Etiqueta: amor

  • Te

    quiero pedir un deseo

    y que se cumpla,

    pero no hay estrellas en el cielo 

    y yo me derrito en mi propio infierno:

    Quiero que seas tú, conmigo, aquí.

  • In crescendo

    Nuestros recovecos son, tristemente, nuestros miedos, que entre sombras y luces, esta vez, navideñas, van brotando, van saliendo a lucirse. Y tanto que ciegan. Parece una perspectiva ilusa, así que, simplemente, nos dejamos latir. Me tiro palpitando.

    Diciembre, bienvenido, otra vez. Aquí, en mi ser, hay una corazonada fría que se combina con una pizca de dolor, y un buen trago de alcohol -imaginario-. Estoy sentada observando cómo los minutos, solapándose, se pasan. Saludo a mis días, que se marchan, y a mi peculiar forma de existir.

    Allá me quedé, brillando intermitentemente. Quiero recrearme en el bucle de la paz, o de la pura felicidad. Se ve que uno no tiene todo lo que desea. Chispea. Mi mente sigue nublándose como el mes pasado, como ayer, un veintitrés de no sé qué. Consciente de ese suceso, y muchos más, regreso al túnel infinito donde me pierdo.

    Quiéreme, pero bien. No sé, de aquel amar bonito y sincero, sin roturas al borde -ni arriba ni abajo ni atrás- de la costura. ¿Me explico? De aquel armarse conjuntamente. Porque estoy ya descendiendo por mis propios precipicios y solo de pensar y también ver la cuesta que va in crescendo, me vuelco en el infierno, y me quedo.

    Lo que sentía, ¿Qué era? Vamos fuera a revolcarnos, a empaparnos, o estrellarnos, de amores completos. De los que se construyen desde el corazón hacia otro tipo de estallido, que seguro que se asemeja al tuyo.

    A ver si será tan simple como soltarse el cabello, desabrocharse la coraza y dejar que entre un poco de viento para, luego, seguir sus pasos con el pulso a flor de piel, y que, de tanto impulso, ir volando lejos, sin siquiera preocuparse de qué manera será el aterrizaje ni de cómo culminrá el viaje.

  • Quiero que me quieran bien

    La ciudad va cayendo mientras las estrellas se seducen por sí solas. Me gustaría ser una de ellas, así, bella. Sin cicatrices ni heridas por sanar, pero soy una gata negra feroz, la lluna llena y al mismo tiempo vacía. Pero soy aquella rosa tan intensa, tan rota, que va matando a los demás sin querer, aún así, intentando amarse. Soy la nube levitando en el cielo que estalla y también el rayo enfurecido. Soy un mar de dudas, la espuma de tu cerveza y el café de las seis de la mañana. Me gustaría ser el libro aún por descubrir, tres versos y un poema de amor. Enamorarme de ti, de mí y de nostros dos. Y de la vida.

    Me gustaría volver a reír a carcajada libre y ser una mariposa que aletea sin miedo a morir.

    Quiero, quiero bailar por las noches en donde sea, sonreírme y decirme sí a cada nueva aventura. Quiero que me quieran bien.

    Desearía que me regalaran flores, ¿Por qué no? Y, y también, que me robaran besos y me encantaría ir a pasear acompañada de alguien a quien le apeteciese verme feliz. 

    Me fliparía fliparle a ese alguien tal y como me flipa a mí.

  • Volver al intento

    Volver al intento del intento, y así recursivamente, de forma contínua, en un ir y venir para luego morir a causa de tantos fallidos. Centrarse, desacelerar, frenar. Porque ese vaivén, con el bucle ya hecho añicos, y tan mío, que hasta lo puedo sentir, tocar, hundir en mí…, aún así siendo transparente. La lucidez se marcha, arranca la pizca de racionalidad latente. ¿Y qué pasa cuando ya lo intentaste, no dos veces sino unas cuantas más? ¿Significa que ya toca rendirse? ¿Que debo tirarme por el precipicio? Ay, digo. Si ya lo hice, sí, eso de ir cayéndome porque quise, porque no pude detenerme.

    Hoy toca celebrar(se), o festejar que seguimos vaciándonos. Agarrándonos a otro tipo de latir, tal vez tan similar. Quiéreme así. Deja de querer crearme otra nueva yo. Porque mañana me habré transformado como la luna; de forma translúcida. Y los amores, los amaneceres, incluso las luces que brillan durante estos anocheceres, sonarán distinto, de colores superlativos, o bucólicos. Acentúando la poesía ñoña.

    Detesto el hecho de apreciar aquello que siempre fui amándolo amargamente. El brillibrilli, los tempos rojizos, el calendario con chocolatitos, aquel dorado y los sentimientos dolor plata. Que me cante villancicos, la niña pequeña que fui una vez, que baile por dentro, con el corazón arrugado de papel de regalo, porque en aquel pasado estuvo repleteo de ilusiones, ahora ya derretidas. ¿Y si solo siguen dormidas? ¿Y si sencillamente hay que encenderlas?

  • ¿Amor?

    Algo ha crecido en mí, 

    la semilla brota,

    la lágrima cae

    de mi alma brilla una estrella,

    florece otra vela,

    la penúltima 

    porque la definitiva quiero apagarla contigo.

    Siento que eres tú

    y que lo serás. 

    Y te quiero,

    para luego amarme contigo

    unidos.

  • Las olas coléricas

    Quiero un océano entero, fuera de mí, porque dentro ya lo tengo.

