Etiqueta: escritura creativa

  • Ilusiones, y mucho café

    Un café, y a seguir escribiendo o describiéndome del revés, porque ir del derecho ya ni sé. Me descosí tantas veces que solo me queda huir (de mí). Y sí, quizás me reí. Y no, tal vez no me quiera así, aunque permanezco -en vano- para sobrevivir. A qué es una muy buena cuestión. Pensé y dudé y me retiré, y te pillé observándome mientras mi corazón sintió un pellizco de dolor. Puede ser que en un pasado intentaras llenarme de color en mi interior. Dije puede, porque instantáneamente me fotografiaste y todavía, toda yo, voy queriéndote, ingenua de mí… agarraste el horror estampándomelo a cámara lenta con mucha intención. Quedé estrellada, tan enamorada, hasta las trancas, que me chirrían las escamas de mi corazón amargamente roto, pero estoy aquí: otra vez intentando silenciar cada uno de mis latidos, pero si me captas los suspiros, si me los pillas al vuelo, verás mis reflejos de donde mis miradas irán saliendo los destellos. ¿Sabes qué son? Mis sueños rotos. Obsérvame, ya que mis ojos van cojos, también rojos. Después de los infiernos solo queda florecer y créeme, lo sé, culminaré en aquel arte tan abstracto de ser: volver a nacer, crecer, romper y etc., porque, bueno, a posteriori aún abundarán los cielos enngrecidos, el carbonizarse el alma porque sí -por ti-, el acto de sobrevivir. ¿A qué sí? Déjate de tantas cuestiones, incondicionales paranormales, de tiempos verbales atrasados y hombres raros. Arréglatelas tú sola aunque vayas bailando en ese gerundio. Un día la guerra estallará, lugar donde seguramente serás la menos coqueta, aunque de tierna, hecha y un poco entera, pues yo qué sé. ¿Estaban bonitas las heridas que te comiste? A mí me continúan escociendo, y sobretodo aquellas desilusiones.

  • Amor encallado

    A veces me siento cansada de mente y de alma. ¿Con qué finalidad bailamos en esta existencia vital? ¿De verdad vamos danzando o solo es un simple juego? Será la muerte que se asoma y se expande haciéndose grande. Serán mis latidos ya pequeñísimos, casi inéditos, pero muy perceptibles. Me duele, me repiquetea la cáscara. ¿Cuándo se romperá la máscara? ¿Y mis ojeras, cuándo piensan marcharse? Tal vez si con amor las tratase. Bueno, siempre, sin quererme, acabo hundiéndome en mi propio y abstracto cuadro despintado, y despeinado. Ando, ardo: surfeo, temblando; me he pellizcado. Consistía en sembrar la semillita… ¿Ya florecida? En pasado, ¿Estoy narrando? El después nunca llega, ni quiere aparecer porque se esparcen. Te estoy describiendo las piezas de mi corazón marchito, maldito, torcido, quebradizo y enfermizo. Ya no sé ni qué he escrito, pues me he relamido tantas veces la misma, tan precisa, herida, que queda pasearse, pasarse de la línea divisoria e invisible que separa, que traspasa el papel con las gotas de las lágrimas que van cayendo del infierno del cielo. Me quiero, pero detesto el hecho de ir tan solitaria. Quiero que me quieran legendaria, convertirme en la leyenda de mis distintas batallas que forman la única guerra: del amor al dolor hay un sutil latido de donde arranca el bombardeo para que a posteriori arda el sufrimiento. Te estoy queriendo, aunque me encuentro en la otra cara de la moneda, de la decisión oculta, del condicional sin ningún plato opuesto. Te quiero, ¿Pero yo más me quiero? Y si me quedo. ¿Será porque te aprecio con una pizca de miedo? Te elijo, pero como me priorizo, me respeto, te saco de la ecuación ilógica y te sigo queriendo en aquel gerundio sempiterno que se quedó atrapado en el viento.

  • ¿Qué te escuece ahora?

    Actualmente me duele un poco la costilla izquierda, aunque voy bien derecha y estoy entera. ¿De qué no te has enterado todavía? La noticia se da por sí sola, pues Burlando el tiempo es mi última breve novela. ¿Cómo definirla? Supongo que ya se ha descrito por ella misma solo con el simple hecho de ir escribiéndola. Supongo que yo fui la narradora y la escritora, o ambas, el caso es que es complicado encajarla en un único cajón, pues podría interpretarse desde varias perspectivas o desde una sola, ¿Te animas a descubrirla?

    Me apetece destacar que ha sido una de las más íntimas, sí, por su necesidad, es decir, por mi urgencia de ir sacando y soltando lo que tenía dentro, pues iba tan arraigada al pasado a mi ser interno…

    Comprendo que estoy ensombreciendo aún más el tema, que estoy descosiendo o pintando a pinceladas cada vez más alocadas, el intento por esclarecer. ¿El qué? Ya ni lo sé, pero, bueno, siempre puedes preguntarme y, probablemente, te resuelva tus dudas o inquietudes.

