Etiqueta: amor

  • Otro olvido

    Una carta, otro cielo y un invierno en verano. Pensé que florecía, pero me estoy marchitando otra vez. Los precipicios abundan y los miro cabizbaja y desde la cima porque sé que caeré. ¿O ya estoy en el suelo? Derramo la miseria, el dolor, la vida. Eso es sentirme viva. Solo quiero paz, paz, paz, paz… Pero te echo de menos, aquí, en mi cama. Abrázame amor, abrázame. Quiero sentirme bien y por tanto querer me hundo en la miseria de mi ser.

  • Otro domingo

    ¡Hola! ¿Cómo va? Me paso por aquí para comunicarte que ¿Te puedo escribir algo? actualmente está gratuito,

    ¿Te unes a mi caos?

    Pd. Gracias por leerme, ¡Nos leemos!

  • ¿Cómo (des)enamorarme de ti?

    Dímelo tú, si te veo en mis sueños, incluso en la realidad, tú, ahí, como una ilusión. Serán las ganas de verte, de querer quererte, de abrazarte, joder, de tenerte en mí.

    ¿Cómo olvidarme de ti?

    Si tengo tus pupilas clavadas en mi retina. Si soy adicta a tus sonrisas. Y cómo me miras… ficción bandida, vete, vete ya. Que venga la verdad y divida mi corazón en dos, devolviéndome la razón.

    Lo siento tanto por estar enamorada de ti. Por quererte así. Quería ocultar, evitar ese amanecer tan enamoradizo, lleno de colores latiendo, vacío de grises. Es verte y tirarme de cabeza en una ensoñación, la mía.

    Húndete conmigo en ese palpitar tan contento. Contigo a mi lado veo la vida brillar.

  • Poemario gratuito

    Hey, ¿Cómo vas? Yo enamorada, con el corazón rasgado, aunque sea un domingo para echarme de menos, me paso por aquí para decirte que ¿Te puedo escribir algo? está actualmente gratuito,

    ¿Me lees?

    Pd. Gracias, nos leemos. Que abunde el amor propio, que te reboses el pecho de mariposas. Algún día florecerás y será hermoso.

  • Me he enamorado de ti

    El amor eres tú. Ojalá ser nosotros, sin otros, y al unísono. Que nuestros corazones vayan latiendo, así, en gerundio y para siempre, aunque sea como el trayecto de una estrella fugaz, que aparece para destellar. Vuelvo, aquí, a ti, a creer en el chispazo del enamoramiento; la ilusión va creciendo. Tengo el pecho lleno de rosas florecidas. Regálame tus besos, y tus tiempos. Bailemos al son del viento, ya no miento porque estoy despegando. He abierto -queriéndome y queriéndote y queriéndonos- las alas. He dejado de arrasar el suelo, ahora derrapo por el cielo. Provoquemos el incendio, cállame con un beso, o unos cuantos más de esos, sempiternos. Los amaneceres son de otro color. Míranos, somos el lenguaje, imperfecto y real, con ansias, y muchas ganas, se aman. Te he pellizcado tantas veces entre mis quehaceres, quiero decir, hace tiempo que llevo haciéndote el amor desde mis ensueños. Los intentos por olvidarte son fallidos, ya no sé evitarte y ya no quiero reprimirme nunca más. Ceso, me planto colgando la bandera, dejando caer la semilla ya florecida. ¿Empezamos la guerra?

  • La fragilidad de un corazón bajo la lluvia, María Martínez

    La fragilidad de un corazón bajo la lluvia de María Martínez (España, 1979) es una novela actual que narra la evolución del amor, tanto propio como ajeno, pues los protagonistas, aprenden, con el transcurso de la vida, a apreciar sus recovecos internos más odiados.

    La narración tiene dos perspectivas: Darcy y Declan, cuyos protagonizan la trama principal. Así pues, los capítulos, un total de setenta y cinco, son explicados por ellos, intercalándose, y entrelazando entre sí sus intríngulis, ya que necesitan desaprender para aprender a amar, y quererse al unísono y en el mismo tiempo.

    Los personajes secundarios, y muy palpables, imprescindibles para el lío argumental, son el hermano de Declan, Harvey, y el abuelo de Darcy, Stern.

    En resumen, es una historia que, gracias a su sencillez, cala hasta los huesos, provocando que el lector sienta constantemente, para, luego, que se pierda entre sus propias sensaciones y vuelva a encontrarse, o desarmarse para ir queriéndose, otra vez.

  • (Des)enamorarse

    Desenamorarse es tan bonito y a la vez tan duro, que consiste en volver a quererse a una misma. Desaprender. Desgarrarse el corazón, lamerse las heridas contínuamente. Seguir amándose, regarse. Florecer, y florecer otra vez.

    A veces siento que la vida me da puñetazos, que no alcanzo a sonreírme, y me siento culpable por ser infeliz. Por mi inestabilidad emocional. Al mismo tiempo, bailo y brillo y me luzco y saco mi poder lleno de libertad. Ya me siento mejor.

    Actualmente estoy enamorándome de la vida, del mundo, del espacio y del tiempo. Me he enamorado de él y también de mí. Sí, lo estoy haciendo, me estoy apreciando, aceptando. Es el proceso más hermoso de entre todos mis momentos vitales. Siempre en gerundio. Y es hermosamente perfecto. Porque una danza en otro vaivén, en un escalón distinto. Y se mueve a través de su corazón cuando suena, cuando vibra.

