Etiqueta: escritura creativa

  • Proceso creativo de “Burlando el tiempo”

    Proceso creativo de “Burlando el tiempo”

    “Se escuchaba el cantar de los pájaros después de la tormenta caída minutos atrás. Una de aquellas explosivas e intensas que arrasaba con todo, llevándoselo por delante, como la paz y la gloria”. Así empieza Burlando el tiempo. ¿Pero cómo acaba? ¿Culmina, realmente? Esto, quizás, quiero decir, intentar reconstruir los pedazos despedazados del texto, es ya tarea del lector.

    Si esta obra literaria, en el caso de que lo fuese, hubiese que encajarla en algún cajón, definirla, con todo lo que conlleva, se podría describir como una “novela corta”, por su extensión, básicamente. Aunque dentro de ella abunde una miseria muy completa e intensa.

    Cabe destacar que de ella está naciendo, gracias a no sé qué… Bueno, probablemente a lo que la escritora, es decir, la narradora, va sintiendo. ¿No? Que de esta nace, surge y florece otra novela, pero no corta, ni larga, sino otra más extensa. ¿Quizás, lo será? De hecho, lo está siendo.

    Dejo de enrollarme porque tiempo atrás entrelacé demasiado los tempos y el lío argumental está lleno de contradicciones, incongruencias e inconexiones poco superficiales, entre otras cosas y sucesos acaecidos.

    ¿La protagonista sobrevivirá a este hecho tan deshecho? Incordia, supongo. Si debo sugerir algo, te invito a leerte el prólogo y, todo lo demás, ya está dicho, creo.

    PRÓLOGO

    “Con una cerveza en mano, un moño a medio hacer y en bragas, aquí y ahora empieza mi nueva vida. Sentada en el balcón, observo a mi alrededor y no consigo llegar a ninguna reflexión. Después de dejar el libro que nunca termina y un móvil vacío de batería, me percato del simple hecho: necesito o me sobra algo. Estoy hueca, no soy dueña de mí. Quiero un cambio, un giro o nada. Y si escribo esto, estas miserables verdades es porque me quiero encontrar o quizás quiero llegar a encontrar. No me pregunto, solo necesito escribir. Es necesidad, no como antes que era puro placer a pesar del esfuerzo y del sudor, pero era bonito, hermoso. Ahora es duro y cuesta arriba, porque tengo la mirada fría y, caminando en mi era, siendo veinteañera, me pierdo. Y no es malo, al contrario, es sano, pues rompe tanto que duele, que escuece. No quiero eso, sufrir, pero lo hago porque siento a instantes y en pequeñas cantidades. Me digo que es hora de cambiar, de pausar y de refrescar la vida. Es un momento de intensidad, de coger, correr y jugar con las palabras, con las verdades y las mentiras y equivocarse y volar mucho, aunque luego una se estampe y acabe derrapando. Y me gusta lo que sale de mí, de mi ser interno, de mi corazón, de mi infierno. Ya no sé si estoy aquí por qué sí o por qué no. El caso es que voy a comenzar”.

  • ¿De dónde viene?

    ¿De dónde viene?

    ¿Cómo te va esta vida? No lo sé muy bien, porque eso de deshauciarme de mí misma, de no escribir ni una pizca de alegría… ¿A qué se debe? Voy tan saturada, así, escopeteada: a bocajarro suelto, y saco de mi ser más inexperto, los milagros. Es que… no puedo. ¿Otra vez te excusas, nena? Será que te escupes la amargura en tu propia cara, desde tu mísera palabra. Se lo lleva, siempre, el viento y, quizás, solo por eso, se desencuentre y vaya inerte. Decapítala dice mi mente. ¿De qué manera?, responde mi subconsciente. Así surge la existencia vital, de esta forma tan abstracta se solapan las subordinadas, las dudas y las coletillas. Llevan una carrerilla que, bueno, básicamente les sirve de nada. Para eso vinimos aquí. Reconozco que me sabe mal presumir, pero, sobretodo, admitir. El qué, ¡Pues ni yo lo sé! Vaya mal querer(me), qué sin vivir. Quieta aquí. Dudo, cada dos por tres, con el motor puesto a mil por hora, si colocar o no la coma. Porque obviamente que es una pausa. ¿Pero de cuántos escasos segundos? ¿Acaso los cuentas? O te fijas más en la profundidad de aquel proverbio chino. ¿Y por qué no? La metáfora, esta vez, ¿De dónde ha venido? El caso es que por fin escribo algo, pero… ¿En qué circunstancias? Probablemente…, las mías. Reitero: ¿De qué manera y cómo van llegando? Es que, perdóname por el pequeño pretexto, pero serán situaciones tan inciertas, que van y vuelan.

