Etiqueta: escritura creativa

  • Entre lo que piensan y lo que dicen: personajes con vida propia

    Entre lo que piensan y lo que dicen: personajes con vida propia

    1. Introducción: la profundidad del personaje

    En primer lugar, todo personaje realista va más allá de la descripción física. Para que sea rico son muy necesarios tanto los pensamientos como las contradicciones y las emociones con el objetivo de que el lector sienta que está frente a una persona viva. Así que cuanto un personaje és más incoherente, es más real, más humano, porque así somos, ¿No?

    2. El monólogo interior

    El monólogo interior son una serie de pensamientos y emociones internas. Tiene varias funciones: mostrar dudas, miedos y deseos ocultos; contrastar lo que el personaje piensa con lo que dice y hace (si es coherente o no), y crear intimidad entre el lector y el personaje.

    Básicamente, si se quiere usar esa técnica narrativa es esencial utilizar preguntas retóricas («Por qué sigo aquí?»), imágenes sensoriales (memoria, recuerdos) y, por último, la fragmentación, las repeticiones (de palabras, frases, ideas…), y los silencios (las eclipsis) que sirven para crear suspense o que el lector interprete a su libre albedrío.

    • Fragmentación: hacer saltos en la historia, explicar los sucesos de forma no cronológica, sin un orden líneal.
    • Repeticiones: volver a escribir palabras, frases o ideas.
    • Silencios: ecliplsis, saltos en el tiempo de la historia, para agilizar la narración y centrarse en lo esencial.

    3. Los diálogos externos

    Los diálogos externos son las interacciones con otros personajes. Tienen también varias funciones: mostrar cómo se construye la identidad frente a los demás, revelar sensaciones entre lo que se piensa y lo que se dice y dar dinamismo narrativo.

    Para ello se usan varias técnicas como el subtexto, el choque entre expectativas y respuestas y, también, el lenguaje corporal y los gestos que acompañan. Por ello es importante definir la caracterización de un personaje: características físicas, rasgos psicológicos y emocionales, comportamiento, habla y discurso, contexto social y cultural.

    4. La consciencia de sí misma (autoconciencia)

    Cabe destacar que el personaje siempre reflexiona sobre su propio ser porque reconoce sus contradicciones, se juzga, se cuestiona, se justifica y, además, busca un sentido, para él único, a lo que va viviendo. Así pues, la consciencia del personaje crea efecto en el lector porque humaniza al personaje, genera empatía y conecta emocionalmente con este y lo vuelve tridimensional (que tiene varias dimensiones), alejándose de todo arquetipo, aunque los cánones se repitan continumente siglo tras siglo.

    5. Integración de las tres dimensiones

    Las tres dimensiones necesarias para que un personaje sea completo son el monólogo interior, los diálogos externos y la autoconciencia. Sin ellos, el personaje se queda cojo. Por ejemplo, si el personaje piensa una cosa, dice otra y luego se reprocha a sí mismo… ¿Dónde está el conflicto interno? Pues el conflicto interno se refleja en la forma de hablar, de actuar y sentir.

    6. Consejos prácticos

    Así pues, es importante no revelar todo de golpe sino dejar espacio a la ambigüedad, usar contrastes entre pensamiento y acción, mostrar evolución (cómo se va transformando la voz interior con la historia) e ir revisando si el personaje se siente real, contradictorio. Aunque si escribes desde tu interior y con emoción, ya sabes lo que saldrá, ¿No?

    7. Conclusión

    En resumen, un personaje profundo es imperfecto, es decir, que es contradictorio, siente y se equivoca como todo ser humano. Así que el lector siempre conectará más con la vulnerabilidad que no con la perfección. Por tanto, la clave es darle voz interna, voz externa y voz consciente de sí mismo.

  • ¿Cómo uso Pinterest para inspirarme como escritora?

    ¿Cómo uso Pinterest para inspirarme como escritora?

    1. Introducción: Pinterest como fuente de inspiración creativa

    Para mí Pinterest es una red visual, un catálogo inmenso de ideas. Se distingue de otras redes sociales porque se enfoca en la inspiración visual y organización. Una de sus ventajas es que permit recopilar imágenes, frases i recursos en un solo lugar.

    2. Crear un perfil enfocado en la escritura

    Para tener éxito en tu vida como escritora es esencial que configures una biografía con interés en la literatura y la creatividad. Para ello es importante que sigas tableros de escritura, de poesía, de libros y de inspiración visual. Así que el primer paso que te recomiendo es que crees un feed personalizado que alimente tu proceso creativo.