    Pintarse de colores otoñales, acurrucarse en las zonas fuera de confort. Salir de la burbuja, provocar su estallido.

    Ser feliz, porque sí, porque te eliges a ti.
    Créeme, es el acto de amor más sensato que puedes, y debes, hacer. Así que, niña, ármate y ámate.

  • Después de morir, toca florecer

    Me siento rara, quiero llorar, ver las estrellas, estrellarme en ellas; son tan bellas. Quiero enamorarme, otra vez, de la vida. De ti, de mí. De nosotros -sin nadie más- diferente, quiero decir, sano. No sé.
    ¿Qué pienso yo? ¿Qué siento? ¿Qué quiero? ¿Hacia dónde vamos, corazón mío? Marchito que va floreciendo. Muere, nace, muere, nace, muere y, al final, seguro que vive. Lo presiento porque lo quiero. Porque, joder, agarro el amor con la yema de los dedos. Saboreo el tiempo, me recreo en un dolor ajeno y, por fin, sonrío mirándome en el espejo donde el reflejo me habla. Me dice, me dice: «Anna, quiérete para amarte. Priorízate, ya sé que lo haces. Anna, enamórate de ti, hazlo, siéntelo con todos tus recovecos. Vas a estar bien y vas a ser feliz».
    Y entonces, se abre un destello, ínfimo, pero infinito. Me quiero para amarme. Me estoy enamorando de mí. A la mierda todo lo demás. Que se joda el viento, la marea y la lluvia. Me empaparé de ella para sentir que estoy viva y que me permito, porque quiero, volar de una puta vez. Volar sin arrasar el suelo ni el infierno. Volar porque soy completamente libre.

    Porque, después de morir, toca florecer. He estado pensando tanto, reflexionando sobre muchísimas cosas, entre ellas, en mí. Y sí, quiero ser feliz: me elijo, me permito fluir conmigo.

    Porque después de sufrir, de destruir y de ir destruyendo a los demás. Después de morirse por dentro, de empaparse de tristeza, de llorar como una loca por algo o alguien o un deseo que jamás se cumplía o una ilusión que, bueno, era eso, una jodida ilusión.

    – ¿Por qué me sentí rota tanto tiempo?

    – Porque no me elegí.

    – ¿Ah sí?

    – Sí, Anna. Elegiste todo lo demás sin ti. Te dejaste oculta entre tus propias sombras. Solo te falta salir y romper con todo. Quiero decir, eres luz, ¿Lo ves?

    – Sí, soy luz. Ahora me quiero.

    Después de tanto tiempo, llega el crecimiento. Lo siento, no te culpo a ti ni a nosotros. Me culpo a mí. Y me perdono por todos los pétalos disecados y rotos que fui dejando por el camino. Ahora solo toca dejarlos allá, plantarme y comenzar, otra vez, a vivir, a volar y a sonreír. Jamás pediré disculpas ni «lo siento» por un pasado que está descompuesto.

    La cosa, ahora, va del revés, ¿Sabes? Sé que cada pedazo de mi corazón ennegrecido ya no lo quiero. Por eso mismo quiero estar sola. Quiero hacerlo sola. Quiero dedicarme tiempo a mi misma sin nadie más. Y si eso implica destruirme, que no lo veo, pues ya me construiré.

    Me tengo a mí y, con este impulso, es más que suficiente.

  • (Des)amor propio

    ¿Qué es el amor? Me cuestiono. ¿Y el desamor propio? ¿En qué consiste? Se come a bocanadas de aire, supongo. Tiempo atrás, por no decir años, por no decir desde cuando era pequeña, me quise, pero del revés. De cabeza abajo y arrasando, siempre, el suelo. Derrapando queriendo. ¿Si uno no se quiere es porque uno no quiere quererse? ¿O porque, simplemente, necesita desaprender para florecer? Así, quiero decir, así de rota me sentí desde que era una niña.
    Lo siento, me disgusta recrearme en el pasado mientras me relamo las heridas, que van cicatrizando, pero quiero analizarme. Por eso mismo, te voy a narrar mis miserias, todas y cada una de ellas.

    Fue un cúmulo de sensaciones extrañas que entrelazándolas se pueden denominar como el vacío existencial. Ser la rareza en la infancia, ser una incomprendida durante la adolescencia y estar sola después del primer amor idealizado para, luego, acabar pariendo la semilla. ¿Qué significa? Que he tenido que destruir y destruirme infinitud de veces, que me he muerto, he matado, incluso me he suicidado en vida para darme cuenta de que, bueno, soy el punto exacto donde se mezcla el atardecer con el amanecer. Sí, soy ese arte puro, extraño y hermosamente roto que, a día de hoy, va pintando su propio lienzo, un cuadro donde habita un océano colérico sumergido en tonalidades primaverales. Es el ciclo de las estaciones, dirán. Es el acto de amarme, digo.

    Y ahí me quedo, abrazando un amor inmenso aún por descubrir, por tocar, por sentir, eso sí, hacia mi ser interno.
    Ahí me quedo, levitando en los recovecos de mi corazón ennegrecido.
    Estoy enamorándome, de mí.