  • Vida mía

    Vida mía

    A veces se me cortan las palabras como las metáforas que se deshacen o se hacen al son de las olas coléricas que se van chocando entre ellas. Vaya vaivén, vaya ir y venir tan hermosamente roto. La vida, quiero decir, la mía, está al punto de sal, y es tan bonito que me rompo y me caigo y me vuelco una y otra vez, aunque estoy bien.

  • Proceso creativo de “Descendent”

    Proceso creativo de “Descendent”

    Descendent es una obra en catalán, una de las primeras de las cuales me aventuré a escribir. Iniciada por allá en el dos mil dieciséis, editada dos años más tarde y, finalmente, publicada en el dos mil veinte. Fue, y sigue siendo, una de mis historias favoritas, no por cómo está escrita, sino por lo que viví, por lo que sentí en aquellos años tan intensos y extraños. Al fin y al cabo, todo lo que escribo, o describo, se centra, se fundamenta, en mis sensaciones ya sean más o menos verdaderas, aunque todas son, destacadas, básicamente, por su honestidad y no con los demás, no, pues cuando coloco palabras que se van entrelazando entre ellas, queriendo y sin querer, lo hago partiendo de mi ser interior, sí, desde mi corazón que va sangrando a herida o carcajada abierta. ¿Me explico?

    Cabe precisar que orgullosa de mi pluma, por aquel entonces, no lo estoy, y nunca lo estaré, pues los escritores, al igual que los seres humanos, crecemos y vamos evolucionando, transformándonos. Así que, tal como florezco y me marchito, así nacen y se van yendo mis textos: avanzando, retrocediendo, queriendo o dejando de quererse. Quiero decir, que de alguna forma, ya sea más o menos abstracta, se van construyendo y, al mismo tiempo, destruyendo. Perdóname si con ello acabas de perderte… Es lo más común, o no.

    Por aquella época, bueno…, no me recuerdo entera ni tampoco derecha. Me visualizo, desde un cariño extraño, como una niñita enferma, tocada de pies a cabeza por un delirio de grandeza. Y, de allí, de aquellos sueños sombríos nació la novela…

    Adjunto el prólogo, que dice así:

    Vull desaparèixer. Vull marxar, lluny d’aquí. Anar a un lloc, aquell que només existeixi per a mi i per a ningú més. Allà, enmig de la soledat. On ningú em pugui trobar, on no pugui trobar a ningú. Vull perdre’m, perdre’m per un temps infinitament infinit. Vull no tornar mai i quedar-me allà per sempre més. Vull anar en un món on no hi hagi ningú que et critiqui, ni que et jutgi pel que fas o el que dius, on puguis ser tu mateix i oblidar-te de tothom. I també vull plorar sense parar. Que per cada gota que caigui dels meus ulls s’esborri una tristesa, un mal moment i així successivament fins a poder oblidar tot el meu passat sencer. Per poder començar de nou una nova vida i tornar a ser jo, la que era fa temps. Però no vull tornar aquí, en aquesta merda món, sinó en un altre, en aquell on només existeixi jo. On pugui fer qualsevol cosa en qualsevol moment sense preocupar-me pel que puguin dir els altres. Que pugui ser feliç cada dia, sent jo mateixa, amb tots els meus defectes inclosos. Que hi hagi derrotes i victòries per igual. On la felicitat sigui necessària per viure i on la tristesa sigui un delicte.

