Autor: perezitablog

  • Aquello

    Aquello de que, en un momento del día, quería escribir. Me apetecía. Desistí, me eché para atrás. El tiempo se comió mi inspiración, quitándome -arrancándome- los dedos. Los dedos mágicos,
    los dedos invisibles,
    los dedos ocultos.
    Aquellos que no se ven.
    Que ya no vibran, ni cantan ni bailan.
    Y esos, desde mi sombra, son una parte mía.

  • A veces

    A veces grito,
    pero nadie me escucha
    porque es un suspiro
    tan sutil e inexplicable
    que no se palpa en
    la realidad.

  • Inspírame

    Inspírame vida, inspírame.
    Y déjame vivir.
    Déjame ser.
    No quiero arrastrarme cada mañana, ser invierno toda mi vida.
    -No quiero-.

  • Tuve traumas

    Tuve traumas, no te lo voy a negar.
    El más doloroso fue el trauma del desamor.
    Me rompió por la mitad y de golpe.
    Un portazo,
    y me evaporé.

  • Quizás

    Quizás cuando estamos tristes o sin amor -ni propio ni ajeno- escribimos mejor, más sinceros.
    Más nosotros.
    Más vivos.
    Nos liberamos luego de soltarlo,
    de plasmarlo.
    Porque dejamos a un lado, en la hoja, los sentimientos sentidos para, después, sentir otra vez.

  • Chica

    De la chica con la mirada perdida, aquella que está mejor fluyendo sola. Que se arrepiente de todo. A la que le mata el amor porque odia sufrir. Para ella, la vida eran momentos decepcionantes. Instantes rotos y panorámicas en blanco y negro. No existía el color, ni el doble sentido en aquellos cielos pasados.
    Era la tristeza,
    que se apoderó de su cuerpo arrancándole el corazón, dejándole, allá en el pecho, un hueco. Rompiéndole cada órgano
    -asfixiándola-.

  • Preguntas confundidas

    No son celos, es decepción.
    Y es peor.
    Es cuestionarse el porqué una y otra vez.
    No poder,
    no querer.
    Y volver,
    recaer.
    Al dolor,
    al pozo sin salida de preguntas confundidas.

  • Amor doloroso

    Pero esta vez sufriremos juntos el amor y yo. Y es que hay momentos que duele tanto, que acaba matando.
    Te agarraré, te acunaré. Te tendré bien cuidado para que cuando sufras, no me rompas más. Resistir, simplemente.
    Y respirar.
    Latir más rápido, más intensamente.

  • Ser a pedazos

    ¿Qué vas a saber del acto de leer? De quedarte mirando en la nada pensando en la fe, en la que esconde el libro. Y el dolor que desprenden sus palabras. Momentos inéditos de mi vida; inolvidables. Me rompen, me achican.
    Escuece el verbo, mata la palabra haciéndote revivir en una frase. Y, justamente, esa, es la que te hace sentir; llorar internamente, ser. Y qué bonito, ¿No?