mío, identificándote en él… Después hablaste de que soy buena escritora, hablaste de mí. Pero, yo ya no sé si eras tú, aunque mi certeza me dice que sí.

  • sexo y amor

    No sé qué me pasa, me siento sin ganas. Tal vez necesite sexo, sí, será eso. O amor, también.

  • ¿?

    ¿Y por qué se escribe del desamor? Nunca se escribe del amor y, si se hace, se escribe de uno idealizado. ¿Qué será de nosotros? ¿Qué será de nuestra verdad? De los humanos, ¿realmente nos enamoramos? O es todo una ilusión porque, cuando te enamoras sientes como si estuvieras en una ensoñación. Y entonces tu realidad no es tu realidad.

    Cambiando de tema, me gustaría saber qué se siente al no sentirse enamorado. Pues me enamoro de cada espectáculo brutal, mínimo detalle esencial.

  • Calor

    La calor me abrasa, es terrible. Miedo tengo a marearme y, caerme al suelo. Un aire corre por mis venas, no quiero que se desprenda. Tomo el agua que mi padre me ofrece. Aquí, en el Garden, el sol se hace grande, inmenso. Me intento concentrar en la música, la que sale de mis auriculares o, observo mi ropa. Voy con un mono granate de florecitas. Me sienta bien. Y veo a las personas pasear, veo a una mujer con el pelo blanco trenzado, una madre con un cochecito, a mi padre. Necesito ir al coche, calor insoportable.

  • el mundo

    El mundo se me desmorona. Te esperaré eternamente, debajo el cielo estrellado, en medio de la oscuridad. Yo y mi destreza. La luna que ilumina mi faceta de niña buena. Ya no sé amar, no me busques. Y aunque te esté esperando prefiero que no vengas, y que si estás, vete. Ahora me estoy queriendo, con mi yo roto, con los trozos esparcidos por el suelo. Que ni encajan, pero me da igual. No es necesario encajar, de hecho, no me da la gana. Porque empieza a llover y es hora de irse. Me gusta quedarme, como siempre. Saborear el tiempo, sentir el viento. Tocar el cielo. Mojarme el pelo, la cara, el cuello y el cuerpo entero. Y no querer parar por algo que se sabe amar con la ausencia de la necesidad, porque eres ese precioso instante en el que la lluvia cesa y la tierra huele a mojado.

  • orgasmo

    Se sentó en una silla con las piernas cruzadas, una encima de otra, notando el tanga blanco de encaje estirado hacia arriba, provocándole una sensación agradable en sus partes más íntimas. Movía su pelvis balanceándola como un columpio, al ritmo de la melodía que sonaba de la radio, y sus manos se agarraban fuertemente a la silla. Después, con los ojos cerrados, sentía el tacto de sus senos y, moviendo la cabeza hacia atrás con sus cerezas erguidas llegaba su momento más esperado, el orgasmo.