    Y mi cuestión es la siguiente: ¿Puede alguien, en su sano juicio, expresar de forma fiel y literal lo que va saliendo en sus pesadillas? Quizás sí, o quizás… Bueno, lo dejo en el aire.

    Pd.: Gracias por leerme, por estar y por ser conmigo.

  • Proceso creativo de “Horas”

    Proceso creativo de “Horas”

    Me recuerdo a mí, no en mi época quinceañera, si no en mi faceta de ir describiendo cómo me sentía por aquel entonces. El insomnio era más grande que yo, por eso ese título tan preciso, bueno, así fui denominando cada texto: antes de plasmarlo, escribía la hora en la que lo empezaba. Y de ese barullo apareció Horas. También me recuerdo a mí en aquel dilema y dentro de aquella naturaleza. ¿Sería el verano del dos mil y poco? Allí, en Asturias, fue donde se incendió, y me ahogó, la oscuridad, y una tristeza inmensa. Dicen que de esta nace el arte, dicen. Y, yo, digo, una verdad, muy mía, sí, que fue uno de los instantes en que me morí en vida. ¿Qué significará cuando una se siente sumida y perdida en su propia miseria? Que, quizás, se muestre vívida, aunque descolorida y a rebosar de sombras grisáceas. Cierto, por aquellos días fui incapaz de percatarme y ahora que me pienso, en un pasado ya efímero, me agradezco. Aún así, sigo recreándome en ese sentimiento tan intenso. La adolescencia te hará más fuerte, si no te asesina antes. A mí me salvó, un poco, el acto de escribir, de poder, después de sentir, narrarme a mí. El posteriori, sin querer y a cámara lenta, va apareciendo, para hacerte ver la realidad, ya sea mirándola de reojo o chocándote contra el suelo. Parecerá la úlitma vez, pero no lo será, porque te caerás otra vez, y otra, y otra. En eso consiste ir escribiendo.

    Y, hablando del después, cabe aterrizar, aunque una acabe del revés, en el preciso momento cuando se saca toda la miseria del corazón y, decide, definitivamente, publicarlo. Desde mi perspectiva, cuando sale el texto, cuando ya ha nacido, crecido, brotado, fallecido…, cuando ya ha sido reescrito, eliminado, borrado o fulminado…, o todos a la vez, pues a la escritora en sí le pertoca liberarse. En eso consiste, justamente, publicarse: en librarse. Mostrarse al exterior es un acto de fe deshecho, pues con ello estarás mostrando tu interior. Si lo hiciste con un impulso intermitente y, además, desde tu más querídisima sinceridad, lo lograste: ya puedes seguir odiándote. Qué pena que los verbos sigan inertes moviéndose en esa quietud tan candente. Sé que es raro.

    Una vez más me he vuelto translúcida entre las palabras, pues he intentado… yo lo he intentado, y al final, me he metido en la metáfora, personificándome. ¿Cómo me voy? ¿Cómo me despido de ella? Espera, si soy yo misma: la poeta, la bucólica. ¿O la qué? La nada, tal vez. Bueno, pues en eso consiste ir armándose entre coletillas y pausas y acentos mal puestos. Todo se adecua en este contexto tan inédito.

    Resumiendo, como si eso fuese posible, que no lo es…, una vez más no sé hacerme publicidad. Tan sencillo como explicar un proceso creativo y estar creando algo extraño. El caso es que si te viene a la mente tu imagen, tu panorámica de tu yo-poético roto y lleno de ensueños, paséate por mis escritos y me cuentas qué te han producido.

  • Estados emocionales

    Estados emocionales

    Los estados emocionales, desde mi perspectiva, y si me permites precisar, y acotar…, son un conjunto de procesos no artificiales, pues van naciendo del corazón. Se caracterizan por la ausencia de la razón y van saliendo escopeteados, a bocajarro: son diversos disparos intensos salidos del ser interno para después plasmarlos en una hoja en blanco. Además, se conjugan con varios impulsos y aquella extraña necesidad de sacar y soltar y arrasar con las palabras. Plantarse delante del ordenador e ir tecleando sin parar. Consiste en reflejarse ante el espejo de uno mismo, porque, al fin y al cabo, los seres humanos somos distintas facetas creativas, es decir, nos construimos y nos formamos por unos cuantos seres, yoes, interiores nuestros, que los mostramos en el exterior, en nuestra cotidianidad, siempre desde una mirada artística.