    3. Tableros para organizar ideas

    Para organizar las ideas deberías crear tableros temáticos según tus intereses como, por ejemplo, sobre personajes (su vestimenta, gestos, arquetipos), escenarios (ciudades, naturaleza, interiores), paleta de emociones (imágenes que transmitan tristeza, alegría, misterio…) y recursos de escritura (técnicas narrativas, prompts, consejos). Y, con ello, hay que cuidarlos, así como colocando títulos claros y mantenerlos ordenados.

    4. Búsquedas útiles para escritoras

    Las palabras clave son importantes. A continuación te doy unas cuantas: writing prompts, aesthetic inspiration, fantasy world, character desing, dark academia, etc. Es muy importante usarlas tanto en inglés como en español para ampliar resultados. Y, además, combinar conceptos como «romantic rainy night», «misterioso bosque medieval».

    5. Inspiración visual

    De la inspiración visual a veces nace la escritura creativa. Usar imágenes como disparadores creativos sirve para formar una historia, así como conectar una emoción con una escena visual o explorar estéticas narrativas como, por ejemplo, dark academia, cottagecore, cyberpunk, etc. Recomiendo crear moodboards para proyectos específicos (novela, cuento, poemario).

    6. Usar Pinterest sin perderse en el scroll

    Hay que ser consciente del tiempo de uso de las redes sociales, por eso mismo, es recomendable definir un tiempo concreto para explorar (entre 15 o 20 minutos). Y guardar solo lo que realmente conecte con tu proyecto, incluso revisar periódicamente los tableros para depurar y reorganizar.

    7. Conclusión: Pinterest como aliado creativo

    En resumen, es cierto que Pinterest no reemplaza la esritura, pero sí ayuda a encender la chispa inicial, incluso a organizar ideas dispersas. Permite visualizar mundos, personajes y emociones y, en definitiva, es un recurso práctico para superar bloqueos y expandir la imaginación.

  • ¿Cómo escribo mis textos?

    ¿Cómo escribo mis textos?

    Pues, básicamente, dejando que el corazón vaya sangrando, brotando, latiendo al son de mis sentimientos.

    1. Punto de partida: la experiencia personal

    Para empezar, lo primordial es ir observando ya sea el entorno, a las personas, incluso a mí misma (parte bastante complicada) y a tus propios pensamientos… Para ello es necesario recordar sensaciones, imágenes, sonidos, olores y gestos.

    En segundo lugar, es esencial escoger una vivencia con carga emocional ya sea intensa, sutil o ambigua. Por ejemplo, un momento especial, un instante vivido con esa persona a la que quieres.

    Y, en tercer lugar, decidir cómo vas a narrar el texto si en primera o tercera persona, si desde un narrador omnisicente o desde tu yo-poético.

    2. Conexión emocional

    La conexión emocional es también importante: identificar qué emoción es la central (amor, dolor, tristeza, felicidad…). En mi caso, la identifico después de escribir el texto, justo cuando decido leerlo y analizarlo de forma superficial. Cabe destacar que soy una persona que no me gusta criticar a los de mi alrededor, por tanto, hacer autocrítica es lo que más me cuesta.

    A parte, abundan otras emociones que van completando la atmósfera y, muchísimas veces, se mezclan entre ellas, porque pueden haber dos, tres o, incluso, cuatro emociones. Por eso mismo, consiste en explorar la emoción desde matices y contrastes.

    3. Lenguaje poético

    Respecto al lenguaje poético hay que tener en cuenta las imágenes sensoriales (vista, oído, olfato, tacto y gusto), las metáforas y símbolos para dar profundidad a la vivencia y colocar ritmo y musicalidad, es decir, usar el recurso retórico de las repeticiones, las pausas, las aliteraciones…, y jugar entre frases cortas para crear tensión y, también, frases largas (subordinadas) para provocar fluidez.

    En mi caso, describo mis sentimientos más íntimos de forma poco realista. Eso significa que voy conjugando las palabras con las ideas a través de las metáforas. Esta forma de escribir no ha sido de un día para otro, sino de años de ir plasmando mis palabras en libretas y diarios personales hasta acabar formando este blog e ir creando alguna obra literaria, que actualmente tengo cuatro.