    Las olas coléricas chocan con mi corazón. Se van disecando las lágrimas. Estoy en sequía y muero y vivo y vuelvo a nacer, y a florecer. ¿Sabes qué? Dame certidumbre porque de inseguridades y miedos tengo pa’ aburrir. Me los voy comiendo a bocanadas de aire mientras saboreo la tristeza mezclada con la sal del mar. La espuma abruma porque abunda. ¿Qué traerá? Aquel pájaro de allá, siento. Me tumbo en la arena. Quiero paz, pero sigo en un bucle continuo. ¿Cómo romperlo? Necesito otro tipo de infinito.

  • ¿Hacia dónde?

    ¿Hacia dónde? ¿Hacia dónde va el corazón? ¿Y el corazón partido? ¿Y el dividido? ¿Y el hecho añicos? ¿Dónde se queda el corazón marchito? ¿Y vacío?

    Solo sé que se pega tres tiros, avanza y, ya, si eso, sigue. Él, se está cansando del bucle contínuo, del vaivén, de agarrarse a la cuerda floja, que afloja. O pone el punto y final o siempre habrá un epílogo, y el más allá que, sin querer, como la miseria, regresará.

    ¿Lo ves? Quizás porque es el suceso ya deshecho, con mucho inicio, y poco impulso. El saber hacia cuál ya es otro cuento, superfluo, o no.

    «Porque yo ya no me enamoro», suelta un latido abatido, rendido.

    «¿Por qué?», le cuestiona su propio reflejo.

    «¿Para qué?», devuelve la pregunta, aunque la duda acaba rebotando, disparando verdades.

    «Si ya lo estás sintiendo», le recuerda el suspiro.

    «Si te estás derrumbando, otra vez», le afirma la consciencia derretida.

    Entonces la propia razón quiere hablar, responder, y termina concluyéndose a ella misma, yéndose, marchándose.

    El penúltimo chispazo de esperanza, ya oculto entre la negrura espesa, se dice, sin quererse, que planta la bandera roja y que se va bajando del amor.

    «Porque no existe», canta el dolor.

    «Quizás sí, quizás habita en algún lugar», sentencia la ilusión, pletórica.

    «¿Dónde estáis, pedazos rotos?», cuestiona la Nada.

    Habrá que reconstruirse, culmina mi cerebro en su momento más sereno.

    «¿Pero cómo?», pregunta el eco resonando débilmente en su propio hueco.

    Luego, abunda el silencio roto.

  • Libro de poemas, Federico García Lorca

    El Libro de poemas de Federico García Lorca (1898-1936) es una recopilación de textos poéticos escritos durante su juventud, entre el 1918 y el 1920, de cuando estaba enamorado, siendo, así, una lírica autobiográfica.

    Lorca comienza describiendo cómo vuela, cómo gira en sí mismo, el corazón, comparándolo con una veleta, que es el título que le pone a su primer poema, haciendo comprender al lector que si no sopla el amor, es decir, si no sopla el viento, el corazón no gira y, por ende, no late. De esa forma se siente el escritor.

    Entonces, el desamor es el tema destacado de su poesía, y en ese color descolorido se va moviendo su sentir. Entre otros temas más específicos, cabe destacar la tristeza, el dolor, la nostalgia, la desilusión, el sin sentido de la vida y, en resumen, el ir muriéndose por amor, pues, ¿Quién no se desgarra cuando un amor no es correspondido?

    El escritor personifica el silencio, creando una propia metáfora de este. Además, comprende que la vida es un tempus fugit constante y que el desamor desemboca sin querer a la tristeza, al dolor contínuo. Incluso eso que siente lo tiene tan adentro que exagera su latir, hiperbolizándolo a través de los árboles en sus raíces.

    En resumen, el poeta ansía ser querido, un suceso que jamás ocurrirá, pues su «querido» está muy lejos de amarle a él. Además, siente una culpabilidad inmensa, pues su corazón está sintiendo algo que va en contra del cristianismo.

  • Un poco de mi caos, o mucho

    Idealizar a alguien y, luego, bajarlo del pedestal es complicado y aún más cuando crees estar enamorada y solo es una ilusión temporal. Porque el enamoramiento viene y se va, pero el amor, ¿En qué consiste el acto de amar? ¿Cómo amamos? ¿De qué forma me amo? Hay veces, instantes, donde hay que hacer introspecciones sinceras, honestas. Así que si no sabes quererte y quieres quererte, cuestiónate y desaprende y lee y reléete y vuelve a aprender. Escribe, nárrate, léete. Vive y sobrevive. Luego, súbete a ti misma en el pedestal, ¿Sabes? Mírate, lo estás logrando. Así que, bueno, tan simple como hacer las cosas, las acciones, con amor, y no mucho, sino uno sano.

    Yo estoy cansada de mi misma, de mi existencia. De pensar y sobrepensar y no llegar a ninguna conclusión o tener dentro de mí demasiadas reflexiones. Me agoto. Pero después de ese no sé qué, del flash, del click, y de unos cuantos más, me quiero. De hecho, me estoy queriendo. Probablemente estés perdido en eso, sí, en esos hechizos. ¿Sabías que el amor no es ni constante ni estable? El amor es como un parque de atracciones: días de todo.

    Si estás en el punto, en ese instante de no saber, o creer saber demasiado, te invito a que te leas, ya sea en voz alta o en voz baja. O a grito pelado. Que da igual, lo mismo porque, en general, la vida consiste en eso, en ir haciendo, en ir sintiendo. En el libre albedrío. Y que si tu estado mental no es similar a otro, disfrútalo igual.

    Vete queriendo, así, con intención, con impulso, con ganas de saborearte. Estoy bien, ir haciendo, como quien dice aún sabiendo que el estar bien es solo un pretexto opacando el contexto, el real.