    ¿Y cómo aplicarlos en nuestro día a día? Pues es tan sencillo como soltar absolutamente todo lo que se nos aparezca en nuestra mente, sin tapujos ni prejuicios. ¿Me sigues? Luego ya le aplicarás la coherencia. Después de pausarte, de detenerte…, quiero decir, cuando hayas terminado, cuando hayas colocado el punto y seguido (porque siempre hay más), entonces es cuando puedes permitirte hundirte en estos matices tan imprecisos, ahuecándote aún más, o pincelándolos. Todo consiste en construir tu cuadro que, sin querer, es tu panorámica existencial. Ese es el trabajo del artista, y si te describo el del escritor, bueno, quizás no acabo nunca, o ya he culminado. Espero que me hayas pillado…

    Dedícate a vivir, y a sentir, que a posteriori ya saldrá tu arte. Podrás crearlo recreándote demasiado o, por el contrario, desde un punto de vista más conciso, así, analítico. Bueno, es que no existe un buen arte ni tampoco el bien o mal escrito. Solo son coletillas que dicen los pacotillas. No te vengas abajo ni tampoco arriba. Aquí el caso consiste en ir siendo uno mismo, en ir transformando esa miseria que tienes enganchada dentro, para formar algo. Quizás se quede un tiempo inédito y, también, bastante, inerte, pero aquí, todos sabemos…, (precisamente los escritores) que es muy necesario mostrarlo al mundo luego.

    El estado emocional no consiste en solo sentir, y ya, sino que primero, uno, llora a lágrima viva y muy seca. Seguidamente, se le remeuve intensamente donde el estómago, ¿O era el corazón? Eso, que hace movimientos raros. A posteriori de remover aún más la mierda, porque este mismo la está plasmando, queda el releerse. Y, sin duda alguna, reescribirse. Unos cuantos tiempos verbales después, ¿Sabes? Y en un quizás que se cae del revés, se revisará aquello descrito. No cabe duda que, el individuo, salido del yo-poético, se hará autocrítica y se dirá que lo que ha sonsacado es un ascazo. Así que lo guardará por si acaso alguien le da un tortazo, raro, y decide publicarlo.

    En definitiva, que el resultado, indiferentemente de si se considera bueno, correcto o adecuado a algún contexto, una vez lo haya colgado, este, o esta, se quedará todavía menos cuerdo o cuerda. Aunque, bueno, el texto ya haya salido de su zona cómoda yendo a otro lugar, el real, porque de eso trata el estado emocional en este transcurso tan vital.

  • ¿Escribir en castellano o en catalán?

    ¿Escribir en castellano o en catalán?

    Convivir con ambos es lo mejor que un artista puede y debe hacer, y con tres, ya ni te cuento. Mi cuestión es, pues, ¿De dónde viene si no la lengua? Hay que admirarla y conrearla, sea la que sea.

    Yo soy catalana, siempre lo he sido y lo seguiré siendo, y me fascina ese sonido, esa melodía que tiene que, sin querer, te conmueve. Así que desde que tengo conocimiento he cultivado y consumido la lengua y la literatura, provenga de donde provenga. Soy de Cataluña, entonces, como parecerá obvio que, muchísimas veces, no lo es, dialogo en el sentimiento que habla mi tierra.

    Paralelamente, también practico el castellano, que es mi segunda lengua, pero no por ello menos importante. Como escritora fiel y leal, escribo en ambas, y si me cuestionas en el idioma que sea, si abarca mis capacidades, así te responderé de vuelta, con el mismo toque de sabor. Y no por ello hay que despreciarla o, por el contrario, elogiarla.