    4. Transformación en texto

    En este punto es recomendable revisar el texto, que se puede hacer justo después de haberlo escrito (como yo hago la mayoría de veces con mis textos de prosa poética del blog), porque así está recién sacado del corazón, es decir, en caliente, y las ideas y sensaciones aún están flotando por el aire, intentando retenerlas.

    Aunque también se puede transformar el texto a largo plazo. En este caso, es mejor hacerlo con textos más largos como los capítulos de las novelas. ¿Y por qué? Porque hay que dejar reposar tanto el texto como las ideas que van surgiendo y, luego, aplicarle un poco de lógica, la máxima que se pueda y quepa.

    Así pues, a la hora darle forma al texto es más importante expresar la emoción indirectamente, porque pierde toda la magia si se describen las acciones, las imágenes y las sensaciones de forma literal.

    La perspectiva temporal es otro de los aspectos, pues es distinto narrar desde el momento vivido, que desde la memoria. Se pueden alternar ambas situaciones (flashbacks y analepsis).

    5. Construcción de la atmósfera

    Para construir un ambiente hay que elegir el tono (melancólico, luminoso, introspectivo…) En Burlando el tiempo el tono es de carácter introspectivo, demasiado, creo yo.

    El espacio y el tiempo deben ser extensiones del estado emocional, es decir, que deben estar presentes de forma palpables, porque si no el lector se pude perder. Y, con ello, usar detalles concretos para enlazar la emoción con lo tangible (espacio-tiempo).

    6. Revisión y pulido

    Hay quienes dicen que leer en voz alta puede ser un buen método para ajustar el ritmo y la sonoridad. Sinceramente, yo nunca lo he hecho. En este punto hay que eliminar palabras planas o redundnates, incluso cambiar algunas en concreto para que el texto tenga una coherencia entre la emoción principal, la imagen y el tono.

    7. Proyección literaria

    Pero como todo escritor, y tal como es la literatura en sí, siempre se pasa de la experiencia a la obra donde la emoción inicial se universaliza, se globaliza, para que el lector pueda reconocerse en las letras del escritor, así como espejo y reflejo. Por tanto, el yo-poético es ese espejo donde el lector conecta con las letras del escritor proyectando sus propias vivencias.

    Mi recomendación es dejar espacios de silencio (elipsis) y algo de ambigüedad para que cada quien interprete a su manera, y de ahí surja la magia de la escritura creativa.

    En resumen, mi consejo es dejarse llevar por los sentimientos y, así, las palabras saldrán solas. A posteriori ya se le inyectará al texto la sabiduría que le caracteriza y necesita.


    Pd. Gracias por leerme,

    Nos leemos.

  • Cómo encontrar inspiración en lo cotidiano: cafeterías, trenes y conversaciones

    Cómo encontrar inspiración en lo cotidiano: cafeterías, trenes y conversaciones

    Hay días en los que abrir el ordenador para escribir se siente como una batalla perdida antes de empezar. La página en blanco me mira como si supiera algo que yo no, y cualquier distracción parece más atractiva que enfrentarnos a ella. A veces la verdadera chispa creativa está justo afuera: en lo cotidiano, lo que damos por hecho.

    Inspiración en cafeterías: personajes, emociones y diálogos reales

    Las cafeterías son una fuente inagotable de escenas e historias internas. Si observas con atención, cada mesa es un pequeño universo, incluso la tuya, o la mía. Parejas que discuten en susurros (entre silencios), estudiantes que se consuelan con croissants, señoras que comparten charlas con amigas de toda la vida.

    Aquí no se trata de espiar, sino de abrir los sentidos, y los sentimientos. Escuchar frases sueltas, imaginar qué hay detrás. A veces solo anoto una palabra, un gesto, una emoción o nada. Otras, una conversación fugaz que se convierte en el punto de partida para una escena o un relato.

    Tip: Lleva siempre una libreta o usa la app de notas del móvil para registrar impresiones rápidas. Lo cotidiano huye rápido si no lo atrapamos al vuelo.

    Encontrar ideas mientras viajas en tren: el arte de observar en movimiento

    Hay algo especial en escribir o pensar mientras vas en tren. Es como si el mundo se deslizara ante ti y, con él, las ideas fluyeran más libres. Quizás es porque estamos en tránsito, y en ese espacio intermedio, los pensamientos se ordenan.

