Etiqueta: escribir

  • Mi nuevo libro

    Hola, me paseo por aquí para comunicarte que Burlando el tiempo ya está disponible.

    A continuación el breve prólogo…

    Pd. Gracias,

    Nos leemos.

  • Queriéndote, en gerundio

    Te estoy queriendo, así, en un gerundio sempiterno. Es que eres perfecto, y este cielo tan impreciso, nublado, casi anaranjado, poco enturbiado y a rebosar de mariposas son las sensaciones -inéditas- que voy sintiendo por ti. El olor al suelo mojado después de una lluvia torrencial, me quiero quedar en ese latir, y contigo, para siempre, aunque sean dos días contados, y sigan descontándose los segundos. Estamos a escasos momentos de un invierno que, ojalá, sea tierno. Entonces, surfeo entre tus pupilas que me miran, que me miran; qué vergüenza. ¿No ves que me sonrojas todas las costillas? Están loquillas, por ti.

  • ¿Algún día floreceré?

    Ya he florecido, pero aún debo continuar regando el jardín. Así que me paso por aquí para comunicarte que, si todavía sigues regándote sin quererte y con impulso, ¿Te puedo escribir algo? Encaja entre tus espinas y heridas. ¿Te unes al caos? ¿Sabes que la semana que viene estará gratuito? Te lo dejo aquí abajo.

    Pd. Nos leemos,

    Gracias, y que el amor que te das sea sano.

  • Mi mundo literario

    Quiero morirme en mi propio mundo literario, dejar la realidad apartada, que se quede en el otro sillón, el del más allá, sentada. Tampoco me apetece que tú entres, pues siempre te cuelas entre mis pensamientos, en mi imaginación y desde un gran silencio. Eres tan sigiloso, que solo escucho tu latir al unísono del mío. ¿Ves? Ya saltaste hacia dentro. Mira que cerré las puertas, pero se me olvidó cerrar el hueco de mi ventana. Por eso, digo, y deseo con muchas ansias, y ganas, que te quedes o, por contra, que me eches de mis fantasías donde el protagonista eres tú.

    Lo que me pasa es que me observa desde la lejanía, o una escasa cercanía, y con una intención inmensa se va introduciendo en mi corazón. Sus latidos son golpecitos de verdad y tanta, que profundizo en la única que cabe en mi mente. Y me ahogo y me parto y me divido. Tu mirada fugaz me quema, tu presencia provoca que me ardan las mejillas y que con tanta delicadeza y poca sutilidad, mis venas exploten diluviando ansiedad y, yo, al fin, estalle sin tanta dilación y perdición. Me niego, ¿O es que ya no sé cómo dejar de quererte? Quiero querer olvidarte, y el mismo olvido me acaricia de una forma tan hermosa que al final te apareces en mis sueños. ¿Cuántos deseos caben en nuestro amor? ¿Será algo mutuo? Solo quiero sentirlo, que nos armemos. Solo pienso en el beso, el del futuro, el que me plantarás en los labios después de confesarte que lo estoy intentando, eso de desenamorarme de ti, y que ya he desistido, colocando la bandera roja, y enrojecida me quedaré delante de ti, asustada, pero tú, tú, sencillamente me besarás y entonces todo florecerá: desde mi interior hasta nuestras lenguas, manos, piernas y almas. Porque… ¿Estaremos hechos el uno para el otro? Ya hice limonada con las medias naranjas. Luego me bebí el zumo y ahora estoy entera, como la luna, porque también brillo un poco solitaria. Aunque, si vinieses hacia mí, sería muchísimo más feliz.

  • ¿Nos vamos a florecer?