    Así que si te consideras un ser humano decente, dedícate, desde tu interior, desde tu corazón, a que te sangren, sin querer, sin forzar, las palabras, las que sean. La verdad que si eres así, seguramente nacerán, brotarán y crecerán con emoción, sin tanta perdición ni dilema ni tampoco esquema. ¿Sabes qué te quiero decir?

    En mi infancia, en mi adolescencia, escribí en catalán, y también en castellano y, a veces, actualmente, anoto ideas en inglés, y no por eso seré más ni tampoco menos. Tan sencillo como que cuando surge la duda, se trata de buscarla y corroborarla. A falta de conocimientos…, cómete un diccionario, o unos cuantos. O mejor varios.

    ¿Me voy explicando? Que si defiendes, si admiras la tierra que pisas, déjala que fluya, percíbela tuya, y haz el cambio desde ti. Solo necesitas estar, hacer presencia, desde tu esencia. En resumen, cultívate esta, y la otra letra, y la próxima frase entera, y todas las siguientes, que no se te queden atragantadas en la punta de la lengua.

  • Del caos, y otras sensaciones

    Del caos, y otras sensaciones

    Hoy es un domingo caótico, por dentro, siempre por dentro, porque va lloviendo a cámara muy lenta. Ese fuego parece que se incendia y resulta que arrasa y se queda. Siento mi corazón cómo levita entre las cenizas casi muertas. ¿Se convertirán, algún día, en…? ¿En qué? Solo sé que ahora son la llovizna disecada, o ahuecada. Voy enturbiada, soy la alocada. Sí, es domingo de tristeza, de ir medio tuerta y con la costilla ya rasgada. Mis pulmones se asfixian de vez en cuando. No entiendo cómo, el porqué probablemente esté cerca. El suceso aquí es que el caso se encuentra cerrado, finiquitado. Me gustaría tanto explicarle a mi yo-poético del pasado, ¿O era el del futuro? Quiero decir…, narrarle o, mejor descrito, extriparle la sintonía de la alegría infinita. ¿Me sigues? ¿Me pillas? Pues, ¿Cómo devolverle a una la vida y a la vez quitársela? Enamorándose perdida y completamente, ¿O qué?

    Continúa, el domingo, arrancando y, la melodía es concreta y precisa, y el inciso se queda estancado y yo, sin querer, sigo, porque no me queda de otro remedio que seguir avanzando aunque sea del revés o a paso medio o… Entonces, sin querer, pienso en aquel título de aquel texto aún por escribir. ¿Escribirle una carta a mi ser de los diecisiete? Es que…, no sé si sabría, porque…, porque siempre, por impulso, acabo describiéndome. Eso estoy ya haciendo, ¿O qué?

    Bueno, solo me queda agradecer, pero no así en general, ni a quien quiera que sea o que pase. Ni tampoco con tanta sensación abstracta. Toca sacarme las entrañas y sincerarme aunque sean solo tres escasos segundos o un texto que va medio moribundo. ¿Algún día iré al grano? Pues que solo queda agradecerme por el valor, el poder y la valentía que saqué un día detrás de otro de mi alma durante largos años, y daños. Lo hice con un instinto de supervivencia y un estilo muy mío.

    Aún escribo, aún me percibo. Me siento viva y vívida y colorida, aunque a veces me convierta en un atardecer casi grisáceo, porque las nubes se han paseado sobre el cielo, ya raso, que va ennegrecido, y luego estalla. Créeme cuando la luz acaba saliendo, pero en el summum, siempre en él, que frecuentemente se oculta detrás de la luna que se cree diminuta, se cree, pero es más hermosa que otra cosa. Así redonda, brillosa.

  • ¿Cómo caracterizar a un personaje?

    ¿Cómo caracterizar a un personaje?

    1. Introducción: la importancia de la caracterización

    Para empezar, caracterizar significa construir la identidad de un personaje, que va más allá de la descripción física, porque incluye su personalidad, sus motivaciones, sus relaciones y su evolución. Así pues, gracias a la caracterización se pueden crear personajes verosímiles.