    Nos vamos leyendo, que abunde el amor propio, y que sea tan sano que te haga florecer.

  • Punto, ¿y seguido?

    Es hora de colocar el punto y seguido, seguro que es más sencillo, o no. Con los intentos fallidos de dejar de quererte, cada vez me desvanezco más. Ahora suena una de las muchas canciones que hiciste sonar en tu coche. Sí, eres un todoterreno, pero te quiero lejos porque me dueles, me dueles y, entonces, concluyo, que eso no es amor sino otro tipo de color: el dolor, pero aquí zanjo la cicatriz. Ayer, cómo me mirabas, maldita sea tu mirada, que me corta la vena aorta, que me hiela la sangre entera. Creía ser eterna: soy más efímera que mi propia miseria. Así que si me permites, me elijo de entre todas mis raíces y me planto aquí, no sin antes desvivir mi proceso, mi duelo, mi sufrimiento. ¿Que te quiero? Demasiado, pero, despreocúpate, porque con ese «yo me arreglo», aún sin tener un tipo de celo ni pegamento ni tampoco una pizca de vitalidad, pues me construyo. Del desamor nacerá la rosa, dicen, ¿No? Pues yo narro plantando mi título marchito que soy yo, que siempre lo he sido. Permíteme dar el paso, que ya estoy arrancando del suelo los pétalos muertos. Crujen, crujían y crurjieron. Quizás se cruzan o se mezclen entre la hierba mala, y tanto que nos la acabamos tomando y terminamos, así, descosidos. O torcidos o agarrados de las manos, pero muy separados. Y el texto, es uno de carácter personal, uno de los que he escrito. A leguas se ve tu pescuezo y me quedo sencillamente con mis quehaceres, con los placeres de esa monotonía sempiterna, lo único que queda será esa pequiñísima semillita ya florecida, porque de la flor herida siempre vuelve a nacer, a crecer una más bonita.

  • Estrellada

    La tirita está, bueno, va enrojecida, como la costilla izquierda. Siempre hablo, escribo, sobre ella. Y la florecilla normalmente está pilla, porque es muy pícara, sí, la sonrisita que me nace solo con verte. Lo de observarte ya es otro placer. Encajada en otro lugar -espacio estelar-, que brilla, que brilla. Luego cierro ventanas, unas cuantas, vaciándome, pero se me abren los cajones de donde salen unos pocos ratones. Me quiero, me quiero…, quería quedarme pero la mejilla quebró la burbujilla. Ahora soy una simple brujilla. La luna, y viceversa y a la reversa. Me disfruté, también me ofusqué, y acabé distrayéndome, mientras miraba al caballero de la otra esquina. Delante de mis narices se encontraba, me sonaba y, con tanta intensidad, que estallaron todas las perdices, de rabia, a conjunto y al son de las cicatrices. Sangraron y sangraban y se ahogaban y chocaban, pero jamás hablaban. Sencillamente repiqueteaban contando algo a cámara muy lenta. Y, oye, el vals, ni tan amargo. Escuché el dolor, iba arrasando: se convirtió en otro color que, ahora mismo, no sabría describirlo, aunque, bueno, entre metáfora y herida hambrienta, provócame, aquí, cerquita de mis labios, el estallido. Así nos estrellamos.

  • Entre líneas y un poco de vida

    Después de charlar de forma distendida e inusual conmigo, con el reflejo y perderme y encontrarme y verme cicatrizada, me visualizo, me acepto, me aprecio y me estoy queriendo. ¿Sabes qué? Que ¿Te puedo escribir algo? estará gratuito. Léeme y, quizás, te hundas un poco más. Fueron momentos intensos, llenos de suciedad, quiero decir, a rebosar de mierda y miseria que, fíjate tú, ya he salido de esta, o sea, de mí.

    Continúa siendo complicadísimo resurgir entre la negrura espesa y mirarse de frente… estrellarse y convertirse en una estrella, bella. ¿En serio aún te crees destello?

    Bueno, a posteriori del susceso, del muermo cayéndose al suelo, rompiéndose, pues sí, pero, oye, viniste aquí a ser feliz. Sencillamente, yo, me paso por aquí tarareando una de las muchas canciones que me dedicaste para recordarme que sigo más translúcida que cuerda que, aunque sagra el corazoncito, sucede para transmitirse a una misma, comunicarse desde dentro, que hay que seguir vívida y existir y quererse. Porque de heridas habrán siempre: ponte la sonrisa, alza la vista y desvístete por sonreír que te queda bien esa actitud, te sana, te cura el alma y la mirada, y además, inquieta a la tristeza, la que hace conjunto con todas tus facetas y que debería ir alejándose.