    Cuando se me queda el dolor, ahí, colgando de un hilo en mi interior. Cuando se me cristalizan los ojos, y así se quedan, desilusionados, llenos de esos llantos secos. Cuando me quiero morir entre tus brazos, pero no nos unen ni los lazos (del amor). Cuando solo abunda dolor, y una tristeza infinita. Cuando siento que aún así te quiero y va y te quiero todavía más… ¿Qué más queda ya? ¿Qué más queda? ¿Me lo vas a decir tú o tengo que deletrearlo yo? Pintarte los labios con los míos y decirte que te estoy queriendo, gritándolo a todo pulmón. ¿Pero no ves que ya lo hago? ¿No me ves? Que estoy destrozada por dentro. Mírame, joder. Mírame… Siempre seré invisible para ti, siempre lo fui. ¿Ya qué más da? ¿Qué más da? Total, los días están contados. ¿Quedarán amaneceres a tu lado? Porque yo ya me he quedado acurrucada en aquel rincón enturbiado, descontándome y echándome, días de más, y echándote de menos. O das tú el paso o me mato en la metáfora irónica, que se ríe de mi cara y de mí. Se descojona a carcajada libre, como tú. Entonces aparece la insensatez acalorada. Me estoy tirando de cabeza al suelo, mi corazón está negro. Que te estás cuestionando si tengo, pues claro, ¿No lo ves que arde a fuego lento? Que me quemo porque tú estás dentro. Provocas la llama que estalla en mi ser y me enciende entera. Deja el puro, tómate las copas conmigo, brindemos por algo que ya está escrito: aquel libro mío que pierde el hilo. Un pasado lleno de ilusiones ópticas. ¿Seré yo la tonta que cuenta la historia del revés? Así, a mí manera, como si yo quisiera que me quisieras. Soy esa, la chiquilla que en los días florece eterna y en las noches se marchita entera. Soy esa, la niña inocente que te mira y se emboba, sí, porque eres mi más maravillosa casualidad. Soy esa, la loca, pero cariñosa en las profundidades oceánicas de su alma. Las mariposas que vuelan se están estrellando porque te estás demorando demasiado. Aunque si me vas querer mal, déjame sola que estoy mejor, miento, en verdad estoy peor, pero ya voy tan acostumbrada a esa soledad que bailo con ella. ¿Sabes qué? Cállame ya, ay, no, que no estás presente, y yo voy tan ausente. ¿El amor duele? El no correspondido sí. ¿Pero, joder, no ves que cada vez que te observo me enamoro más de ti? Con esa mirada tuya. Eres suspicaz cuando quieres. Cada vez que puedo, te alcanzo, muerdo tu anzuelo y vuelo en lo más alto del cielo. Luego la caída ya es otro tema que da para escribir segundas partes, aunque siempre acaban siendo las malas. Arráncame ya de este jardín sombrío, quítame las espinas, desnúdame los pétalos, que están ennegrecidos, y hazme tuya. ¿Florecemos juntos, así, al unísono? Que te quiero morder esa lengua tuya, mal hablada y castigarte en ambos sentidos y que estos exploten de tantos latidos. Que te quiero amar de por vida y en la otra también. ¿Nos vamos? ¿O qué?

  • La desilusión

    A parte de que ¿Te puedo escribir algo? aún está gratuito, me paso por aquí para pasearme un rato indefinido y largo, y divagar. Además, con el impulso hacia atrás, y unos cuantos intentos de no sé qué, cerrar algunos ciclos, o dividirlos sin quererlos. El caso es que después de tantos sucesos abstractos, no hay, eso, el hecho. Entonces, me pierdo y regreso y así continuamente. ¿Qué siente una al terminar algo? Quiero decir, el final todavía no lo he puesto, pues ¿Para qué? ¿Con qué finalidad? He culminado en una parte del fin. Ahora solo queda zanjar o borrar o quemar de una vez por todas el punto, el que, en teoría (le sobra la práctica) debería colocar allí, ¿Sabes?

    ¿Tú cómo cierras los lapsus? ¿De qué manera? Yo, quizás, con carencia de matices, o al revés. En estos días tan raros y oscuros y entristecidos y ennegrecidos y otoñales, casi, me voy queriendo. Son latidos, estallidos que se dedican a hacer eso, a estallar. Así que, bueno, si no sabes por donde empezar, comienza, y ya.

    Este viernes, como los restantes, estoy un poco borrosa y odiosa y, reflexionando sobre lo descrito en un tiempo verbal pasado, me he percatado de que no sé cortar el hilo, ni finalizar el párrafo ni romper el vicio de que te quiero de pellizco en pellizco con mi corazón quebrado. ¿En algún momento se sanará? ¿Se armará de valor para deletrearte encima de tus labios lo mucho que te amo? Porque van pasando los días o las semanas y los meses y la cuenta atrás va sumándose daños descontándose, y ausentándose.

    Pensé que había finiquitado, pero me vuelco en lo inexistente, en lo inevitable: la ilusión. Voy estando bien, pero llueve hacia dentro, tan lento.

