mía, muy mía.
Pero si quieres puedes venir,
y lo que haré será provocarte,
porque me encantas,
y te deseo.
Eres mi deseo.
mía, muy mía.
Pero si quieres puedes venir,
y lo que haré será provocarte,
porque me encantas,
y te deseo.
Eres mi deseo.
Andaba por las calles, medio oscuras, caídas en el atardecer, frías y marchitas. Su corazón con un poco de fe. Deseaba un cambio, romper con la rutina. Ella florecida, amanecida, cada día, en él porque lo quería.
Una pantalla, un teclado y unas manos. Una hoja en blanco y un corazón intacto, ya no tan marchitado. Evadido por un flechazo que duró unos cortos segundos.
Quiero escribirte aquello jamás escrito, lo que no se llama amor sino lo siguiente de eso. Quiero declararte mi cobardía, valentía. Quiero decirte, dedicarte, quererte y amarte. Que quiero que te digas que te quieres hasta creértelo, que te dediques un poco de tu tiempo y que lo aproveches y te ames. Sí, porque tú puedes, eres.
Necesito que te quieras, no puedes depender de mí para quererte porque, un día, no estaré, me necesitarás y perderás. Lo perderás todo, de hecho, lo habrás echado a perder. Mira, escúchame; levántate de la cama, aunque las sábanas se te enganchen en las pestañas. Levántate y observa el exterior, desde una ventana o, mejor, sal en pijama a la calle y quédate sentado en tu portal, en el escalón. Desde allí verás el sol ascender, decaer hacia arriba. Después, entra y hazte una taza de leche caliente y échale Cola-Cao, también un par de huevos sí, para salir a volar. Porque para deslizarte entre las nubes necesitarás mucho suelo, pero, cuando lo consigas, créeme, valdrá la pena. Y quiérete, mucho, tanto que no te quepas ni en tus mismos abrazos.
Hay personas que a veces te decepcionan, y hay que acostumbrarse para levantarse y decir «No pasa nada». Te decepcionan con una palabra, un texto o una mirada. Una acción, un acto o, una poesía echada del revés, hacia atrás. Pero, hay que aceptarlo, no todos estarán para ti y, al final, sólo quedarás tú. Siempre estás tú. Y ahora, justo ahora, escribiendo este texto, estoy aprendiendo una lección. Que aunque sea tu amiga o tu madre, no siempre estará ahí, para apoyarte y quererte. Que tendrás que levantar cabeza y quererte tu misma, sin reproches, sin peros, con puedos.
yo,
que le fui
infiel
al viento.
Y,
yo,
que rompí la regla.
Y yo,
que te quise sin querer,
que te quiero porque sí.
No quiero noviazgos,
ni bodas,
ni compromisos.
No quiero anillos,
ni flores,
ni billetes de luna de miel.
No quiero ataduras,
ni idas, ni venidas.
No quiero broncas,
ni llantos.
No lo quiero todo,
tampoco nada.
Quiero romper
la regla,
contigo.
Quiero que seamos distintos al resto,
con versos,
explotaremos y,
volaremos.
Una batalla con las sábanas.
Unos ojos al intento de abrirse.
Un desayuno sin prisa.
Un sol de maravilla.
Buena compañía, uno mismo, bonita sintonía.
Música alegre, tanto, que te cala hasta los huesos, negros.
Una hoja en blanco y un bolígrafo azul a punto de estallar.
Una silla, un escritorio.
Una vida que contar o, mejor, que vivir.