    Los trenes son ideales para imaginar vidas ajenas. ¿Quién es esa persona con una maleta vieja? ¿Por qué alguien se baja con prisa sin despedirse? ¿Qué historia podría empezar justo aquí?

    Además, son perfectos para conectar con una misma. Pensar, sentir y escuchar tus propias preguntas…, eso también es una forma de inspiración.

    Escuchar(te): las conversaciones interiores también cuentan

    No todas las fuentes de inspiración están fuera porque muchas veces lo que más me mueve a escribir nace de una conversación, de una cuestión extraña, conmigo misma. Reflexionar sobre algo que me tocó más de lo que esperaba, entender por qué una escena me dejó huella o preguntarme por qué me cuesta escribir justo esto, es decir, sentirme en un bloqueo y convertirme durante unos escasos segundos en la «tabula rasa».

    Así que escribir es una forma de conocerse y cuanto más conectada estás contigo, más auténtica será tu voz interior.

    Cómo entrenar tu mirada creativa en lo cotidiano

    • Observa sin juzgar, como si fueras directora de cine en busca de escenas.
    • Anota frases sueltas que escuches en la calle y, luego, las desarrollas en tu mente.
    • Mira a tu alrededor con varias preguntas como: «¿Qué historia podría haber aquí?», «¿Qué sentiría yo en ese lugar?»
    • No subestimes lo pequeño porque, a veces, una servilleta escrita o una mirada intensa es suficiente para crear una historia completa.
    • Y, sobre todo, no esperes que la inspiración llegue perfecta, solo siembre, y tu jardín interno ya crecerá.

    Conclusión: la inspiración está más cerca de lo que crees

    No necesitas grandes ni largos viajes ni tampoco musas caóticas. A veces, basta una tarde (o varias) en tu cafetería favorita, un viaje en tren de veinte minutos o una charla silenciosa contigo misma para volver a conectar con tus ganas de escribir. La inspiración ya está aquí, en lo simple, en lo real, en lo que vas viviendo cada día sin darte cuenta.

  • Diamante en bruto

    ¿De qué escribiré? ¿De qué iré escribiendo el día de mañana? ¿De qué forma? ¿Y con qué modales? Aquellos que perdí. ¿Aún los conservo? Abro la galería de donde se van cayendo los cuadros pincelados a palabras. Estoy narrando cómo se deforman los libros y con ellos, a destellos, varios tempos de la literatura, que se deshace a medida. Las frases, ahora hechas, se abren de un sentido gracias a las tonalidades del pasado que fueron grisáceas. Les costó tiempo, les tomaron fotografías, aún con la caligrafía sin mucha tinta, pues se fue arrastrando. ¿Debería decidir? No sé ni escribir. ¿Describirme? Lo único que quiero es bailar, pecar en la pista moviendo las caderas al son de mis ideales que, actualmente son nulos, están desfasados, algunos enturbiados y, los otros, nublados. El caso es que me apetece colocar el punto final, hacer un «borrón y sonrisa nueva». Culminar el penúltimo vaivén ya que el restante es por donde danzaré, así, al son de mi queridísimo corazón. Dame ese colocón, me pertenece. Brillo, estoy burlando la deseada tristeza, echándose a reír. Ahora me levanto, se me rompió la punta del tacón. Después, se partió y entró la dinamita, o esa, yo.

  • La nota rara

    Ya me caí, creo, desde hace varias heridas. Luego, me las comí. Aunque son las cuatro de la tarde, ya pasadas, y se van las horas, se marchan. Se diagnostican la tristeza, tan arraigada a la cicatriz. Se murió, o se mató (sola) la perdiz después de intentar estar feliz. La venda, y la vena aorta, ahora, resulta que se ahorca. Bueno, tantas mariposas loquillas, al final, la cuenta se desliza, con el café derrumbándose. Sigo aquí, no sé ni qué escribí. Será, como cada madrugada, la descripción de mi alma arrugada. Quise ensancharme la mirada. Tanta observación para nada, o para, absolutamente, todo. ¿Que me quede? Si ya me derretí, pues me fui. Resulta que la vida afloja y, a la vez, aprieta, ahí, en el corazón de donde se va cerrando a cremallera. Aletea, corre, y vuela, que se te pasa el arroz. Acelera en la carretera, gira a la derecha y aprieta (el gatillo). Voy, grito. Me quedo casi ciega, de voz, y medio sorda de sensación, porque, si te hablo de la emoción, se me baja el subidión. Vaya colocón. Descoloréame esta, por favor. Y gracias, ríete de mis desgracias.