  • Me quiero, desde dentro

    Voy tarde a la vida y, también, al acto de existir y de describirme. Porque, ¿Qué significa ser una, la que sea, estando inexistente? Un palpitar, un aletearse para acabar parándose siempre en el mismo, y mínimo, vaivén. Ven, ven y quédate. Agárrate, aférrate a mí, o al (otro) cora’. «Muñequita, muñequita», me dirá la mujercita. La del espejo me soltará, y holgada de autoestima sentenciará: «Has florecido, nena.» A posteriori la conciencia frunciendo el entrecejo, arrugando su alma bonita, suspirará con «Aún te falta un jardín por cuidar.» «¿Si le doy cariño, ternura y pasión se armará de florecillas?» Dudará la pregunta existente. Y, yo, literalmente, después de tantos agujeros y entre huecos ocultos y oscuros, me confirmaré mirándome de reojo: «Anna, ámate, riégate con todo el amor que tienes dentro.» Entonces, la sonrisa irá naciendo de la comisura de mis labios dejando el bombazo para el final, pero con mucho inicio; el precipicio que parece dar vértigo. Que, oye, tú huye, que eso de quererse es hermosamente doloroso. De lo entristecido va surgiendo el arte bonito. Pues eso, que ya me quiero, así, desde dentro.

  • El amor, y un poco de ron

    El amor rima con dolor, ¿Por qué le tengo tanto temor? ¿Será cuestión de romper los hilos? Esos del pasado, y pegarse tres tiros, después de que estalle el petardo. Sigo aquí, como cada jueves, quiero decir, viernes, estancándome en mi vaivén. De hueco en hueco porque me ahueco y, adueño, de yo que se qué. Siempre que puedo pico el anzuelo, caigo, muero y me encierro. El bucle parece algo sempiterno y, tanto, que continúo aquí. La poesía, sus versos, fueron aniquilados por la escritora que se suicida una y otra vez entre los manchas ennegrecidas del cielo. Parece que va a flotar la última gota que saldrá a posteriori de de entre mis pestañas, pero aguanta. Está guardándose, ocultándose. Se refugia en la cueva oscura, aguantando. Que sí, que no me mires así. Léeme del revés, quizás comprendas que contando hasta el número tres, culmines en el mismo lugar que no tiene ni hogar.

    ¿Será que el amor propio es quererse a una misma a pesar de cada defecto? Aunque, quizás crearse con efecto es otro suceso, pero yo ya estoy tan cansada de los secundarios, pues me van haciendo daño. Se han acojonado en mi propia cara. Si me florezco o si me dejo de florecer o si, por contra, me obligo a crecer porque las circunstancias vitales me lo ponen en bandeja y de otra solución no queda…

    ¿Qué? Café.

    Luego, y sin querer, saco la bandera roja que afloja y ahí se queda, plantada, pues la motaña rusa está tan alocada y girada y doblada, que acabo yendo a pata coja. Descuélgame esta, que me remata la conciencia y, de tantas cuestiones sin respuesta, el maldito vacío regresa. Yo ya no sé si dolor rima con amor, lo que sí siento es que todavía me aterra la idea de ser querida mucho y mal. Aunque con dos hielos y un poco de ron, quizás, se pasa mejor y el corazón en vez de quedarse atragantado en la garganta, se queda enganchado en el pulmón derecho para provocarte un una parada cardiorespiratoria y percatarte de un solo hecho: que aún le quiero mientras me voy queriendo.

  • Solo me apetece llorar

    ¿Con insomnio? Me enchufo a la música y empiezo a leer, comiéndome la literatura como si no hubiera un mañana, total, ya es de madrugada. ¿Y sabes qué? La nada está latente a rebosar de placeres y vaivenes y nubes grisáceas. La luna brillante, y en soledad, estará latiendo por allá, en algún lado, pero yo sigo aquí, con ojeras y sofocada, que me llegan hasta los tobillos. Será duro el atardecer, o el amanecer, ¿qué más da? Porque golpeará tristemente y yo lo miraré y este me observará enrojecido y me percataré del simple hecho: sonrío porque te quiero, y me duele reconocerlo. Me mata saberlo, pues la consciencia, y el corazón, a conjunto con la irracionalidad reconocible, están, siempre, a flor de piel que estallan a la vez dándome a entender que sí y que no, un jodido vaivén interminable. Tengo los miedos al otro lado de la esquina, que se van tirando por los precipicios de algo intangible. ¿El dolor quizás? Cuando se junta con mis pestañas casi a punto por humedecerse parece que habite en mí un mundo inmenso e infinito de sombras descoloridas y, entre matices, la duda se asoma y yo solo me largo para terminar en otro placer del revés. Píllalo, álzalo al vuelo y arrasa con aquello, pues la vida ya no está conmigo sino sin mí.