Mi libro ‘¿Hola?’ gratuito en Amazon durante el día de hoy.
https://www.amazon.es/dp/B084LCXJTZ/ref=cm_sw_r_cp_apa_UfNNFbRG0TXZ8
Gracias por leerme.
Mi libro ‘¿Hola?’ gratuito en Amazon durante el día de hoy.
https://www.amazon.es/dp/B084LCXJTZ/ref=cm_sw_r_cp_apa_UfNNFbRG0TXZ8
Gracias por leerme.
Y de repente, tú; allí. En la puerta de salida para poner en marcha la huida y correr a todo pulmón, a corazón abierto.
Niña, no te preocupes. Eres pequeña, aún tienes que crecer. También eres frágil y fuerte.
Recuérdate que vales, no la pena, no el oro. Que vales por ser tú. Y sólo por eso ya deberías ir aprendiendo que no todo lo que brilla es real, que tiene más de una cara. Que si no observas el mundo con perspectiva te vas a matar, a hundir. Dejarás de fluir. Y sonreír. Sí. En muchos momentos. Pero no por ello serás menos, simplemente serás. A secas. Que está bien que te digan «quiérete». ¿Pero de qué sirve si el que te lo dice no te quiere, no te respeta y no te admira?
Joder, me definen las canciones que escucho.
Perfilan una silueta -yo- haciéndome entender que así soy. Se va dibujando con ceniza la línea de mi rostro. Y a medida que la música avanza, que la letra baila, se va desdibujando mi corazón. Deja de ser, y desaparece desvaneciéndose en un soplido.
Quizás sea la música, esa letra, que se cala en los huesos hundiéndote en ese mar tan caótico y oscuro.
Tan profundo.
Y así te hace caminar,
vivir,
ser.
Así hace verte vacía;
triste.
Triturada,
hecha añicos.
-Soy, justamente, esa ceniza rota en pedazos-.
¿Por qué idealizamos el amor?
¿Por qué romantizamos el dolor?
¿Por qué maquillamos lo cruel?
¿Por qué sustituímos todo lo malo con una sonrisa y seguimos caminando?
¿Por qué no detenernos?
¿Por qué nos decimos a nosotras mismas que ya pasó cuando aún nos está absorbiendo?
¿Por qué no paramos un momento?
¿Por qué no nos observamos en el espejo y nos autodecimos?:
-¿Qué haces, mujer?
-Libérate.
-Suéltate el pelo.
-Vuela.
-No te aferres al pasado.
-Vive, y vive como te dé la puta gana.
Porque nos estamos enganchando constantemente al dolor, a aquello que no vemos con ojos críticos. Porque hay que decirlo, es una necesidad y no se puede evadir el jodido tema.
-Hay que nombrarlo-.
Hay que ser, por un instante, cruel. Ver aquello que no vemos, salirnos. Verlo con perspectiva, desde la lejanía y decir: eso, yo no lo quiero. Y si no cambia, lo dejo y me voy.
-Me voy-.
Hay que llorar y sentir como nuestro corazón se va rompiendo pedazo por pedazo. Y, luego, hacer un ‘stop’ mirándonos a nosotras.
Decirnos que, eso, ya no lo queremos de cualquier forma porque no nos pertenece. Porque no lo merecemos.
Y punto.
No me gusta, no me gusto. Eso, quiere decir que no me quiero.
Me miro en el espejo, el reflejo me dice, me canta y me grita una palabra, que yo ya sé de antemano. Que la siento tan adentro que me apago. Que me duermo, que me ensombrezco.
Un domingo,
a las ocho de la noche
con el cielo oscurecido.
Ya es tarde,
o quizás,
muy temprano.
Depende, todo,
de cómo lo mires.
-La perspectiva-.
Y entiende,
siente,
fluye.
Vive,
joder,
vívelo;
tanto lo malo,
como lo bueno.