    Asústala con tus carcajadas a pulmón abierto, a costillas sin tanto miedo. Vaya domingo, qué hermoso está acabando.

  • Arráncame la hoja

    Y lo siento, lo siento tanto por absolutamente todo: por ser yo, por no serlo, por enamorarme sin querer y romperte y, al unísono, estrellarnos, de donde las siete puntas raspan hasta escocer(nos) a los dos. He dejado de llorar, ahora solo me van cayendo lágrimas secas, muy internas y espesas, hacia dentro, porque te sigo queriendo y, entonces, me muero, me muero mucho. También he dejado a un lado la acción de ir tirando flechas porque el flechazo acabó directo en tu regazo, me tienes comiendo de tu mano, solo si tú quieres, pero resulta que aún no me quieres. Se ve que me impulsas a morderme las entrañas, a arrancarme las pestañas y a sacarme del fuego, yo sola, las castañas. Estoy así, tan solitaria, y rota… que ni te percatas y si lo hicieses, si me observases entre líneas que, mírate tú, están borrosas y casi borradas, ensangrentadas, quizás me sabrías leer. ¿Acaso soy un libro cerrado? Será que me encierro tanto que soy fácil de describirme. Tal como dijiste: «Soy predecible.» Joder, si lo soy tanto como tú me hiciste saber: ¿Por qué no me arrancas la maldita hoja del desamor, del dolor a conjunto con el amor? ¿Por qué no te acercas, así, sutilmente, y me plantas en mis labios todos tus deseos? Eres un cobarde, y de serlo tanto, te empieza a herir la cicatriz y, con ella, que le sale la rosa medio roja, y corta, nos provocas un sufrir mútuo y absurdo, demasiado. ¿Te dije que me arreglo sola? Pues la acción de ir poniéndome tiritas en el cora‘… bueno, se han caído todas. Ahora me encuentro en una monotonía inédita, y tanto que de mi llaga quiere salir una mariposa hecha y derecha, pero la costilla izquierda está ya quemada, difuminada. Quiero decir, que de donde debería, mi yo-poética florecer, sencillamente es el otro ser: el monstruo. Se cree tanto lo increíble, que la verdad traspasa la realidad, y mata.

  • ¿Lugar dónde me he sentido querida?

    Abundan los lugares donde me he desarmado, momentos en que me he soltado el pelo y sacado la coraza, y todo para nada, justo cuando se me ha roto la esperanza. Mirándome en el espejo, después de enfundarme en aquel vestido de un color morado oscurecido, semejante al amor descosido, y ennegrecido… Descolorada voy, sonrojada vengo. Luego me quedo latiendo solo con mirarte: se me ha estrellado la cotidianidad, y las estrellas que chispean, que chispean, han estallado. Entonces culmino narrándome, describiendo metafóricamente la forma, espesa que pesa, que mis latidos se han convertido en pétalos ya marchitos, muy muertos, derretidos. Mi otra yo, la poeta real, ha decidido colocarse, y descolocándose, los tacones, enchufarse a la música más rompedora y sanadora, y profundizarse, hundiéndose en aquel texto jamás verbalizado, aunque cicatrizado en el pecho izquierdo. Me van doliendo las costillas, pues se repiquetean tanto entre ellas, que no alcanzan a transmitir las mentiras más honestas. Así que, sencillamente cabe destacar que me he sentido menos querida, incluyéndome y, también, excluyéndome con un pesimismo abundante, y redundante. Y, precisamente, Burlando el tiempo, es un sitio donde ya no resido, o quizás aún sigo conviviendo con ese hueco. Bueno, me desvanezco.

  • Ojalá

    Soy aquella, la del corazón sangriento que estalla como un vacío roto, a cámara muy lenta. Con él me pinté los tacones, ahora son de un color espeso, y me los puse y me convertí en un pibón volando hacia Plutón. Milagrosamente, las lágrimas estaban ausentes, aunque muy latentes. Sácate las lentes, vayámonos de forma pausada, precisa y concisa y firme para no caernos desde la repisa de la cornisa. Entonces, de escopetazo a bombazo y luego al estallido solo hay nueve letras y tres pasos, quizás, ya disecados. ¿Qué nos está pasando? ¿Estamos palpitando en otro repiqueteo de pies inéditos? Solo te quiero ver una vez más, solo una más, y que me observes del revés y por detrás y de arriba abajo y te detengas en mis labios para luego besarlos indiscretamente, y despacio para volar en otro espacio. Y con una pizca de pasión, me cuestiono si serás el único que me va leyendo entre mis líneas más inéditas, y escuetas. Estoy enternecida y encendida por cómo me miras. Y ojalá estemos a rebosar de verdades y no de mentiras.