  • Me estoy yendo

    Sé hacia donde me dirijo, pero va y sin querer me desperdicio, caigo, no me elijo. Aunque las florecillas vayan ascendiendo en picado, sigo en la buhardilla, ocultándome, y tragando, hacia fuera, la miseria, muy imprecisa e inconexa. Los codos los tengo rasgados. ¿O eran los ojos? Será el cora‘ que va desgastado. ¿Cuándo dejaré de arrastrarme y amargarme? A día de hoy, ya está siendo el ayer, me quedé de piedra, con la cicatriz abierta. Me pica la oreja izquierda, me escuece la coletilla, la última colilla eres tu misma, o el otro reflejo. Déjame decirte: he perdido el espejo. Fugazmente me voy yendo. Creí marchitarme tantas veces que, al final, solo consistió en quemarse la semilla, sí, en carbonizarla para, a posteriori, ejecutar el crímen con la mirada asesina, perdida. Así culminé en el placer número 33. «Me quise quedar. Me iba a quedar, de hecho, ya me había quedado», sopla mi latido enfermizo. La acción más complicada es el hecho de no accionarse, de querer irse y no poder porque aún, una, sigue en el vaivén del gerundio. ¿En qué momento le cortaré las alas o la lenguaa? ¿Cómo puedo dividir a cuchilladas sus letras? Porque ese presente intermitente parece imposible de detenerle. Supongo que comiéndome la realidad. ¿No se transformará en muchas verdades? Supongo que juntas la forman, la crean, lo son. ¿El qué? Me derretí por quinta vez. El inconveniente recae en que no me conviene y me pertoca quererme más, y mejor, a mí, a mi niña interior. Se me rompió el color. ¿O es que dejé caer el dolor y ahora me ha absorbido por contactar con él desde mis insignificantes pies?

  • La escena servida

    Todo va cambiando: la rutina, los quehaceres y la vida, pero mi sensación sigue siendo la misma; la monotonía sentimental, tan normal, de sentirme igual y, a la vez, neutral. La mismísima alegría se descojona, colocándose la tontería en una esquina. Luego aparezco yo, justo en medio de esa belleza negra, y muy extraña, que se asoma desde la ventana, y se cae. El caso es que el suceso es tan imperceptible, tan predecible, que los pasos -torcidos y cohibidos- se disocian. Consistía en dejarse llevar, ser y florecer. La cosa va del revés, bastante derretida. ¿Para qué leerme tanta filosofía si entre líneas voy ya servida? El último placer que encuentro en esta casi dinámica es la insuficiente perspectiva, pues carezco de autocrítica. A posteriori agradezco ese momento descontento. Descuelgo la fe del tendedero. Ahora voy con los pies de plomo, pero me pesan, me duelen. ¿Me esperan? Parecía sencillo en mi panorama teatral, digo, la escena montada en mi mente. Solo eran tres pasos y un párrafo preparado soltado, en un futuro, a bocajarro a conjunto con un breve diálogo y la escasa afirmación, sí, que te quiero con menos intensidad, una de tipo fluorescente, de forma intermitente, y ese foco que contiene una superflua intensidad.

  • Las florecillas

    Me cobijé en el asterisco, el cuál, ni yo lo sé, solo voy, siento hacia dentro, ardo llanamente, y estallo vulgarmente. Luego, vuelvo, volcándome intensamente, en el acto -espacio inédito- de quererme. Continúo en el gerundio, esta enésima vez, el del presente. Y, aunque me expreso con inercia, la subjetividad se aparta de mi mente (no tan demente), y me acuchilla, me acicala, incluso parece que se resbala porque imperceptiblemente se para, pero vaya si dispara la bala. Se ha puesto en contra, mi arma se desarma, quiere, le apetece encenderse el alma. Va tarde, lo asimila. Aparece disimuladamente en el punto de mira, me horroriza, porque tanta crítica junta me construye. ¿Consistía en derrumbarse? Puse entre tanta arena, herida seca y sentimientos cadavéricos me encuentro floreciendo. Me ofrezco a ser el semáforo enrojecido. Quizás ya lo soy, de ir y vestirme con florecillas y escupirme a bocajarro. ¿Las semillas estarán heridas? Me las engullí. Tanta margarita, al final, me he transformado en la humedad. Ahora soy el jardín agradecido porque ha florecido.