    2. Tipos de caracterización

    Hay dos tipos de caracterización, la directa y la indirecta. La caracterización directa, es aquella donde el narrador, incluso el propio personaje, ofrece información explícita sobre el personaje. Por ejemplo, «Era una mujer introvertida, creativa y con tendencia a que su mente se fuese por las nubes constantemente». Las ventajas de la caracterización directa son la claridad y la rapidez, porque se expresa sin tapujos y sin irse por las ramas. Aunque los riesgos que tiene son el poco dinamismo y exponer demasiado al personaje que se está describiendo.

    En segundo lugar, la caracterización indirecta, es aquella donde el lector tiene la capacidad por deducir los rasgos del personaje descrito a través de acciones, diálogos, pensamientos o reacciones. Un ejemplo es aquel personaje que mira detenidamente y anota en su libreta informaciones que para este son relevantes. Eso significa que es un personaje observador e introvertido. Las ventajas de la caracterización indirecta son la naturalidad, porque así el lector está implicado dentro de la narración, aunque podría llegar a ser demasiado sutil si no se equilibra bien y, entonces, el lector podría llegar a perderse.

    3. Técnicas según tres enfoques teóricos

    Según el primer filósofo, Aristóteles, representado por la teoría clásica, expresa en su obra la Poética, que en el drama los personajes son definidos por sus acciones, es decir, por lo que hacen y, consecuentemente, así son.

    Se basa en cuatro cualidades que son la bondad, la adecuación, la verosimilitud y la uniformidad, que sirven en la trama para manifestar la decisión que escoge el personaje ante varias situaciones y complicaciones.

    Según el escritor inglés Edward Morgan Forster, su teoría narrativa se fundamenta en dividir los personajes en planos y redondos. Los personajes planos son los sencillos porque carecen de contradicciones y solo tienen una única idea central. Así pues, no cambian, no evolucionan en la trayectoria de la narración.

    En cambio, los personajes redondos son los complejos porque poseen distintas características y matices en su personalidad, provocando verosimilitud. Así pues, cambian, evolucionan en el transcurso de la narración.

    Por tanto, los personajes planos se equiparan a los «personajes secundarios» y, los personajes redondos, a los «personajes principales».

    Y, por último, según la psicología narrativa actual, varios teóricos contemporáneos argumentan que, cuando un personaje tenga más conflictos internos, contradicciones y evoluciones, significa que más creíble es. Uno de los ejemplos sobre un personaje verosímil es la protagonista de «Ha anat així» de Natàlia Ginzburg, una obra ejemplar, quizás poco conocida, que recomiendo encarecidamente leerla.

    4. Recursos para caracterizar a un personaje

    Para caracterizar a un personaje es imprescindible la descripción física y la psicológica, el entorno y su contexto, el lenguaje y su comportamiento y varias técnicas narrativas específicas, tal como explica Gérard Genette, que profundizaremos en su teoría en otra entrada.

    5. Metodología para construir un personaje

    Para construir un personaje se pueden usar varios trayectos como una ficha base con datos físicos, biográficos y psicológicos; la historia personal como su pasado, sus heridas emocionales y sus motivaciones; relacionar el personaje con la trama, es decir, cuestionarse qué papel juega en la historia; crear contradicciones entre lo que quiere y lo que teme y, finalmente, crearle una voz propia (cómo piensa, habla y actúa).

    6. Conclusión

    Desde mi punto de vista es interesante aplicar la teoría, aunque en la práctica, es decir, a la hora de escribir y de describir, no se usa, sino que la teoría se aplica a posteriori, una vez analizas lo que has narrado. Y, aquí, es justo el momento de editar, de reescribir, basándose en algunas de las teorías literarias y escogiendo varios recursos morfosintácticos y léxico-semánticos, además de figuras retóricas. Es divertido observar cómo una escribe y buscar similitudes o diferencias mientras te vas leyendo y te comparas entre otros escritores.

    En resumen, escribir significa soltar sentimientos y sensaciones a bocajarro, así que déjate llevar por tus emociones, luego ya borrarás y volverás a escribir y a eliminar y, probablemente, a empezar y nunca terminar. Saca lo que tengas dentro de ti, que luego ya tendrás tiempo de aplicar un poco de raciocinio.